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El mundo post-americano 

Raudel Ávila

Richard N. Haas es presidente del Council on Foreign Relations de Estados Unidos. Fue enviado especial de su país para Irlanda del Norte, asesor del Secretario de Estado Colin Powell, profesor en la Universidad de Harvard y prestigiado autor de reconocidos libros sobre política exterior.  El lunes publicó un artículo titulado “Presente en la destrucción” en el portal de la revista Foreign Affairs.  

El título supone un homenaje a las memorias de Dean Acheson (tituladas Presente en la creación), secretario de Estado del presidente Truman y arquitecto del sistema internacional de la postguerra.
Haas argumenta que si bien la política de Trump consistente en acercamientos con dictadores, distanciamiento de aliados tradicionales y desinterés por los derechos humanos ya venía debilitando la imagen de Estados Unidos en el mundo, su incitación a la violencia en el Capitolio le dio el golpe definitivo a la hegemonía de la política exterior norteamericana. Haas anticipa que los aliados tradicionales de Estados Unidos dejarán de confiar en la permanencia de los acuerdos con la súper potencia, sujeta al vaivén de la política electoral y a la llegada de otro demagogo al poder en Washington. Buscarán construir alianzas con otras potencias regionales o aumentar su propia fuerza militar. Los ejemplos de esto ya son evidentes, dice Haas, y enumera “la guerra saudí en Yemen, el involucramiento turco en Siria y el respaldo a Azerbaiyán en Nagorno-Karabakh, el tratado de inversión entre la Unión Europea con China… el resultado será un mundo más violento y menos abierto en lo político y económico, en el cual Estados Unidos retendrá una significativa pero ya no dominante influencia.” 

Los autócratas del mundo encontrarán más fácil descalificar las críticas americanas a su autoritarismo y hostilizarán las tentativas democratizadoras de la oposición en sus países, alegando que lo acontecido en Estados Unidos exhibe la democracia como la ruta de la anarquía y la violencia. La reparación de la imagen estadounidense en el exterior pasa necesariamente por darle respuesta eficaz a varios de sus problemas domésticos. No obstante, en el ámbito interno, la deslealtad actual del partido republicano a las instituciones de la democracia se ve muy difícil de cambiar.

Independientemente de que Trump salga de la escena, el trumpismo, o una tendencia rupturista similar seguirán existiendo en el partido republicano. Ahí están impunes en toda su complicidad los senadores Ted Cruz y Josh Hawley, pero también miles de simpatizantes republicanos en distritos pequeños que siguen creyendo en el supuesto fraude electoral. La evasión de responsabilidad por parte de las dirigencias republicanas ya se había manifestado en la inexistencia de una condena enérgica contra la irrupción violenta en la legislatura de Michigan y el intento de secuestrar a la gobernadora Gretchen Whitmer, o contra los manifestantes armados que amenazaron el Capitolio local en Georgia. Por definición, no se puede sostener un sistema político democrático de un solo partido. La base de la democracia es el pluralismo. Si no existen por lo menos dos fuerzas institucionales para representar las corrientes políticas que suscriban conjuntamente las reglas de la convivencia pacífica, el sistema no funciona.   

Otros republicanos como Arnold Schwarzenegger condenaron con vehemencia lo sucedido en el Capitolio y gobernantes demócratas del mundo como Ángela Merkel, Justin Trudeau y Emmanuel Macron también. Aunque no hay otra potencia occidental capaz de tomar la batuta del liderazgo norteamericano, sí hay conciencia internacional del peligro que se cierne sobre la democracia liberal en el mundo. El ensayo de Haas concluye “un mundo post-americano no estará dominado por Estados Unidos, pero no significa que deberá estar dirigido por China o definido por el caos.”  

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