El cine y su poder de recontar las cosas

Regina Solórzano

Es cada vez más común escuchar que vivimos en la llamada “era del remake”.

Desde sus inicios, el cine ha revisitado historias para adaptarlas a su formato y otorgarles una nueva vida desde una óptica diferente. Distintas obras literarias y teatrales han renacido en el cine, teniendo la oportunidad de darse a conocer ante una gama de viejos y nuevos espectadores.

Estos días la cantidad de escenarios que pueden ser revisitados y re-imaginados es prácticamente incontable, con historias que han llegado a la pantalla grande sirviéndose de novelas gráficas, artículos periodísticos, videojuegos, series televisivas y otras películas para ser percibidas y entendidas desde otro lugar.

Apostar por recontar historias parece ser la opción idónea de crear contenido. La eficacia de esta fórmula habla por sí sola, y es que, en la última década, los remakes, spin-offs y adaptaciones han conquistado las taquillas y plataformas de streaming a nivel global.

Este fenómeno nos recuerda que, como seres humanos, nos gusta encontrar en las historias un sentimiento de familiaridad, algo que nos remita a una experiencia ya vivida. El arte de volver a representar lo que habita en la memoria, hoy más que nunca, vive en las necesidades de consumo de todos. Y más importante aún: nos enseña que una buena historia merece la oportunidad de ser recontada.

El método del remake, no obstante, se ha encontrado con una oposición que lo percibe como una apuesta a lo seguro, a un producto que sólo apela a la nostalgia y que es un resultado tangible de la escasez de historias originales.

En relación a esto, me gustaría ver la labor de la adaptación como una acción genuina de re-imaginación, en donde lo conocido es tan sólo una base narrativa que nos permite explorar un universo de posibilidades nuevas para narrar lo ya contado.

Y es que no sólo se trata de plasmar la misma historia con una mejora a nivel técnico. En un buen remake debe de caber la habilidad de profundizar sobre cada pieza de una narración y entenderla desde un lugar lo suficientemente novedoso como para abordar retos y riesgos que quizás la versión original no tomó.

En el poder de recontar historias yace la responsabilidad de madurar con ellas. Debemos actualizar lo contado y presentarlo a través de nuevas perspectivas que ofrezcan alternativas en su forma y su discurso.

Una de las tantas cualidades que tiene el cine es que dentro de su capacidad de mutar existe la capacidad de reconocer y aprender del pasado, y poder plasmar lo aprendido en un nuevo producto que sí atienda a las necesidades reales de una audiencia que, junto con él, ya también evolucionó. En la re-imaginación y la re-narración es donde el cine se reconoce y encuentra el poder de la transformación.

Hacer un remake es el acto valiente de recontar la historia desde otros espacios para dar vida a una nueva realidad, es la posibilidad que tiene el cine de demostrarnos que siempre es válido revisitarnos para aprender y aplicar lo aprendido.

Es el medio que nos concede la oportunidad de tener una nueva vida, y recontarse para renacer es, quizás, en donde podemos nosotros también encontrar la redención.
 

El Universal

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