La emergencia exige una tregua política

Raúl Rodríguez Cortés

Prescindiré en esta columna de los terminajos fifí y chairo, así como de las palabras conservador, progresista, derecha, izquierda, neoliberal o nacionalista, porque atizan en estos momentos de emergencia sanitaria y crisis económica mundial, una confrontación política que ya debíamos haber puesto en cuarentena obligatoria.

   Mejor describiremos así los términos más recientes de ese choque que creo estamos obligados a posponer para mejor coyuntura:

1. Que fracase a cualquier costo el gobierno de AMLO, como consigna de los más fanáticos opositores al régimen no solo por razones ideológicas sino porque han visto trastocados sus millonarios intereses con los pretendidos cambios que impulsa el nuevo gobierno;

Y 2. La verdad soy yo, como la absolutista actitud con que invariablemente responde el Presidente, no solo a sus adversarios políticos sino también a aquellos miembros del gabinete que le proponen soluciones alternativas pero que se contraponen al plan de gobierno que elaboró sobre la base de realidades y situaciones que, al cabo de un año y cuatro meses, cambiaron radicalmente.

  La más dramática de esas realidades es la aparición del virus SARS-Cor2, causante del Covid 19, enfermedad respiratoria nueva que ha infectado a medio mundo y nos agarra profundamente confrontados por el choque político de marras.

   AMLO ha declarado repetidamente que deja en manos de la ciencia la elaboración y aplicación de los planes para enfrentar una pandemia que nos mata de miedo al ver su proliferación en otras latitudes. Pero al mismo tiempo desestima los llamados de la ciencia, —como el de la sana distancia—, minimizando primero los riesgos de la pandemia con la atávica salida de encomendarse a estampitas milagrosas, y manteniendo después sus concentraciones masivas de fin de semana en las que abraza y besa a multitudes —contra la recomendación hecha a toda la población por los epidemiólogos— que no solo lo exponen a él al contagio, sino que meten al país en un brete de seguridad nacional ante la eventualidad de que la enfermedad lo contagie, inhabilite o mate, pues a sus 66 años es un adulto mayor, segmento poblacional más expuesto, según la advertencia científica.

  Puede entenderse que un Presidente está obligado a mandar señales de tranquilidad o a respaldar las necesidades de sobrevivencia de millones de mexicanos que no pueden quedarse en casa por la simple y sencilla razón de que, si no trabajan un día, ese día no comen o acotar los daños económicos que el parón sanitario total traerá al país. Éstas razones pueden ajustarse con planes de contingencia que ya deberían estar en marcha.

   Puede entenderse, por otra parte, que AMLO no quiera suspender sus mítines por un cálculo político: ratificar su mayoría en las elecciones intermedias del año que entra porque sin esa base de apoyo popular estaría perdido frente a la creciente virulencia de opositores que parecen haber tomado ya un camino golpista y que buscan en cada uno de sus dichos motivos para deslegitimarlo. Ésta razón debe hacerse a un lado. Mantenerla ahora es inmoral cuando la salud y la vida de miles de mexicanos está en riesgo.

   Lo que no puede entenderse es por qué el Presidente, ante la andanada de críticas, se pone de a pechito con sus declaraciones. Es urgente que cambie su narrativa, hacerla más congruente. Pero tampoco puede entenderse que sus adversarios, otrora fieros defensores de las instituciones, estén abocados ahora a descarrilar a las que tienen la delicada tarea de conducir la lucha contra el coronavirus.

   Nos urge a todos una tregua política, un voto de confianza a la ciencia y mucha solidaridad.

     Mi padre, que en paz descansa, era un obsesivo creyente de la voluntad contra la adversidad. Vaya que usó tal convicción para salir adelante. Por eso, ya catedrático en la UNAM, repetía a sus alumnos lo que invariablemente contaba a sus hijos al recordar al mariscal francés de la Primera Guerra Mundial, Ferdinand Foch en la parte final de la batalla del Somme. El hombre aceptaba: “Mi centro se deshace, mi derecha retrocede, mi izquierda titubea. La situación es… excelente. ¡Atacaré!”. Su victoria rompió la médula de los ejércitos alemanes.
   La pandemia del nuevo coronavirus y la crisis sanitaria y económica que trae consigo nos tiene hoy en una situación parecida. Ataquemos, pero unidos. Que cada quien tome su responsabilidad.

Instantáneas:

1. REFORZAMIENTO. El país entró ayer a la fase de transmisión comunitaria del Covid-19, la fase dos considerada por las autoridades sanitarias. Con ello se refuerza el distanciamiento social: trabajo en casa, licencia para adultos mayores y llamado a hacer un menor uso del transporte público. Ayer mismo se dieron a conocer también los términos de participación del Ejército y la Marina con sus respectivos planes de emergencia de apoyo a la población civil, así como la disponibilidad de fondos para enfrentar la pandemia. AMLO dio a conocer que se dispone de un fondo de 400 mil millones de pesos producto del combate a la corrupción y que el empresario Carlos Slim se comprometió a mantener empleos durante la contingencia. Más tarde Slim anunció que entregará al sector salud mil millones de pesos para apoyar la atención que los institutos nacionales de salud darán a enfermos en estado crítico.

2. ¿RECIPROCIDAD? No se ve hasta ahora de parte del gobierno hacia el sector empresarial. AMLO ha dicho que no habrá rescate de grandes empresas, luego de que se conoció en privado lo que se niega públicamente: que Aeroméxico está cerca de ir a la quiebra. Severamente golpeado por el parón al que el Covid-19 obligó a la industria aeronáutica, Eduardo Tricio, presidente del Grupo LALA y accionista mayoritario de la aerolínea, se acercó al gobierno de la 4T en busca de un salvataje financiero. No rotundo hasta ahora.

3. NEGOCIACIÓN. La suspensión en Mexicali de la cervecera estadounidense Constellation Brands, de Bill Newlands, tras la consulta popular del fin de semana pasado, ha sido interpretada por muchos como la ruptura total de la 4T con el sector empresarial. Newlands, sin embargo, ha aceptado dialogar con AMLO para analizar que se construya en otro estado donde haya agua.

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