El liberalismo radical de Leon Wieseltier

Raudel Ávila

El doctor José Antonio Aguilar Rivera es uno de los más dedicados estudiosos mexicanos del liberalismo. Generosamente, me hizo llegar la liga para leer el ensayo El liberal radical, de Leon Wieseltier: https://whiterosemagazine.com/the-radical-liberal/. Dejo al lector en buena compañía con algunas citas. “Las multitudes y sus dirigentes están buscando el reencantamiento de la política, pero nosotros hace mucho que defendemos el desencantamiento de la política. Atesoramos la desilusión y la cultivamos como el inicio de la sabiduría. Hay pasiones que ya no nos atraen, incluso nos inspiran repulsión. Creemos en la paciencia histórica, no la indiferencia sino paciencia, pues hemos observado que en la política, la gratificación inmediata con frecuencia asume la forma de un crimen. Si corremos el riesgo de la complacencia, los radicales corren el riesgo de la ferocidad.”

“¿Debemos odiar la injusticia? Siempre. Pero los “progresistas” y los “reaccionarios” no solamente odian la injusticia, ellos también odian grupos completos de gente.” “Una conferencia sobre la responsabilidad nunca hizo que corazón alguno se acelerara. Pero cuidado con la política de los corazones acelerados… Quizá el distintivo más contracultural del liberalismo sea su universalismo, su insistencia en el alcance universal de los derechos… un derecho que no es universal es solamente un privilegio. ¿Qué tiene de vergonzosa una referencia a la humanidad? ¿Acaso no existe tal cosa?”

“El universalismo es el coco de la nueva era autoritaria. Es despreciado en todas partes en nombre del localismo, como si nuestras similitudes no pudiesen coexistir con nuestras diferencias. Es imposible negar que Davos es un espectáculo perturbador, pero seguramente tenemos menos que temer de un grupo de billonarios parlanchines en una aldea suiza, que de los dictadores en Moscú, Pekín, Ankara, Teherán, Budapest, Varsovia, Caracas, Damasco, Cairo, Manila, Pyongyang, Bangkok y otros lugares, con otras capitales europeas, asiáticas y sudamericanas tambaleándose al borde del desastre antidemocrático… Las supuestas antinomias coexisten a donde quiera que volteamos. La mezcla no es imposible, sino un lugar común. Somos, todos nosotros, en diferente medida, particulares y universales: seres compuestos… la desposesión del hogar puede experimentarse también, a veces con mayor agudeza, en casa. Y compadezcamos al espíritu que tiene un hogar único… La identidad es portable y mutable, florece más robustamente en un orden liberal. Mejor dicho, las identidades florecen… una manera de entender los nuevos autoritarismos es verlos como una serie de identidades sencillas demasiado débiles para tolerar la presencia de otras identidades, demasiado patéticas para sortear la prueba del pluralismo, y entonces deben fortificarse a sí mismas con la respiración artificial del poder del estado.”

“Lo anterior no supone, en modo alguno, pasar por alto las insuficiencias de las sociedades liberales (la enfermiza magnitud de la desigualdad económica, por ejemplo). Hay algo en el capitalismo que salió terriblemente mal. Pero ¿cuál Volksgemeinschaft o estado de los trabajadores resolvió exitosamente este problema? Solamente lo hicieron sanguinariamente peor. Si la historia moderna enseña algo, es que la injusticia política no es la solución a la injusticia económica… Los liberales deberían enorgullecerse de ser conocidos por sus enemigos (el fascismo y el comunismo). Algo sabemos con certeza: no habrá descanso para nosotros. Mientras contemplamos con horror cómo un gobierno después de otro, una sociedad tras otra, vuelven sus espaldas a la construcción de la libertad, debemos alistarnos nuevamente para el combate. Será una lucha más duradera que cualquier ciclo electoral… Y en el curso de la misma, nosotros quizá debamos introducir un nuevo tipo en la historia de la política, una figura paradójica: el liberal radical.”

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