El objetivo principal de esta entrevista es lograr un recuento personal de la trayectoria de Ángel Verdugo, activista en el 68, guerrillero maoísta y preso político. Actualmente se desempeña como un reconocido y muy popular analista político. Esta entrevista pretende reconstruir, a través de su testimonio personalísimo, la trayectoria de la izquierda mexicana y de la vida pública nacional que condujo a la necesidad de una reforma política-electoral incluyente en el México moderno.

1.- ¿Cómo empieza su vinculación o incluso su participación con movimientos de izquierda en México?

Bien. Yo llego de una ciudad muy pequeña en aquel entonces, que conoces tú muy bien, Ciudad Obregón, Sonora. Mi familia estaba en condiciones muy difíciles económicamente, y gracias a que una de mis hermanas (qepd), Gloria, quien vivía aquí con su esposo (mi cuñado) en condiciones muy modestas, me ofrecieron una camita de aquellas que se doblaban (¿las recuerdas?). Eso facilitó mi llegada a México. Llegué a la vocacional 2, examen de selección, lo paso muy bien, entro. Yo tenía miedo de empezar a meterme, pero yo tenía miedo de participar en política por las constricciones económicas que experimentaba. Pasé al segundo año con buenas calificaciones, en el grupo A, con los mejores maestros. Fue entonces cuando me enteré que había en el Poli una escuela llamada “Escuela Superior de Físico-Matemáticas”. Dije, esto es lo que quiero hacer. Yo en Obregón decidí que iba a estudiar ingeniería en comunicaciones electrónicas, por ser la ingeniería que más matemáticas usaba. Pero cuando me enteré, porque fueron el director de la escuela, el doctor Flores Maldonado y su secretario académico a promover la institución, dije de aquí soy. Es como llegué a Física y Matemáticas. En ese momento, el panorama se abrió para mí. Tenía una beca que había obtenido de propio Politécnico, por calificaciones y condiciones materiales. En ese momento me sentí libre de empezar a hacer “Grilla estudiantil.” Tú estás muy joven y no te tocó la época de los periódicos murales. El primer instrumento de política en las escuelas era el periódico mural. En aquel tiempo, en el pasillo del primer piso de Física y Matemáticas había unas vitrinas grandes, que se le prestaban a alumnos interesados en colocar su propio periódico mural. Esto incluía cristales, llaves y todo. Para ese momento, había formado yo amistad con un amigo y fuimos a pedir las llaves. Así empezamos a publicar noticias, fotografías. Luego vino el siguiente paso, que tampoco te tocó: el cineclub. Eran los instrumentos de política estudiantil abierta y permitida. No sé en la UNAM, pero en el Poli así era. Entonces constituimos un cineclub, empezamos a traer gente para que impartiera conferencias y todo lo que quieras. Había llegado a Física y Matemáticas Raúl Álvarez Garín, que en paz descanse. Raúl había sido expulsado de la Juventud Comunista, pero tenía olfato de reclutador nato. Se asoma y pregunta “¿quiénes son ésos del periódico mural? ¿y los del cineclub?”. Y al enterarse, me aborda. A partir de ese momento yo me convierto en sosteniente, jefe de ayudantes o jefe del estado mayor de Raúl Álvarez. Fuimos inseparables. Yo me formé políticamente hablando, con la imagen, las enseñanzas, el estímulo de Raúl Álvarez. Él andaba de novio con la hija de Valentín Campa, María Fernanda Campa Uranga, La Chata. Ellos eran quienes me decían “lee esto”. Las lecturas típicas de la izquierda en la década de 1960: Turguéniev, Chéjov, Víctor Hugo, Kazantzakis, a quien hoy ya casi nadie conoce. Ellos me formaron en lecturas de todo tipo de contenido social. Y mientras, yo continúo con la política estudiantil. La Escuela de Física y Matemáticas se volvió la escuela políticamente más seria del Politécnico. No es presunción, tenía ventajas por ser una escuela tan chica. Las escuelas de ciencia no hacen grilla en el sentido clásico, sino que había cosas como que el padrino de nuestra generación era el doctor Harold Varner Macintosh, uno de los fundadores del CINVESTAV y pionero en el desarrollo de los lenguajes de programación. Nosotros le dimos a él un regalo, no él a nosotros. Cuando llegó el 68, yo era el dirigente político de mi Escuela. Raúl estaba dando clase en Ciencias Biológicas y fui de los poquísimos elegidos para dar clase en Física y Matemáticas. Raúl estaba en Oaxtepec, en un curso de la Sociedad Matemática Mexicana cuando estalló el 68. Por primera vez en la historia, vinieron estudiantes de la UNAM a las escuelas del Poli para pedirnos apoyo por la violación a la autonomía y todo eso. Nos invitaron a la reunión fundacional del CNH (Consejo Nacional de Huelga) en la Facultad de Filosofía y Letras. Y ahí vamos. Cuatro compañeros, tres estudiantes y yo maestro. Esa era la realidad política. Salimos como a las 3 o 4 de la mañana de la Facultad de Filosofía y nos detiene el Servicio Secreto que era la policía política. Estuvimos 3 días en Tlaxcoaque, luego salimos gracias a la intervención del entonces director del Politécnico y un amigo que era sobrino del Regente Corona del Rosal. A partir de ese momento, Raúl, quien ya estaba de regreso de Oaxtepec, y yo nos convertimos en los principales dirigentes de la escuela. Fuimos los representantes ante el CNH, con una circunstancia muy curiosa: ninguno de los 2 era estudiante sino profesor. Eso se llama la realidad política. Ahí ya estaba yo clavado en la política estudiantil.

2.- ¿Y usted reclutaba gente como Álvarez Garín?

No. Yo no tenía ni la edad ni la experiencia ni los fundamentos teóricos, como haber militado en el Partido Comunista. Yo era el hombre de confianza de Raúl Álvarez Garín. Yo nunca he reclutado gente, sino que los compañeros y yo nos juntábamos de manera natural. Había en el CNH un comité coordinador de 11 personas, entre quienes yo estaba. Vino la sacudida del 13 de agosto, luego la del 27 de agosto y la del 13 de septiembre. Ahí se dio el surgimiento explosivo de un descontento acumulado en los ambientes de política capitalina. Ya existía el antecedente de la lucha magisterial con Otón Salazar, la lucha de los ferrocarrileros encabezados por Demetrio Vallejo y Valentín Campa. Éste último militante histórico del PC y preso. Yo conocí bien a don Valentín, pero a Vallejo no. Don Valentín era un gran personaje. Vivió en forma muy congruente toda su vida y falleció muy modestamente dentro del partido. Volviendo al movimiento del 68, de repente aparece un personaje Federico Emery Ulloa, en paz descanse. Federico fue compañero de Raúl en la Facultad de Ciencias, entonces por azares del destino, Federico conoció junto con otros compañeros la vía china: obras de Mao Tse Tung. El dirigente máximo era Fede y él reclutó a varias gentes. ¿Cómo llegaron a la vía china? La doctora Chapa, una gran personalidad democrática a quien hoy muy pocos recuerdan, fundó la Sociedad de Amistad con China Popular. Ella le pidió a López Mateos que le permitiera celebrar una expo con productos industriales incipientes de China. La exposición se celebró en la colonia El Buen Tono, ahí por Ayuntamiento. Fede vio eso y dijo “de aquí soy”. Asistió al evento y pidió hablar con el que venía en representación del partido. Se vieron en un departamento como a las 2 o 3 de la mañana y soltaron todo el rollo “nosotros estamos convencidos de que la línea del presidente Mao es la correcta, etc…”. Todo el instrumental quirúrgico-político. Y el chino aquel “sí cómo no”. Le platicaron las condiciones mexicanas y entonces el camarada chino suelta “como nos ha enseñado el presidente Mao, una sola chispa puede incendiar toda la pradera.” Para ese momento, el dirigente formal mexicano no había abierto la boca pero replicó “y como decimos en México, una bachicha puede quemar toda la milpa.” Eso fue todo lo que dijo el cabrón. En ese momento fue despedido como dirigente del movimiento marxista-leninista mexicano y Fede pasa a encabezar el movimiento.

Entonces un día estamos en Física-Matemáticas y me dicen “oye Ángel hay una persona que quiere hablar con Raúl”. Y ahí voy “¿tú qué transa?”. “No pues quiero hablar con Raúl, avísale.” Y Raúl me dice “que pase Federico Emery”. Y en ese momento se incorpora a la delegación de Física y Matemáticas para el Consejo Nacional de Huelga, a Federico Emery Ulloa, sin ser siquiera estudiante del Politécnico, ni maestro ni nada. De modo que los tres representantes de Física y Matemáticas, no éramos estudiantes. El Fede ya era cuadro profesional del partido, había ido a China a formarse y ya había regresado. Incluso había reclutado gente. Yo estaba en la búsqueda de conseguir el Libro Rojo de Mao para entender la pugna chini-soviética. Cuando regreso a consultarle algo a Raúl, veo en la mesa que está el Libro Rojo. Pregunté si era el libro de citas del camarada Mao. “Te lo regalo” me dice Federico. Primer gancho del reclutador nato “te lo regalo.” Raúl le dice a Fede, me acuerdo perfectamente, “cuidado Federico, Ángel es mi cuadro.” Raúl tenía una serie de tendencias caciquiles que no deshonra en lo más mínimo lo que fue, pero era la personalidad esperable del caudillo. Todavía lo vemos hasta en López Obrador para no ir más lejos. Ya que terminamos la sesión del CNH como a las 3 de la mañana, me pongo a leer y dije “ésta es la luz que iluminará mi camino”. Y en ese momento me convertí en una persona interesada en la Línea China. Yo criticaba el foco guerrillero, al trotskismo, pero no encontraba con qué sustituirlo. Ahí, de una manera marcada por el azar, llego a esa forma panfletaria del libro de citas del presidente Mao. Ya no era nada más dirigente del movimiento estudiantil, sino militante del movimiento marxista-leninista-maoísta de México. En ese momento ya estoy totalmente inmerso en la política. Platiqué con Fede de la guerra popular y todo lo relativo a eso. Me adelanto un poco en el relato. Terminado el movimiento del 68, el 2 de octubre estuvimos Federico y yo en la tribuna del edificio Chihuahua, paso yo toda la noche en el departamento 615, con uno de los delegados de la Voca 7, un veracruzano, Pepe Nasar Tenorio. Y salimos casi de milagro ese día 3 de octubre a las 3 de la mañana, pero ya no había CNH. O los habían agarrado o se habían desperdigado. Era una situación de crisis con notas periodísticas sobre los detenidos. Así aparecieron Sócrates, Gilberto Guevara, etc.

3.- A todos ellos los conoció usted…

Totalmente. A Gilberto lo conozco desde que éramos chamacos en Ciudad Obregón. Él, si bien es de Sinaloa, a muy temprana edad su papá se mudó a Ciudad Obregón. Yo tengo aprecio y amistad con Gilberto desde que éramos chamacos en Cd Obregón. A Federico lo conocí hasta el 68. A Sócrates lo conocía porque antes de que Física y Matemáticas irrumpiera con estruendo en la grilla del Politécnico, la Escuela de Economía era la que planteaba cosas. Nosotros, de una manera consciente, estábamos acá. Viene el movimiento de la Escuela de Ciudad Juárez del 67, la Escuela Hermanos Escobar, y ahí Física y Matemáticas irrumpe en la política del Poli. Se convirtió en un referente la Escuela Superior de Física y Matemáticas. Por las cualidades de Raúl, porque en la escuela no había grilla clásica debido a la formación científica. ¿Porqué estás diciendo esto? ¿Cuáles son las causas? Una aplicación burda del método científico a la política. Eso diferenciaba a Física y Matemáticas de los rollos interminables de los que estaban en Economía, como Sócrates. En Física y Matemáticas no había grupúsculos, de hecho no había nada. Eran estudiantes con carga académica fuerte. Pasado el 2 de octubre, el 27 de agosto nos desalojan del zócalo. Y ahí se produce la debacle del movimiento. A partir de ahí todo fue pabajo. Empezamos a querer reorganizarnos. El 13 de septiembre el ingeniero Heberto Castillo propuso que para contrarrestar la idea de que éramos comunistas, desfiláramos con los héroes mexicanos. También conocí a Heberto, sí. Él era de la coalición de maestros, donde estaban Elí de Gortari, él, Fausto Trejo. Por eso lo conocí. Y lo traté posteriormente cuando ya estaba pensando en irme al campo (a la guerrilla), nos entrevistamos varias veces porque el ingeniero estaba en la clandestinidad, perseguido por Díaz Ordaz. Lo veíamos en ciertas casas, jugando al policía chino. También me lo encontré muchos años después cuando estaba yo trabajando en el gobierno del Estado de Sonora. Él llegó a hablar con el gobernador Beltrones para vender un proyecto de construcción de puentes, con la tridilosa. Estaba yo en mi oficina, en un pasillo que daba al despacho del gobernador y le digo “¡maestro!”. “¡Verdugo qué pasó!”. Ahí nos volvimos a encontrar muchos años después de la cárcel.

Regresando al 68, empezamos a platicar Fede y yo. Que el campo, que la guerra popular, toda esta visión de la línea china. Me dice “Angelitro (así me decían), tienes que irte a China a llevar una delegación. Un grupo de 6 personas.”

4.- Perdone la interrupción, más adelante seguiremos con eso, pero antes quería saber algo del 68. Luis González confesó alguna vez que los estudiantes sí tuvieron diálogos con el gobierno, en casa de algún personaje poderoso...

No muchas. Cuando estaba el 68, antes del 2 de octubre, había una corriente en el CNH discreta, por no decir secreta. En ella, militantes del partido comunista estaban promoviendo algo que en ese momento constituía una herejía: negociar con el gobierno. Pero negociar en serio, no el cuento aquel de “diálogo público”, eso es infantilismo propio de la inexperiencia. Aún cuando algunos lo defiendan, ni madres. Lo decían aquellos que ni andaban ahí. Entonces se genera una situación donde el gobierno se ve orillado a nombrar a dos representantes: el maestro De la Vega Domínguez y Andrés Caso. Caso nomás ponía la casa. El trucha y político era Jorge De la Vega. Entonces se reunieron en la mañana del 2 de octubre, esos personeros sin saber lo que iba a suceder en la tarde. La sucesión presidencial estaba a todo lo que daba y las intrigas dentro del gobierno también. Estas 2 personas eran, en la práctica, representantes de Echeverría, no de Díaz Ordaz. Entonces un grupo cerrado dentro del comité coordinador decide quiénes van a ir a esa reunión. Fue Luis González de Alba, Mastache que era del ESIME, y no me acuerdo los otros nombres, pero no fue Raúl. Raúl como buen dirigente dijo yo estoy acá, yo no me exhibo. Cosas que muchos no entendían. Sócrates mataba por ser el maestro de ceremonias, agarraba la cuerda y “el micrófono se hizo para mí”, casi decía. Había otros que no querían figurar. Estaba también Fausto Trejo que pagaba por hablar. Digo, esas son las cosas que nadie dice, así se desenvolvía el movimiento, con sus egos. Y mientras éstos andaban en reunión con el gobierno platicando, estaban matando gente en Tlatelolco. Había entonces dos visiones. Cada quien tiene su versión de la historia. Ahí murieron 39 personas, aunque haya gente que diga que murieron cientos. Mentira. Murieron 39 y ahí están sus nombres consignados en la Estela de la Plaza de las Tres Culturas. En ese momento, quedó descabezado el CNH que llevaba trabajando desde fines de julio hasta el 2 de octubre. Vino un reflujo por la matanza y luego las Olimpíadas. Intentamos algunas reuniones pero pasaron las Olimpíadas y estábamos en presencia de un nuevo CNH. Nos avisaron que la siguiente reunión tendría lugar en el auditorio chico de la Facultad de Ciencias. Ahí vamos. Llegamos el Fede y yo pero no había clases, estaban cerradas las escuelas. Volteamos a ver y “oye, a ver cabrón, éstos quiénes son”. No pues que el nuevo delegado de tal y tal escuela. Éramos los extraños ahora, porque la única organización que tenía cuadros para brincar y suplir a los delegados del CNH presos o huidos era la juventud comunista del Partido. El nuevo CNH, no el auténtico. Y empieza la discusión. Que esto y que el otro y la mentira que te eché. Y aparece una persona de ciencias, Marcelino Perelló. Marcelino antes del 2 de octubre jamás asistió a una reunión del CNH. Por dos razones. Marcelino era una persona muy inteligente, dirigente comunista, pero tenía también una cuestión física en los pies. Andaba en silla de ruedas y la movilidad era difícil. Era el coordinador de todos los jóvenes del partido que habían ascendido y ocupado los puestos vacíos de los dirigentes desparecidos o encarcelados. Ahí se presentó el fenómeno de “Las pláticas presidenciales.” Iba Marcelino con otros, pero puros del partido comunista que controlaban el nuevo CNH. Así pasaron 2 o 3 semanas. Recuerdo con afecto al delegado de Filosofía Roberto Escudero, Margarita Susan de Ciencias Políticas, y otros más. En algún momento de aquellas asambleas alguien pregunta qué se ha logrado en las pláticas con Jorge de la Vega “¿dónde está la gente? No han liberado a ningún dirigente”. Hay una situación de crisis. Y deciden “a la siguiente reunión que vayan Verdugo y Emery, para ver qué está pasando.” Y ahí vamos. Aquellos eran como 8. La primera sorpresa fue que llegamos a casa de don Andrés Caso, a la sala donde estaban sus trofeos de cacería, en una casa allá por Barranca del Muerto y Periférico. Muy bien. Y ahí estaban las señoras que ayudaban “¿cómo están jóvenes? ¿van a querer su chocolatito?”. Casi eran de la familia estos cabrones. Les traían pan, conchas. Dijimos nosotros ¿de qué se trata? Y esos amigos platicando con Jorge De la Vega y Fede y yo acá, callados. Hasta que me dice Federico “hay que parar este pinche cotorreo”. Y levanto la voz para preguntar cuál es la sustancia de la reunión. Me contesta De la Vega “tiene razón Verdugo. Ésta es la posición del gobierno mexicano. Propuesta 1: el CNH convoca a regresar a clases, los estudiantes regresan, y el gobierno libera algunos de los presos. Segunda opción, el CNH no convoca a la vuelta a clases, los estudiantes regresan y el gobierno no suelta ningún preso. Tercera opción, el CNH no convoca a clases, no regresan los estudiantes y el gobierno toma todas las escuelas. Decidan. Tienen 30 minutos para resolver.” Y nosotros “ay cabrón.” Pues ahí quedamos. Estaba yo solo y preocupado, pensando en el jardín de la casa, perdona la expresión en francés de Sonora “hecho un pendejo”. ¿Porqué? Nos sacudió la claridad del gobierno y la falta de claridad nuestra. Ahí estoy hecho bolas cuando volteo y son Jorge de la Vega y Andrés Caso. “¿cómo está Verdugo?” me preguntan. “Aquí maestro, triste y confundido.” Y me contesta De la Vega “Mire Verdugo, no se equivoque. Tenemos planes para usted. Sabemos quién es y lo que hace.” No tiene caso repetir lo que me dijo porque van a decir “qué mamón Ángel elogiándose él mismo.” Yo le dije “mire, solo quiero que salga Raúl Álvarez”. A mí, con perdón, me valían madre los demás. Era el principal dirigente, el que tenía soluciones para el momento crítico, era a quien apreciaba yo, con quien me había formado. Me contesta “mire Ángel. Eso lo vemos después, pero regresen a clases. Le va a ir bien a usted. Tenemos planes políticos para usted.” Jorge de la Vega ya estaba trabajando con Echeverría para la sucesión. Le dije “Maestro le agradezco sus palabras, pero no.” Y ya sabes, mis amigos años después “cómo eres pendejo Ángel, hubieras aceptado, dónde estarías ahorita.” Quién sabe, pero mi conciencia me decía que no debía aceptar. Regresamos a la sala y dice Marcelino Perelló “hemos decidido regresar a clase y levantar la huelga. ¿Todos de acuerdo?”. Federico y yo cometimos el error de decir sí. Y ahí vamos en un vocho Fede y yo. De repente nos rebasa de Jorge de la Vega, seguramente camino a informar a Echeverría lo que había sucedido. Llegamos a Zacatenco y convocamos a la gente. Y dijimos “ni madre, el Poli no regresa a clases.” ¿Por qué? Éramos los duros, no teníamos compromiso con los políticos del PRI y tú Verdugo vas a sostener esa posición en la Asamblea. Chingue su madre, ahí vamos a Medicina en la noche. Ya está Marcelino presidiendo y el Fede y yo hasta arriba. Punto uno, resultado de la reunión. Marcelino informa “decidimos de manera unánime levantar la huelga y regresar a clase.” Entonces yo me paro y digo “moción”. ¿Qué quieres, Verdugo?, me pregunta Perelló. Y que le suelto “¡Mientes! No decidimos regresar a clases. Y menos de manera unánime.” Y se armó aquella. Ahí fue el rompimiento de facto en el CNH. Primero habíamos dicho que sí regresábamos a clase, pero cuando le entendimos a la cosa, dijimos “ni madres. Cómo vamos a regresar sin ninguna promesa concreta en la mano. En todo caso dime a quiénes vas a soltar y órale.” Pero la única fuerza en ese momento que tenía conciencia de lo que estaba pasando y que tenía una estructura organizativa con cuadros, era el Partido Comunista. Y el Partido promovía regresar a clase. Voy a decir algo más que pocas veces he dicho en público. Tenía razón el Partido Comunista. Tenía toda la razón. No era traición, sino realpolitik. Para que el Consejo Nacional de Huelga se pudiera convertir en una organización estudiantil con una legitimación increíble. Iban a salir los presos y podríamos negociar en otras condiciones. Pero se impuso el dogmatismo. Ni madres, no volvemos a clase. Dogmatismo puro, pero del bueno, dogmatismo del marxismo científico, no chingaderas. Y en ese momento se arma, que sí, que no…

5.- A propósito de eso, Luis González de Alba dice también, en alguna parte, que mucha de la gente en el 68 no entró por convicción política sino por participar en un movimiento que echaba relajo.

Es cierto, y la mayor parte de los movimientos de masas en México así son. No nos hagamos… es una vanguardia, un grupo pequeño que negocia, que le entiende y conduce. En aquel entonces había una expresión del movimiento hippie “el 68 fue un happening”. Era una fiesta pues. Fue una fiesta por la libertad. Teníamos 30 años de represión, pero esa clase media ilustrada quería opinar y estar en el poder. Eso fue una fiesta, probamos la libertad por primera vez en muchos años. Llenamos el zócalo hasta la madre 2 veces, sin acarreados. Desde luego tuvimos excesos “ayer llenamos el zócalo con 2 millones de estudiantes”. Puras mentiras, pero quién nos iba a rebatir. En ese entonces no se había hecho lo que luego calculó el periódico Reforma de sacar el área de la plaza, y estimar cuántas personas cabían por metro cuadrado. No caben más de 130 o muy apretados 140 mil, pero nosotros decíamos que 2 millones. Andábamos sobraditos. El 27 de agosto cuando llegamos al zócalo y había en la tribuna 2 camiones del Politécnico. Los universitarios, con mayores recursos que el Politécnico, jamás aportaron un camión. Pura madre. Esos 2 camiones los puedes ver en las películas y escenas de las manifestaciones, son del Politécnico. Si tú me pides un porcentaje de participación en el movimiento, yo te digo el 70 Politécnicos y 30 % universitarios. A ese grado. Eso les duele a los universitarios pero lo podemos discutir en el momento que quieran. Entonces ese 27 de agosto subimos al camión donde estaba el maestro de ceremonias, Federico, Raúl y yo. Inseparables los 3. Y estaba aquella cosa majestuosa. Espérame, como diría el maestro Sánchez Vázquez, estamos en los prolegómenos. Aquello era un mar de gente, Raudel. Al ver eso, me dice Raúl “ya ganamos Ángel”. Estaba eufórico. Y se baja. Entonces me dice el Fede “Angelitro, nos van a partir la madre.” Fede ya había ido a China, había recorrido regiones del campo mexicano, ya era un cuadro formado y entendía más. En ese momento se produjo aquella confusión de Sócrates que le arrebató el micrófono a un señor Barrón y un desmadre. Ese día en la mañana, el CNH había aprobado que dejáramos un plantón para pernoctar desde el 27 de agosto hasta el primero de septiembre. Supuestamente para que el día del informe presidencial, Díaz Ordaz debería ir a rendirnos el informe a nosotros. Por Dios Santo, así el nivel de soberbia. El que diga que eso no es cierto, lo podemos discutir cuando quiera. Pero deja tú la soberbia, la pendejez, la inmadurez política. Muy bien. Se salió de control aquello. Pegado al camión se reunieron los principales dirigentes. Estaba Gilberto, Raúl, Luis González de Alba, Fede y otros. Y dice Raúl “Hay que levantar ese plantón. No hay que permitirlo.” Y contesta Luis González de Alba “no, ustedes los del Politécnico se juntan todos y ganan las votaciones, pero en el consejo aprobamos un plantón y hay que dejarlo.” Una vez más, perdimos la sensatez. Ahí para decirle a Luis “te callas o te parto la madre. Ámonos, a levantar esto.” Los resultados están a la vista. Llegó el ejército, nos dio 5 minutos para abandonar la plaza y echaron las tanquetas contra la gente. Nomás nos quedamos El Pino, Salvador Martínez de la Roca, el teniente de Gilberto, lo mismo que yo era para Raúl Álvarez Garín. Nos quedamos de responsables del sitio El Pino y yo cabrón. Los demás, órale, se pelaron….

Para ese entonces, como los de la Universidad tenían flojera de ir a Zacatenco organizaban todas las reuniones en CU. Su pretexto era que “en Ciudad Universitaria el ejército no va a entrar porque la UNAM es autónoma. En cambio, el Politécnico es una institución del gobierno y ahí puede entrar la autoridad.” Nomás para que veas. Pues ahí vamos al auditorio de medicina, muy bien. Ahí estamos ahora el 18 de septiembre y a las 10 y media de la noche nadie llegaba. Estábamos en el barandal del auditorio, Raúl, Federico, otros cuatro y yo. De pronto, de la explanada de rectoría viene corriendo un personaje vampiresco: Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca. Venía corriendo a avisarnos que teníamos que pelarnos porque ya venían la policía y el ejército a tomar CU. Y nosotros pensando “nombre, nunca van a entrar, pero bueno, vamos a ver.” Nos fuimos caminando de Medicina a la barda que da a Copilco. Y en ese momento, cuando estamos ahí, pasan unos agentes del servicio secreto corriendo rumbo a medicina. “Chavalos, pélense porque esto se va a poner cabrón”. Ellos pensaban que iban a agarrar al Consejo Nacional de Huelga, pero no agarraron ni uno. A los únicos que agarraron fueron a unos padres de familia reunidos en el anexo. Esos sí los pepenaron. No agarraron ningún estudiante porque nos avisaron. Tuvimos que brincarnos la barda para salir de CU. Entonces, a ver universitarios cabrones, ¿no que no iba a entrar la autoridad a ciudad universitaria?

En cambio, cuando el ejército quiso tomar el casco de Santo Tomás, como dirían en mi tierra “peloteros de Guaymas”. No pudieron los granaderos sino con ayuda del ejército a sangre fuego, tomar el casco de Santo Tomás. Esos eran los bravos estudiantes del Politécnico. Defendieron su escuela, no como los universitarios. Habían hecho en la escuela de economía unos tubos y balines para pelear. Pum, salían las municiones y llenaron de moretones a las autoridades el 23 de septiembre. Muy bien, el 25 que fue miércoles, convocamos a un mítin y luego marcha a Santo Tomás. Se juntó gente y convocamos a otra el siguiente miércoles… el 2 de octubre y ya sabes lo que pasó…

Comentarios