Lo que quisiera oír de la oposición

Raudel Ávila

Estamos aquí para presentar un programa que no se opone a un grupo de personas, sino a un conjunto de políticas fallidas. No venimos a presumir superioridad moral, pretensión por lo demás arrogante y peligrosa, sino a ofrecer ideas para enfrentar nuestros problemas. Estamos conscientes de que, en las últimas décadas, el Estado mexicano ha fracasado en cumplir sus tres obligaciones elementales: seguridad, educación y salud. No obstante, sabemos que en la actual administración tampoco se han resuelto esas carencias, y en muchos casos, se han profundizado. Es importante aclarar que hoy estamos compitiendo por tu voto para el poder legislativo o para gobernar tu localidad. Eso limita nuestro alcance presupuestal, pero nos mantiene más cerca de tus necesidades.  No tenemos fórmulas automáticas ni recetas mágicas, pero sí propuestas específicas para empezar a subsanar algunos problemas.  

En seguridad proponemos moderar la militarización, para que nuestras fuerzas armadas no estén saturadas con tareas excesivas y puedan concentrarse en lo que la ley les exige. Queremos cancelar el punitivismo populista (cárceles llenas no garantizan sociedades más seguras) y ofrecer un seguro de vida universal decoroso para las fuerzas policíacas de todo el país. Quienes nos cuidan sepan que, si llegan a faltar, nosotros cuidaremos de los suyos. Esta prestación sujeta al compromiso de aprobar los controles de confianza y participar en capacitaciones continuas.

En educación, invitar a un grupo plural de expertos para revisar la situación específica del sector en cada estado, pues cada región tiene necesidades únicas. En atención a ese diagnóstico ofreceremos innovadoras políticas descentralizadas. Sugeriremos un nuevo diseño de los libros de texto gratuitos que abra los ojos de la infancia mexicana a las posibilidades del mundo del siglo XXI. “Sin rencores por el pasado ni temores hacia el porvenir” escribió un gran educador mexicano.

En salud, trabajaremos con el gobierno para cumplir la aspiración del constituyente de 1917. Que cada mexicano desde su nacimiento disponga de un seguro de salud sustentable, digno, en una red de hospitales públicos mejorada con la infraestructura científica propia de nuestro tiempo. Todo lo anterior, deseable como es, cuesta y mucho. Pero lo vale. Como decía Machado, solo un necio confunde valor y precio. Es indispensable revisar la estructura tributaria de México. No se trata de que paguen más los de siempre, sino de buscar esquemas de recaudación acordes con las oportunidades productivas locales. Un compromiso fiscal de los estados y un trato más equitativo de la federación.

No queremos inventar el hilo negro ni encerrarnos en el nacionalismo más rancio. Los gobiernos del mundo desarrollado, empezando por nuestro vecino, están diseñando novedosas propuestas de inversión en infraestructura y energía respetuosas del ambiente, lo mínimo que se merecen las próximas generaciones. Es legítimo estudiar y adaptar lo que nos sirva.

Nuestro compromiso político es equilibrar al ejecutivo con la defensa irrestricta de la separación de poderes, la autonomía de los organismos así constituidos como consecuencia de luchas históricas por la democratización, y la protección del pluralismo mexicano. Nunca más el predominio aplastante de una sola voz, sino la concurrencia multicolor de una vibrante sociedad contemporánea.

Estas ideas o similares, elementales como son, no las escuchamos en la oposición. En época de pandemia, cuando el contacto físico entre las personas es desaconsejable, las campañas se han vuelto, irresponsablemente, concursos de baile. Suele hablarse del desprecio de la población hacia los políticos, pero la insignificancia de las promesas de campaña evidencia más bien el desprecio de los candidatos hacia sus electores. No esperamos de ellos que cambien el mundo, queremos propuestas para empezar a cambiarlo.   

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