Coincidió con el estreno de la película Los Dos Papas la presentación de un informe de Los Legionarios de Cristo sobre los casos de abuso sexual a menores cometidos por el fundador de esa congregación, Marcial Maciel y otros de sus integrantes.

Les recomiendo ver el filme de Netflix —escrito por el neozelandés Anthony McCarten y dirigido por el brasileño Fernando Meirelles— porque aborda un hecho de trascendencia histórica: la primera abdicación en siglos de un Papa de la Iglesia Católica, la elección de otro con su antecesor en vida y la convivencia de ambos, uno emérito y otro en plenas funciones, en la conducción espiritual y mundana de una de las religiones más extendidas en el mundo.

Con espléndidas actuaciones de Anthony Hopkins y Jonathan Pryce, la cinta pone en el centro de su argumento —mediante diálogos profundos e inteligentes— la grave crisis de credibilidad que enfrenta la Iglesia Católica y confronta dos visiones para superarla, tan diferentes como son el cardenal alemán Joseph Ratzinger, el Papa Emérito Benedicto XVI; y el cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco.

En el fondo de la abdicación (renuncia) de Ratzinger y de la elección de Bergoglio parece estar la intención de darle respiro y viabilidad a una Iglesia a la que un mundo que cambia a toda velocidad considera anticuada y que ha enojado a su feligresía con posiciones intransigentes frente a temas como el divorcio, la homosexualidad y el aborto, pero sobre todo el de la corrupción de la Curia Romana que gobierna el Vaticano y de los responsables del manejo de sus millonarios fondos; y, de manera muy significativa, el de los escándalos de pedofilia de varios de sus sacerdotes y el encubrimiento que la jerarquía eclesiástica ha hecho de semejante crimen.

Entre las escenas que bien podrían entenderse como licencias de la ficción para una historia basada en hechos reales, destaca una en que los dos papas recurren entre sí al sacramento de la confesión. Y así, mientras Francisco descarga culpas que tienen que ver con la relación (¿prudente o cómplice?) que sostuvo con la dictadura militar argentina (1976-1983) cuando era en su país el Superior de la Compañía de Jesús; Benedicto hace lo propio respecto a lo poco que hizo como prefecto de la Doctrina de la Fe sobre los casos de la pederastia sacerdotal entre los que se menciona, por cierto, al mexicano Marcial Maciel, en una secuencia en la que el audio se su confesión se interrumpe de manera deliberada.

La congregación de Los Legionarios de Cristo dio a conocer el 21 de diciembre pasado un avance sobre el informe que presentará completo el próximo 20 de enero. Ahí reconoce que 175 niños y adolescentes, de entre 11 y 16 años, fueron víctimas del abuso sexual de por menos 33 sacerdotes que ocupaban posiciones de mando en la orden. De esos 175, sesenta fueron abusados por el hombre que fundó a Los Legionarios de Cristo en 1941 y la convirtió en fuente inagotable de recursos para la Iglesia Católica, con presencia en 21 países y con 961 sacerdotes y 617 seminaristas.

Maciel fue repetidamente reconocido por sus contribuciones a la Iglesia por el Papa Juan Pablo II, pero luego de las primeras denuncias en su contra por pedofilia, Benedicto XVI le ordenó abstenerse de ejercer el ministerio sacerdotal en mayo de 2006. Murió dos años después y en 2010, tras conocerse que además de pedófilo era padre de cuatro hijos tenidos con distintas mujeres, la orden que fundó aceptó las acusaciones en su contra y se desvinculó de él.

Aunque el informe del pasado 21 de diciembre reconoce que 18 de los legionarios acusados siguen dentro de la congregación (sin ministerio sacerdotal público), no revela sus nombres, lo que hasta para la Conferencia del Episcopado Mexicano es un acto más de impunidad.

La identidad de los responsables debe conocerse y los delitos cometidos juzgados y castigados. La reparación del daño a las víctimas es otro pendiente que, de no saldarse, mantendrá la impunidad y negará justicia. Aunque Maciel está muerto, la orden que fundó tiene que pagar. Y dinero tiene. No en balde se les conoce como los millonarios de Cristo.

Instantánea

BUENOS DESEOS. Termina un año complicado con un cambio en marcha, pero aun sin resultados contundentes en seguridad y economía. La violencia asociada a la primera sigue marcando récords al alza y la segunda se estancó según los datos oficiales, no sé de los otros. El combate a la corrupción muestra resultados serios, aunque opacados por la reciente e incomprensible exoneración de Bartlett. Viene, a juicio de quien esto escribe, un 2020 difícil, lo que no impide desearle un año pleno de salud y prosperidad.

@RaulRodriguezC

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