El golpe económico de prohibir bolsas de plástico

Raúl Rodríguez Cortés

“Salió más caro el caldo que las albóndigas” es el dicho utilizado para referir que los medios utilizados para solucionar un problema resultaron más dañinos que el problema mismo. Por otro lado, se recurre a la también popular expresión de que “a grandes males, grandes remedios” para justificar decisiones radicales y costosas tomadas para erradicar un mal mayor.

La opinión pública, polarizada como nunca en la historia reciente del país, debate a partir de ambos asertos, muchas de las decisiones tomadas por el gobierno de AMLO: la cancelación del aeropuerto de Texcoco, el combate al huachicol, los recortes presupuestales, los cambios en la compra y distribución de medicamentos o la política de “abrazos y no balazos” para pacificar al país.

Los grandes males son claros: corrupción, deudas y ataduras financieras de largo plazo, daño ambiental, gastos excesivos e innecesarios del gobierno, tráfico de influencias, delincuencia y violencia crecientes. Pero las consecuencias de los remedios aplicados también: desconfianza y disminución de inversiones privadas, desempleo y cancelación de programas que habían resultado exitosos, desabasto de medicamentos e impunidad de la delincuencia. Caldos éstos acaso más costosos que la pretendida solución del problema, la albóndiga.

En una dinámica similar está el tema de la prohibición en la Ciudad de México y otros once estados del uso de las bolsas de plástico, en vigor desde el inicio de este año conforme a los cambios realizados a la Ley de Residuos Sólidos, con multas a quienes los violen que van de los 42 mil a los 172 mil pesos.

Por supuesto que nadie podría no conmoverse al ver los videos que muestran a ballenas atrapadas entre bolsas de plástico cuya degradación toma hasta 150 años. ¿El problema es la bolsa o el por qué esa bolsa llegó al mar?

La pregunta me asaltó tras recibir información verificada e interpretaciones verificables de la Organización en Favor de la Economía Circular del Plástico (OFECP), encabezada por el empresario Jorge Chahin. De acuerdo con ella, la industria mexicana del plástico representa cerca de tres puntos del PIB nacional con inversiones superiores a los 570 mil millones de pesos y más de 1.2 millones de empleos directos y ocho millones de indirectos.

Las recientes prohibiciones a los plásticos de un solo uso ya comenzaron a cobrar factura con la pérdida de más de 50 mil empleos y una caída en su derrama económica equivalente a 600 millones de dólares, según la Asociación Nacional de Industrias del Plástico.

La afectación económica es real y para muchos podría justificarse con el argumento de que se está protegiendo al medio ambiente. Sin embargo, diversos estudios revelan que las alternativas a las bolsas del plástico no son mejores para el entorno. Las bolsas de papel, ejemplifican, generan un impacto ecológico negativo mayor, ya que no solo implican la tala de árboles sino el requerimiento de cuatro veces más energía para su producción. 

Una bolsa de papel necesitaría reutilizarse 43 veces para dejar una menor huella de carbono que el plástico, algo que resulta imposible, pues esas sí, por lo general, se usan una sola vez. Con las bolsas de algodón es aún peor, pues de acuerdo con los estudios referidos, necesitarían reutilizarse 131 veces para dejar una menor huella de carbono que el plástico. Y si se tratara de algodón orgánico, tendría que usarse 20 mil veces para equiparar su impacto ambiental al del polietileno.

De ahí que interpreten que el problema no es la bolsa de plástico en sí, sino que algo se hace mal para que esa bolsa termine en el mar. Ese es también el destino de los pañales, pero sería una locura prohibirlos. Lo que se tiene que hacer es generar conciencia para que la gente no los tire en el mar. La solución, como muchas otras, está en la educación y en que la autoridad invierta en alternativas inteligentes y responsables de acopio y reciclaje de desechos.

Instantáneas:

1. PUNTOS. El trabajo del secretario de Seguridad Ciudadana de la CDMX, Omar García Harfuch mucho tuvo que ver con dos buenas noticias con las que cierra la semana: la captura de los presuntos feminicidas de la niña Fátima y la vinculación finalmente a proceso de Oscar Andrés “N” alias El Lunares, presunto líder de la Unión Tepito. Suma de puntos.

2. PASTA DE CONCHOS. Ahora que el gobierno decidió rescatar los restos de los 65 mineros muertos en el accidente ocurrido hace 14 años en ese socavón de San Juan Sabinas, Coahuila, el Sindicato Nacional Democrático de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos, Siderúrgicos y Conexos que encabeza Ismael Lejía Escalante, demandan que el asunto se reabra penalmente para deslindar responsabilidades no solo del concesionario, Grupo México, sino del líder sindical Napoleón Gómez Urrutia. Aseguran que el hoy senador avaló las condiciones de seguridad con que operaba la mina y que aceptó comisiones de una empresa de outsourcing para subcontratar mineros, 29 de los 65 que finalmente murieron. Y señalan que la empresa de marras era General de Hulla.

3. AGENDA. La secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, se reunió ayer con la Junta de Coordinación Política del Senado para conversar sobre la agenda legislativa de este periodo ordinario de sesiones. Los temas, en orden cronológico: sistema de pensiones, ciberseguridad, uso recreativo de la mariguana, protección a periodistas y defensores de derechos humanos, donación de órganos, outsourcing y elevación a rango constitucional de programas de bienestar.

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