Lo que le falta al PAN

Raudel Ávila

La semana pasada tuvo lugar la conferencia nacional del partido laborista en el Reino Unido, el principal partido de oposición. Cualquier persona del planeta con acceso a internet puede ver la conferencia en tiempo real o cuando le venga en gana. Todos los discursos y todas las discusiones o cuestionamientos al liderazgo nacional están disponibles en Youtube. Ahí se expresan desde ministros de gobierno (exministros en el caso de la oposición), parlamentarios e intelectuales afines al partido, diseñadores de políticas públicas, voceros en medios y redes sociales, hasta militantes de base procedentes de las poblaciones más pequeñas.

Ninguna voz queda fuera.

¿De qué hablan durante una semana? De los resultados electorales del partido durante el año anterior, de sus posicionamientos en los temas de coyuntura, del funcionamiento interno del partido y sus burocracias, de la estrategia electoral para el año entrante y la posibilidad o no de alianzas, de las propuestas para la economía, educación, seguridad social, política exterior y un larguísimo etcétera. Cada una de estas propuestas se debate, se vota y se aprueba o rechaza por la militancia. Se movilizan, desfilan y se pronuncian ante el público los diferentes liderazgos integrantes del partido, desde las juventudes hasta las mujeres, el sector LGBTT, los sindicatos, los organismos de sociedad civil simpatizantes de la institución. En suma, un ejercicio democrático apasionante para quienes nos interesa la política.

Antes del inicio de la conferencia este año, el líder del partido Keir Starmer, publicó un ensayo de 33 páginas editado por la Sociedad Fabiana. El texto explicó a los militantes y más importante, al país, qué ideales defiende, cuáles políticas propone y a qué se opone su partido. Se sometían ahí a consideración de la militancia los principios que guían al laborismo, pero también las iniciativas parlamentarias por impulsar. Quien estuvo interesado tuvo la oportunidad de discutir ese documento en los medios de comunicación, o simplemente leerlo antes de la conferencia para exponer ahí sus apreciaciones. Naturalmente, el evento más esperado y con mayor difusión mediática de la conferencia fue el discurso del dirigente del partido. En su intervención, Starmer empezó por agradecer y felicitar a la militancia por los triunfos del partido y por hacerse responsable él, como líder, de las derrotas. Repito, felicitó y agradeció a la militancia por los triunfos y asumió él la responsabilidad integral por las derrotas electorales del año anterior. “En cierta forma, entre más exponemos lo inadecuado que resulta este gobierno, más rebotan las preguntas hacia nosotros. Si el gobierno es tan malo y no podemos ganarle, ¿qué dice eso de nosotros?” expresó Starmer en un discurso que no por autocrítico dejó de ser el mejor de su carrera.

El sábado se reunió el Consejo Nacional del PAN y reeligió a Marko Cortés como dirigente nacional. No tuvo oponentes formales porque a ninguno de los aspirantes le fue posible reunir los insólitos requisitos para competir. Nadie pudo cuestionarlo ante los medios. El partido que se dice llamado a defender la democracia mexicana de amenazas autoritarias, celebró una elección interna con un solo candidato. Dice Enrique Krauze que después del escandaloso encuentro con VOX, al PAN le falta volver a estudiar a Gómez Morín. En mi modesta opinión, al PAN lo que le falta es voltear al mundo y ofrecer a los mexicanos una propuesta frente a los desafíos de nuestro tiempo. O sea, todo. La democracia cristiana alemana después del brillante liderazgo de una estadista de la talla de Merkel obtuvo nada más 24% del voto. Ya ningún partido puede confiarse, cerrarse a la sociedad o negarse a escuchar los reclamos de su militancia.

Analista

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