Entrevista con Ángel Verdugo

La guerrilla y la clandestinidad

1.- Nos quedamos en el final del movimiento del 68.

Del 68 quedó nada más el recuerdo de lo acontecido el 2 de octubre. Marcelino (Perelló) luchó, sin éxito, por cambiar esa visión. Señores, el movimiento empezó en julio y terminó en octubre, fueron cuatro meses, no nada más lo sucedido en Tlatelolco. Fuimos el movimiento estudiantil más duradero de la época. Ante el fracaso, la posición predominante era la de echarle la culpa a alguien por haber sido delator, así que tomaron a Sócrates, dado su protagonismo, para sacrificarlo, cuando en realidad la policía tenía fotos de todos nosotros hasta en el baño. No quedó nada del CNH, unos se fueron al posgrado al extranjero y otros se hicieron burócratas. El 68 se volvió una composición que le ponen de tarea a los niños y ellos lo sacan del CHATGPT. En ese momento se opera un cambio en mi vida. Yo le digo a Fede, dejaré todo esto para irnos y hacer la revolución. Primera tarea, sacar a los compañeros presos. Yo le digo a Federico (Emery), “oye pero si no tenemos ni dinero.” Y me contesta “pero vamos a tener”. Nos tocaba planear el asalto y robo consecuente de la pagaduría de ferrocarriles naciones en San Luis Potosí. Ahí era un centro ferrocarrilero importantísimo donde se pagaba en efectivo. Con el dinero que sacáramos de ahí, íbamos a comprar armas. Contactamos un supuesto contrabandista de armas, lo más probable es que fuera un agente de la Federal de Seguridad y nos fueran a pepenar. En teoría, ya tenemos el dinero y contactamos al proveedor, ya definimos el armamento requerido y ya conocemos la entrada de Lecumberri para rescatar a los presos. Teníamos toda la machaca hecha… en teoría. Según nosotros, liberábamos a los compañeros y nos pelábamos a la sierra. Raúl Álvarez Garín nos mandan decir “ni madres.” A partir de ese momento me dejaron de hablar para siempre Raúl y su esposa la Chata. Raúl estaba esperando una negociación para salir en libertad, por eso no aceptaba nuestra propuesta de rescatarlos mediante actos guerrilleros. Hasta muchos años después, ya en la cárcel hice un análisis de mi vida y entendí que… bueno cuando estuve en la cárcel, nunca fue a verme Raúl. Nomás iba a verme El Búho.

2.- Pero se está usted brincando varios años e historias.

Jajaja, es el privilegio del que declara. Había una organización del PPS, Federación de Obreros y Campesinos del Estado de Durango, y eso era un buen parapeto para seguir la lucha por la vía guerrillera. ¿Porqué? Por que se trataba de un partido marxista con registro legal, si nos cachaban sacábamos la credencial y estábamos haciendo proselitismo legal. Entonces, nos vamos a Durango en un bochito. Llegamos y anduvimos en un recorrido allá durante un mes. Regreso después de un mes y me dicen “Angelitro, te vas a China.” Paso uno, conseguir todos los documentos para viajar. Acta de nacimiento, pasaporte, etc. Entonces digo, permítanme ir a Sonora para ver si allá consigo el acta de nacimiento y documentos que justifiquen la obtención del pasaporte. Fui y no se pudo, ciudades muy pequeñas donde las autoridades saben que Ángel Verdugo fue perseguido por la ley, así que no se puede. Le escribí a mi esposa. Para entonces, la Federal de Seguridad había llegado a nuestro departamento “clandestino” en Plateros y los había capturado. A mí no me capturaron porque andaba en Ciudad Obregón. Entonces le llegaban las cartas a mi esposa a ese departamento y la Federal de Seguridad supo inmediatamente que yo andaba en Sonora. En chinga le piden ayuda a las autoridades locales sonorenses para que me detengan en tanto llegaban los agentes de la Federal de Seguridad a detenerme. Entonces un sábado regreso yo de mi pueblo natal, San José de Bácum, con unas sandías que me habían regalado, y llego a casa de mi hermana en Obregón. Sale mi hermana y grita “métete hermanito”. “No me voy a meter si no me dices de qué se trata” le contesté. “Vino la policía a preguntar por ti”, y entonces sí me metí. “Vino una persona de tales señas y está parado ahí en la esquina” me explicó mi cuñado. La casa de mi hermana estaba a cuarenta o cincuenta metros de la esquina. Yo me asomo y lo veo y pienso “nomás es uno, me la pela”. Yo tenía mi pistola y me sentía invencible. Por lo demás, nunca le he disparado a una persona pero siempre cargué mi pistola. Me metí a bañar y al salir mi hermana me avisa “ya llegaron más”. Un amigo de mi cuñado, don Jesús, que vivía enseguida me dice “no te preocupes, ahorita te saco yo de aquí. Todo fuera como eso chingado.” Me quedé sorprendido, pero le habla a un compadre de él que tenía un Nissan “tengo un trabajito para ti. Entra con tu carro de reversa en tal dirección por favor”. Efectivamente 15 minutos después llega el compadre y yo agarro mis cosas que cabían en una bolsa de los laboratorios Senosiain, donde transportaba la pistola, la caja de tiros y los dos cargadores. Ese era mi único equipaje. Don Jesús me ordena “vente por acá” y me brinqué de la casa de mi hermana a la de al lado. El compadre abre la puerta trasera del carro y me dicen “clávate ahí acostado Ángel. Y compadre donde Ángel te pida que lo lleves, lo llevas.” El policía que estaba en la esquina vio movimiento y se asoma al asiento de atrás. Yo saco la pistola “¿qué quieres cabrón?” le pregunté. “No, nada” me dijo. Y que sale el Datsun como si fuera carro del Checo Pérez. Y vámonos. Y el compadre en el volante, pregunta “¿qué es esto? Llevo a un cabrón empistolado, la policía lo busca y yo como pendejo sin saber qué.” Traté de calmarlo. “No se preocupe, déjeme en tal parte y muchas gracias. ¿Cuánto le debo?”. Me ve con ojos enormes y dice “nada, nomás bájate”. Me dejó en casa de uno de mis maestros de matemáticas, el ingeniero Chávez, un personaje en Obregón. “Señora ¿dónde anda el ingeniero?” pregunté. “Se fue al cine. Los sábados va al cine Cajeme” y ahí voy para allá. Afuera de la casa del ingeniero una camioneta de la judicial con 8 agentes. Ay cabrón, pues qué hago. No pude cruzar la calle sino que doblo a la derecha con la pistola lista. En esos momentos críticos hay que pensar rápido, si te apendejas, te agarran. Llego a la esquina y me desaparecí. Voy al cine Cajeme a esperar el intermedio, buscando al ingeniero. No lo veo por ningún lado, pero eso sí, como pasa en los pueblos, me encuentro una bola de cabrones amigos de la secundaria. Me preguntaron qué andaba haciendo. “Buscando al ingeniero”. “Ya estuvo aquí, pero se fue a ver otra película al cine California” me dicen. Eran los dos cines del pueblo. No, pura madre voy a exponerme a buscarlo allá. Contrato un carro de sitio para irme a mi pueblo natal. Me lleva a San José y veo a la casa donde llegaba desde la infancia con amigos. “¿Qué pasó, Honorato?” y me cuenta que fue a buscarme la policía. Ahí empecé a hilar. “Dijeron que trajeron una carta de Norma, tu esposa.” Por Poder Divino, aparece mi tío Poncho y me pregunta “qué pasó mijo”. Ya le expliqué y me promete “espérame y vengo con Luis (otro que tenía un taxi pero en el pueblo)”. Llegan con el carro y Luis pregunta a dónde “tú métele a donde sea. Lo mejor es no irnos por la carretera, mejor vámonos por todo el Valle y salimos a Etchojoa. Te acuerdas que la comunicación entre los Valles del Mayo y el Yaqui es carretera pavimentada, así es que ahí vamos. Vamos ahí a las 2 de la mañana en un pinche Datsunsito. Salimos ahí en Etchojoa y ya ves que en Etchojoa hay una salida a la autopista, y ahí vamos, pícale. ¿A dónde? Tú pícale. Nos amanece. A las 6 de la mañana vamos llegando a Los Mochis. En aquel entonces, te has de acordar, estaba separado de la carretera. Y ahí vamos, cuando de repente viene un camión de aquellos TNS (Transportes Norte de Sonora) que decía “México”. No pues dije, de aquí soy. Lo paramos y le digo “voy a Mazatlán”, que es donde vivía mi cuñado, quien entonces trabajaba para Gobernación. “En Mazatlán me bajo”, le dije. Yo no sabía que estos cabrones después de que me les pelé en Obregón, se vinieron a la casa donde vivía mi apá. Llegaron allá a las seis de la mañana y estaba mi amá barriendo. Típica sonorense barriendo la calle que nomás mueve el polvo. Y le dice el policía “señora buenos días, venimos buscando a Ángel Verdugo.” Y le contesta “sí cómo no, aquí está, déjeme hablarle. ¡Te hablan unos señores!” Y sale mi apá con la espuma rasurándose con el tono norteño “Dígame”. Y los policías “no lo buscábamos a usted sino a su hijo.” Y mi papá “no sé dónde está”. Y el policía enojado voltea con mi mamá “señora, no es su hijo”. Como pidiendo que me entregara. Y mi mamá, señora brava del norte “pues lo he querido como si fuera mi hijo y a usted qué”, porque mi madre biológica había muerto y ésta me quiso entrañablemente, igual que si fuera su hijo. “A ver señor Ángel, se va a venir con nosotros a Mazatlán”. Y mi papá “cómo no, yo los acompaño sin problema.” El que parecía jefe le comenta “señor, ahí vienen dos personas y le voy a pedir que no cruce palabra con ellas.” Y mi apá “ni se preocupe, yo nunca me meto en lo que no me importa.” Mi apá era un hombre de pistola de toda la vida, muy cabrón. Ya lo suben a una guayinona de aquellas muy sonorenses ¿te acuerdas? Y entonces voltea y era mi hermana Ofelia, a quien se habían traído desde Obregón con todo y mi cuñado. Y mi apá preocupado “qué tienes mija”. Voltea el policía “señor, le dije que no platicara con ellos”. Ya enojado mi papá “cómo chingados no voy a hablar con ella si es mi hija”. Y el otro se quedó tranquilo. Ahí van para Mazatlán. Todo esto me lo contaron después. “Estamos buscando a su hijo porque es muy peligroso, anda armado con ametralladora.” Y mi apá “Pobrecitos de ustedes que andan desarmados y mijo tan malo con una ametralladora, quién sabe cómo les vaya.” Mi papá de cabrón ¿verdad? Llegan y los instalan en un hotel a mi hermana y a mi cuñado. A mi papá lo dejaron que estuviera en la casa con mi otro cuñado. Yo también llego a Mazatlán con un conocido y me dice “deja busco a mi hermano, que te ponga en un camión, y ya en la carretera buscas un ride o te subes a otro camión.” Ya me puse a ver la televisión con uno de los niños. Y en eso tocan. Llega uno de los policías y pregunta “¿usted es Ángel Verdugo?” y respondo “no, yo no soy. Déjeme le digo al señor de la casa que si lo conoce porque lo andan buscando.” Y le digo “Agustín ahí anda la policía, entretenlos mientras me visto y me pelo en chinga.” Ahí voy yo por las azoteas, salgo con uno de mis sobrinos y sucede una cosa chusca. Caemos en un garage de láminas de cartón al dar un brinco. Sale el dueño y yo con la fusca en la mano. Asustado, me abre la puerta de su casa y nos vamos. Entonces ahí voy a casa de mi otro cuñado, a quien corrieron de la Dirección de Investigaciones Políticas y Sociales por no haberme detenido. Me manda con su hermano. Llego con el hermano de mi cuñado “¿qué pasó Ángel?” le cuento mi historia y como si nada. A la gente de Sinaloa le encanta esta chingadera de pelearse con la policía. “No te preocupes. Mujer dame una caja de cartón y échale lo que quieras, sombrero y todo. Te voy a llevar a los tranvías (camiones que iban a los pueblos).” Llegamos caminando “¿A dónde vas?” me preguntan en el tranvía y mi acompañante “Va a Villa Unión”. Volteo a verlo extrañado y me comenta “vale madre a dónde vas, lo importante es que salgas de Mazatlán”. Ahí voy yo con un sombrero que no era mío y mi artillería pesada en una caja. En aquel entonces no había ni libramiento ni una chingada. Entonces si te quieres ver muy europeo, el camión “suburbano” iba por la lateral despacito y con cuidado. Y dije, aquí me bajo. La caja y el sombrero los dejé en el camión para despistar. Nomás me llevé mi artillería pesada. Y que pasa un tractocamión, le pido ride y me monto y me pregunta “¿A dónde vas?” me pregunta “A México”. Se me queda viendo y dice “Nombre, yo voy a Torreón, pero atrás viene mi compañero y él sí va a México. Va solo, vete con él.” Y se me prende el foco “no, pero sabe qué, no conozco Torreón, ¿me lleva?” Pues órale. Y ahí nos fuimos platicando. Fui a dar a Torreón cabrón. Se nos hizo de noche en la carretera Mazatlán-Durango. Ahí tuvimos que pernoctar. El bato en el camarote del tractocamión y yo en el entresuelo. A la mañana siguiente tomamos un desayuno y directo hasta Torreón que llegamos como a las 5 o 6 de la tarde. “Gracias carnal” le dije. Y yo “puta madre ora qué hago”. Busco los camiones y había una corrida a México a las diez de la noche. Pus pagué y vámonos.

3.- Y mientras su papá seguía secuestrado por la policía en Mazatlán…

15 días tuvieron secuestrada a mi familia en un hotel de Mazatlán. Mi cuñado feliz porque le daban de comer comida de un hotel. Ya sabes cómo son los norteños “Don Crescencio ¿qué va a querer hoy?” Y él “pos un bistec”. Mientras, yo en Torreón esperando el camión a México, así es que me metí al cine en Torreón. Cuando llega la hora, me subo a Transportes del Norte y agotado por la huida, me quedé dormido hasta entrar a la Ciudad de México. Todavía en ese momento no me caía el veinte de porqué Obregón, Los Mochis, Mazatlán. Hijo de la chingada, pues en todos lados me encuentran. Para que veas la falta de experiencia en la clandestinidad. Llegamos como siete y media de la mañana a la zona de Buena Vista. Estoy hablando del año 1969, un lunes. Me estaban intentando agarrar desde el sábado y el lunes llegué a México. Voy a un puesto de periódicos por la revista Siempre, Excélsior. Dije voy a hablarle a mi suegra para ver cómo está el pedo. “¿Dónde estás? No vayas a ir al departamento de Plateros.” En ese momento me cayó el veinte “en la madre, ya nos agarraron y por eso es que me han estado siguiendo. Órale pues, aquí te espero debajo de la cúpula del Monumento a la Revolución.” Me pidieron que no me moviera de ahí. La policía estaba oyendo mi llamada. Cuando colgué, Miguel Nassar Haro le dice a mi suegra “señora, le advertí que no le avisara a Ángel que lo estamos buscando”. Y la señora “es mi yerno, qué puedo hacer.” Ya la Federal sabía que yo estaba ahí y en ese punto me iban a recoger. Me puse a leer la revista Siempre, pero sentí, como decíamos antes, una vibra rara. Y de repente volteo y está un cabrón. Y el tipo hace un movimiento para enseñar que no traía pistola, como diciendo, no hay problema. Yo dije “madres”. Agarro la prensa nacional, agarro mi cañón Howitzer 11 milímetros y ahí voy por la otra calle, Ignacio Ramírez creo. Luego me doy vuelta como si fuera rumbo al ISSSTE. Y en ese edificio estaba la Federal de Seguridad, donde tenían detenidos a mi esposa y los demás. Y ahí voy yo derecho a la boca del lobo. Entonces volteo y viene aquel y salen unos cabrones de un edificio. “Es él” gritan y ahí van tras de mí. Y córrele. Los pinches cien metros con el Usain Bolt o como se llame, yo lo hubiera rebasado. Viene un camión dirección Lindavista y me subo.

4.- ¿Con todo y el arma?

No era tan grande y las bazukas las había dejado en Sonora. No te creas. Entonces cuando llego a Insurgentes me bajo y estos cabrones seguían al autobús. Mientras ellos perseguían el camión yo voy por la calle de Edison hacia la Alameda Central. Ahí es donde ayuda conocer la Guía Roji, para saber calles donde salir. En la Alameda me doy bola a los zapatos y cuando pasan 40 minutos dije yo, ya pasó el peligro. Agarro otro camión y cuando voy pasando por afuera de donde vivía, estaba mi suegra en la puerta esperándome, pero yo ya iba en el camión Insurgentes-Montevideo. Ahí me bajo y camino al Instituto Mexicano del Petróleo. Hablé a casa de mi otro cuñado “estoy en un teléfono público, vengo de buscar a Norma”, y me contesta “está detenida, como todos.” “¿Dónde andas?”, “pues aquí en la Vaca Negra, donde venden hamburguesas y malteadas.” Ya me contó que tal día los detuvieron y la madre. “¿Qué vamos a hacer?” “Tienes que esconderte”, me dice con toda claridad. Y empezamos otra etapa “¿dónde me voy a esconder?”. Un tiempo en casa de mi cuñado, otro tiempo en casa de unos simpatizantes del movimiento. Y entonces se viene el problema de la ida a China, que yo no tenía papeles. Y alguien me dice, “fulano conoce un sargento en la zona militar en Tuxpan, Veracruz. Ahí se consiguen cartillas.” Ahí vamos cuatro cabrones en un R8, en una carretera de dos carriles, la vieja. No había autopista, y de noche… antes no caímos a un pinche precipicio por andar en esas pendejadas. Llegamos al lugar y sale el mentado sargento. “Queremos una cartilla. Este amigo, Jorge (o sea yo) quiere ir a Europa y no tiene cartilla militar para obtener el pasaporte.” Y nos contesta “no hay problema, conmigo ya chingaron. Nomás denme la foto y fecha de nacimiento. La tirada es de 800 pesos, cuatrocientos ahorita y el resto cuando les entregue la cartilla. A las 2 de la tarde los veo aquí.” Fuimos a desayunar y a las dos de la tarde ya estaba listo el sargento con la cartilla. Nomás para que veas la corrupción del ejército en aquel entonces. Era una cartilla supuestamente emitida en 1964. Se veía que tenían un archivo de cartillas vírgenes para venderlas. La cartilla se veía medio maltratada para pasar por vieja. Sellos y la madre. Y que nos dice el amigo éste “¿no serán ustedes guerrilleros?”. Y nosotros, nombre sargento, cómo va a pensar eso. “Pos tienen la facha”. Y nosotros insistiendo que para nada, pero inmediatamente nos pelamos. Eso sí, ya tenía cartilla. Luego, ir a la Secretaría de Relaciones por el pasaporte. Hasta me peiné diferente y todo. Y mi cuñado “No te preocupes, vas mañana en la mañana a la torre de Relaciones en el primer piso donde expiden los pasaportes y preguntas por Pedro Sánchez.” Dicho y hecho. Salió un chaval joven cuando fui “ya tengo noticias, dèjeme sus papeles y regrese en la tarde por su pasaporte.” A toda madre. Ya tenía todo, pasaporte, cartilla, lo que se ofreciera. Tenía la consigna de irme a Paris y una vez ahí contactar con la embajada china. Busqué un vuelo a Belize, en aquel tiempo posesión briánica, de donde salía un vuelo de la compañía BOAC (British Overseas Air Company). De ahí a las Bahamas, luego a Londres y de ahí a Paris.

5.- Don Ángel ¿de dónde sacaba usted tanto dinero?

Vendimos el carro y en aquel tiempo era todo más barato. El problema no era de dinero, sino de contactos. Nos prestaron un carro. El 30 de agosto cae un pinche ciclón y era un desmadre. Recorrimos toda la pinche selva del sureste mexicano. Unas carreteras malísimas. Y el control migratorio “¿a dónde van?”. “Vamos a Belize a comprar fayuca”. Eso era todo el control migratorio de aquel tiempo. Llegamos a Belize con alarma ciclónica. Encontramos un hotelito de un viejo que como todo sinvergüenza, simpatiquísimo. Gil Town se llamaba el hotel, pero él le decía Hilton. Pinche viejo vago. Al otro día me presento a la agencia viajes. “I want to fly to London y la madre”. Nomás que hay un problema, ese vuelo ya no existe señor. “Oiga pero yo traigo este folleto de sus vuelos”. Pues sí, pero la vigencia de aquel folleto ya había expirado. Chingada madre… “La única salida es un vuelo a las cinco de la tarde a Miami y apúrese porque con ciclón quién sabe cuándo vuelvan a despegar aviones” me explicó. “Oiga pero no traigo visa”. “Pues vaya al consulado aquí a dos cuadras.” Yo traía un trajecito Milano brilloso y corriente. Milano, la tienda del que viste al paisano. Así que llegué con traje y una bola de cabrones que me veían feo. Ahí me tienes inventando madres “Good morning, I work at the Federal Commision of Electricity and I am on my way to London in order to attend some specialization courses… y la mentira que te eché.” No se preocupe, me dicen, “llene estas formas y a las dos de la tarde tiene su visa.” Puta qué bonito es andar de traje. A las dos, ahí estaba listo todo. Entonces me dice mi cuñado “Ángel solamente quiero decirte una cosa. Todo este esfuerzo participó de manera decidida, la estructura del Partido Comunista. Estábamos convencidos de la necesidad de que salieras de México. La persona en Relaciones Exteriores que te ayudó era militante del Partido y hacía ese tipo de jales.”

Y así, pernocté en Miami, al otro día tomo un vuelo a Nueva York. Y a las ocho de la noche voy volando a Londres. No pasé por migración, porque mi destino final era París. Y así llegué a Paris, cabrón. Un sábado alrededor de las once de la mañana. Hasta ese momento que me acosté en la cama de mi hotelito parisino pensé “ya estoy salvado”. ¿Porqué? Porque en Paris, peloteros de Guaymas (hace el gesto de que se la pelaron). A las seis de la tarde me levanto y salgo a la calle. De repente veo una madre en un pizarrón que decía Poulet (pollo en francés) y yo ya me estaba saboreando una pierna o una pechuga. Eran puros hígados cabrón. “No hay problema, así es el hambre”. Mi baguette, mi quesito y listo. Y de regreso a mi hotel, El Hotel de las Academias, en el número 12 de la calle de la Gran Cabaña. Dormí muy bien y salgo muy chingón según yo en la mañana. Y está una muchacha en la calle vendiendo L´Humanité, un periódico. Yo me le aviento con mi pinche rollo revolucionario “Ustedes son revisionistas, ¡cabrones traidores!”.

6.- El entrevistador no puede contener la risa y las carcajadas ante lo ridículo y patético del dogmatismo marxista. Me da tos y me ahogo de la risa. Se me salen las lágrimas por la situación tan involuntariamente cómica. Se me queda viendo don Ángel Verdugo…

¡Es en serio, Raudel! Por Dios Santo, Sagrado, yo ahí explicándole a la vendedora del periódico que el pensamiento de Mao Tse Tung es la guía definitiva de la revolución. Y ahí estaba yo un domingo en la mañana, me llevé a la vendedora a un café para discutir con ella y cuestionarla sobre el revisionismo soviético (en este punto don Ángel ya tampoco se aguanta la risa ante lo absurdo de la situación). Ahí me tienes reclamándole a la vendedora de un periódico su traición al movimiento proletario. Así como te lo estoy contando. ¡Es en serio cabrón, ya deja de reírte! Antes di que me aguantó la vendedora, pero se acabó su café y se fue. El lunes por la mañana tenía que ir yo a la Embajada china. Me pongo mi trajecito Milano y me dirijo a una casa señorial francesa. Un chinito a la entrada y le pregunto si alguien habla español. Me pasan un documento que me piden llenar con mi nombre y otros datos. “Soy Ángel Verdugo Beltrán, militante del partido marxista-leninista de México y voy a la República Popular China a entrenarme y la chingada”. Como a los diez minutos llega un chino, un vato con el traje de Mao, ya un funcionario de nivel “pase por aquí por favor.” Una pinche sala con paredes pelonas. Y ahí solté todo el rollo que traía. Me contesta el chino “perdóneme, pero no tengo idea de lo que me está hablando. Aquí atendemos asuntos consulares. Yo no tengo idea de nada de sus intereses revolucionarios.” En ese momento, el mundo se me cayó encima. Me quedaban como 250 dólares. “Hijo de la chingada, yo sin nada, qué voy a hacer”. Y el chino que me vio angustiado me dice “déjeme investigar y lo espero el próximo lunes a las 9 AM”. Y esos días me dediqué a recorrer Paris, que siendo Paris, tenía entonces huelga del metro y de autobuses. Así es que obligadamente tenía que caminar. Fui a dar a la estación de San Lázaro y había un restaurante de autoservicio. Un cerro de papas fritas y dos huevos estrellados a 5 francos. Pues chingue su madre. Carbohidratos y proteína. A la chingada, comí calientito. Llego el lunes otra vez a la Embajada con mi trajecito Milano. A los cinco minutos ya estaba el mismo chino de la vez pasada “Camarada, pase por aquí”. Y yo pensé, ah cabrón ya soy camarada, no que no puto, ya te chingaste. Me pasaron a otro salón con un retrato del presidente Mao y me ofrecen té verde o té de jazmín. Otro nivel ya. “Camarada, le informo que me comuniqué a Pekín y recibí instrucciones de que se vaya usted inmediatamente para allá. Mis instrucciones incluyen darle lo que necesite. ¿Cuánto necesita usted?”. Pues entre chico y grande, le pedí 800 francos. Pues ahí le va, como si nada. Puro cash, como Zedillo. “Tengo instrucciones de atender lo que necesite usted”. Y yo por dentro “ándale puto, no que no tronabas pistolita”. En ese momento me cambió el estado de ánimo. Seguí yendo al restaurante de autoservicio pero ya había nivel, un bistecito aunque sea. ¿Porqué respondieron inmediatamente a mi solicitud? En la escuela tuve yo un compañero prochino, Raúl Murguía Rosete, nieto del general Francisco Murguía. En pleno movimiento del 68, estaba este compañero en China. Y los chinos les pidieron referencias del movvimiento estudiantil. Esto me lo contó Raúl muchos años después cuando estábamos los dos en la cárcel en Lecumberri. “Yo conozco a uno de los dirigentes, se llama Ángel Verdugo Beltrán y es el único que vale la pena…”. Cuando este chino pregunta por mí en el partido, le dicen, dale lo que necesite. Y gracias a eso pude irme un año a Pekín a estudiar la experiencia de la Revolución China, la guerra popular prolongada. Recorrimos buena parte del territorio chino, las montañas y ya te contaré eso la próxima vez…

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