Imagina una empresa construida sobre el amor y el cuidado, que no ve a sus clientes como generadores de beneficios sin rostro, sino como seres humanos a los que se siente privilegiada de servir.
Una empresa que muestra a sus proveedores el mismo amor y cuidado, que trabaja para atraerlos a su círculo familiar.
Una empresa que procura tanto a sus colaboradores que estos no quieren abandonar la organización después de unirse a ella.

Una empresa que ofrece resultados financieros superiores año tras año, que genera un círculo virtuoso basado en la prosperidad y el bienestar, entendidos en términos sociales, intelectuales, emocionales, espirituales, culturales, físicos y ecológicos.
Si te dijera que esta es la esencia del capitalismo, ¿te sorprenderías? Pues esa es exactamente la concepción del capitalismo que he descubierto a través de mis investigaciones.
La idea de la empresa de libre mercado como algo excelente, igualitario, digno de confianza y transparente no es una utopía ficticia. Esas empresas existen en el mundo real y debemos de admirarlas, imitarlas y aprender de ellas.
Replantearse el capitalismo
Durante mucho tiempo, los negocios se han descrito como un juego de ganadores y perdedores. Se ha impulsado la idea de una codicia desnuda, cuyas únicas preocupaciones son el dinero y la maximización del beneficio. En este sentido, no es de extrañar que el capitalismo tenga mala reputación, pero desde mi óptica necesitamos un argumento más rico y éticamente convincente para demostrar la verdad, la belleza y la bondad del capitalismo de libre mercado ante un mundo escéptico.
Sin negar los excesos que hemos visto asociados al capitalismo, a lo largo de la historia no ha existido ningún invento humano que haya tenido un mayor impacto positivo en más personas y con mayor rapidez que el capitalismo de libre mercado. En los últimos 200 años, las extraordinarias innovaciones a las que ha dado lugar el capitalismo han acortado el tiempo y las distancias, a la vez que han liberado a muchas personas de una gran parte del trabajo pesado y sin sentido que prevaleció durante milenios.
Poco común es el o la empresaria que expresa que su única motivación para crear un negocio es simplemente maximizar los beneficios o aplastar a sus oponentes. Por supuesto que quieren ganar dinero, condición necesaria para que cualquier empresa se mantenga a largo plazo, pero eso no es lo que mueve a la mayoría. Lo más usual es que sientan inspiración para hacer algo que sinceramente creen que hay que hacer.
Los negocios, en su esencia, tienen que ver con la vida real de personas reales, y eso es lo que se ha perdido de vista. Para recuperar esa comprensión, necesitamos una forma más rica y éticamente convincente de demostrar a un mundo escéptico la verdad, la belleza y la bondad del capitalismo de libre mercado. Y ahí es en donde entra al juego el Capitalismo Consciente .
El Capitalismo Consciente tiene cuatro principios interconectados que se refuerzan mutuamente y que deben de entenderse de forma holística para convertirse en partes plenamente integradas de la filosofía empresarial:
1. Un propósito superior. El propósito de una empresa es el líquido amniótico que alimenta su fuerza vital. Si tienes un propósito y puedes articularlo con claridad y pasión, te sientes bien con lo que haces y con la forma de conseguirlo.
2. La integración de las partes interesadas. Las empresas conscientes adoptan una perspectiva más holística de los negocios en general. No se conforman con hacer concesiones, sino que buscan sinergiasentre todas las partes interesadas, entendiendo que estas son las que crean un valor real y duradero.
3. El liderazgo. Se trata de personas que muestran cualidades ejemplares, que disfrutan sirviendo a los demás y creando un mundo mejor para las generaciones futuras. Son conscientes de sí mismos y tienen el valor de sus convicciones.
4. Una cultura consciente. No consiste solo en crear un lugar de trabajo estupendo, sino en dotar al trabajo de un sentido más profundo. Las y los líderes conscientes se asegurarán de que el sentido de un propósito superior y una orientación hacia el cuidado de todas las partes interesadas estén integrados en una cultura corporativa que facilite el crecimiento y el desarrollo continuo de todos y cada uno de los individuos, así como de la propia empresa.
En este sentido, es relevante enseñar estos cuatro principios desde las aulas, lo que en la práctica ya se empieza a hacer. Ante su compromiso con la formación de líderes que contribuyan al florecimiento humano, el Tecnológico de Monterrey creó el Centro de Empresas Conscientes (CEC), conformado por un grupo multidisciplinario de más de 80 profesores afiliados, con el propósito de transformar la educación de negocios y la consciencia empresarial en líderes y organizaciones para elevar el florecimiento humano, sanar el planeta y crear una sociedad más justa.
Para optimismo de todos, empresas que ya adoptan este capitalismo consciente no son parte de un cuento: existen en el mundo real y pronto se contarán por miles, a medida que más organizaciones redescubran su propósito y desarrollen una nueva valoración de sus accionistas.
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