Un año del TMEC

Raudel Ávila

A un año de la entrada en vigor del TMEC, no está de más echar un vistazo a las relaciones entre los tres socios. Tomaré como insumo dos sendos reportes publicados este año por el Congressional Research Service (CRS) de Estados Unidos.  

El primero Mexico: Background and U.S. Relations se publicó en enero de 2021. El CRS ha señalado en reportes anteriores que el TLCAN, predecesor del TMEC, representó un éxito contundente para México. “En 1994, las exportaciones e importaciones de México constituían el 14 y el 18% respectivamente del PIB, mientras que, en 2019, estos porcentajes se habían incrementado a 39 y 41%.” Son estadísticas oficiales del poder legislativo estadounidense, no propaganda. Esto debería suponer una reivindicación histórica de la visionaria generación de políticos mexicanos que lo impulsó. En segundo lugar, en un reporte de 39 páginas, las primeras 30 están relacionadas con temas asociados a la seguridad pública y problemas económicos en México. Es decir que la perspectiva en el futuro inmediato para nuestro país no se ve particularmente alentadora. Narcotráfico, derechos humanos, corrupción, impunidad, migración y temas fronterizos, condiciones de seguridad, recesión económica son algunos de los subtítulos del documento. En todos, el análisis deja mal parado a México. Las últimas 9 páginas del informe se ocupan de energía y temas de agua, de modo que tampoco sale muy bien evaluado México. En suma, el reporte es un registro de inquietudes de parte de Estados Unidos sobre las condiciones de estabilidad en México. El último párrafo del documento dice “Las relaciones entre Estados Unidos y México serán probablemente puestas a prueba en 2021 por los desafíos de seguridad en curso y la tensión reciente en cooperación para seguridad, así como por serios retos económicos y sanitarios que trajo la pandemia de COVID-19.” 

A la inversa, el reporte del CRS, Canada-U.S. Relations de febrero de 2021 tiene un tono notoriamente optimista. El documento de 50 páginas empieza por subrayar las afinidades ideológicas entre Joe Biden y Justin Trudeau, para luego destacar la intensa cooperación en política exterior y de defensa (NORAD, relación con China, ciberseguridad, seguridad fronteriza e incluso enfrentamiento con China). También enfatiza la confluencia en política monetaria e inversiones, así como la coincidencia de políticas ambientales para combatir el cambio climático y las sanitarias para enfrentar el reto común de la pandemia.  Sí hay unos cuantos apartados relativos a fricciones en la relación. Se refieren a la diferencia en temas energéticos en torno al oleoducto Keystone, el sistema de compras gubernamentales en ambos países y la importación de madera canadiense por parte de Estados Unidos. Ninguna inquietud en torno a la seguridad interior, estabilidad económica de Canadá o dudas sobre su cooperación ante los desafíos externos como el gran reto chino. El último párrafo del reporte puntualiza: “Las relaciones Estados Unidos-Canadá se tensaron algo entre 2017 y 2020, cuando la Administración Trump cuestionó muchos pilares de larga data en la relación bilateral. No obstante, Estados Unidos y Canadá continuaron cooperando en una amplia selección de temas, reflejando los extensos lazos de los países y la estrecha relación de trabajo entre las instituciones estadounidenses y canadienses en todos los niveles de gobierno. El presidente Biden y el primer ministro Trudeau se han comprometido a revigorizar la cooperación bilateral para reforzar los lazos económicos y de defensa, así como a ocuparse de los desafíos compartidos en cambio climático y la pandemia del COVID-19.” La diferencia de apreciaciones de nuestro socio mayor sobre Canadá y México debería ponernos a pensar, y sobre todo a trabajar. Algo estamos haciendo mal.  
 

Analista.

TEMAS RELACIONADOS
Guardando favorito...

Comentarios