Los pronósticos fallidos del liberalismo

Raudel Ávila

Después de la caída del muro de Berlín, la corriente intelectual dominante era el liberalismo clásico. A partir de su predominancia, el liberalismo estableció una serie de predicciones sobre el nuevo entorno internacional que resultaron enteramente falsas. Es preciso enlistarlas y corregirlas para revitalizar el liberalismo. 1.- El debate político será crecientemente secular. Las corrientes ultra religiosas adquirieron una fuerza política inusitada en la derecha y más sorpresivo, en la izquierda, como quedó evidenciado en la alianza mexicana de Morena con el Partido Encuentro Social. El activismo de grupos evangélicos en la política estadounidense y latinoamericana encuentra su correlato en un violento islamismo radical en los países de Oriente Medio. El primer ministro Narendra Modi en India intensificó su popularidad mediante la exaltación del hinduismo y la islamofobia. El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan reconvirtió Santa Sofía de museo en mezquita y recitó versículos del Corán frente a miles de fieles el mes pasado. 2.-El nacionalismo se convertirá en una reliquia. Revisemos el lema de campaña de Donald Trump para ganar la presidencia del país más poderoso de la tierra en 2016 “America First”. Recordemos las inquietantes raíces antieuropeístas del Brexit. Consideremos la urgencia del presidente Putin por presumir su victoria en el desarrollo de una vacuna o el discurso imperante en la China de Xi Jinping. Analicemos la “diplomacia de la nueva era” del primer ministro Shinzo Abe en Japón. No hablo de países periféricos y atrasados, sino de potencias donde ha crecido el chovinismo hasta niveles alarmantes. 3.-La apertura económica desembocará en liberalización política.
Tras la disolución de la Unión Soviética, Rusia procedió a un programa de privatización sistemática de empresas públicas que únicamente sirvió para consolidar un sistema político crecientemente autoritario de culto a la personalidad del presidente Putin, acompañado de la proliferación de mafias de todo tipo. China desarrolló una acelerada apertura comercial e intensificó sus intercambios económicos en todos los continentes sin liberalizar su sistema totalitario de partido único.

4.-Las mejores universidades producen las poblaciones con ciudadanos mejor educados. Estados Unidos, Reino Unido y más atrás Francia, tienen todavía las mejores universidades medidas por calidad de sus investigaciones, publicaciones, desarrollo de patentes y premios Nobel enseñando en sus aulas. No obstante, los sistemas de educación básica estadounidenses, británicos y franceses están lejos de obtener los mejores resultados en las pruebas PISA de la OCDE. Los superan países como Finlandia, Canadá, Estonia y Polonia, pero les llevan una ventaja todavía mayor los estudiantes en Japón, Corea del Sur, Singapur, Hong Kong y Taiwán. Las consecuencias económicas se notarán en los próximos años. 5.- El pensamiento mágico desaparecerá. En países occidentales desarrollados resurgen las supersticiones. Muchísimas escuelas estadounidenses enseñan el creacionismo. En Francia 30% de la población dice no creer en las vacunas y en Estados Unidos un tercio de la población se niega a tomar cualquier vacuna contra el coronavirus.

6.-El racismo se derrota mediante la inclusión de minorías en puestos clave. El movimiento Black Lives Matter surgió en Estados Unidos durante la presidencia de Barack Obama, quien no logró nada contra la brutalidad policíaca hacia los afroamericanos. 7.- La integración comercial evitará carreras armamentistas y nuevas guerras. A pesar de su interdependencia económica, el desacoplamiento financiero y el crecimiento de presupuestos militares son tendencias simultáneas en Estados Unidos y China. Todas estas premisas estaban coronadas por una confianza firme en la disposición estadounidense para defender un sistema internacional basado en reglas. Con Trump vimos que tampoco sucedió. Por cuestiones de espacio, le seguimos la próxima semana.

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