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29/02/2020
03:45
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A raíz del extremismo de los discursos pronunciados desde la candidatura de Donald Trump en 2015, académicos y periodistas norteamericanos comenzaron a hurgar en antecedentes y analogías históricas: de toda obviedad la cuestión racial que subyace en la Guerra Civil Norteamericana, el fin del esclavismo —que no de la discriminación—, la hostilidad contra nuevas corrientes migratorias fundamentalmente católicas —primero de países europeos y luego de latinoamericanos—, la tesis de la supremacía racial de los blancos, la recurrente aparición del Ku Klux Klan, la xenofobia en ascenso y recientemente la comparación con los movimientos fascistas y nacionalsocialistas surgidos de entreguerras.

Horace Bloom en su obra “Trump y Hitler” hace una comparación seria; articulistas como Aaron Blake y Roger Cohen de The Washington Post y The New York Times, así como Michiko Kakutani, ganadora del Premio Pulitzer, han observado la semejanza entre la compilación retórica de Trump y la obra Mein Kampf, producida en 1925 por quien más tarde ascendería a Führer. Coincidentemente ésta se inspira en los ensayos de 1924 del ideólogo del racismo científico estadounidense Madison Grant. A su vez el padre indiscutible de estas teorías fue un francés, Joseph Arthur de Gobineau, quien escribió en 1855 el Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas, que desarrolla la teoría de superioridad racial aria y quien puso el primer “Huevo de la serpiente”.

La famosa Doctrina Monroe de 1823 elaborada por John Quincy Adams bajo el lema “América para los americanos”, no es sólo una tesis imperialista que excluye cualquier dominación europea sobre nuestro continente, sino que esconde un proyecto racista como lo descubrió el mencionado Grant: “La inmigración procedente de las Indias Occidentales en su mayoría negra, de México y América del Sur en su mayoría indígena, pura o mezclada, y la adición de estas a nuestra población es sumamente indeseable, pero evidentemente explotable”.

La obra de Hitler retoma esas tesis, cito: “La historia humana ofrece innumerables ejemplos sobre el cruzamiento de seres humanos cualitativamente desiguales, lo que demuestra con asombrosa claridad que toda mezcla de sangre con pueblos inferiores tuvo como resultado la ruina de la raza superior. América del Norte, cuya población se compone en su mayor parte de elementos germanos, representa un mundo étnico y una civilización diferentes de lo que son los pueblos de la América Central y del Sur, países en los cuales los emigrantes, principalmente de origen latino, se mezclaron en gran escala con los elementos aborígenes”. Añade, “el elemento germano de América del Norte, que racialmente conservó su pureza, se ha convertido en el señor del continente americano y mantendrá su posición mientras no caiga en la ignominia de mezclar su sangre”. Apología también de las reservaciones y de la exterminación de los nativos americanos.

Hitler continua: “en los Estados Unidos de Norteamérica se nota el consejo de la razón, al prohibir terminantemente la entrada en su territorio de inmigrantes afectados de enfermedades contagiosas” —como pretextaría Trump en nuestro tiempo— “y excluirlos de la naturalización sin reparo alguno a los elementos de determinadas razas. Los EU reconocen en parte el principio que fundamenta la concepción racial del Estado nacionalsocialista”. Concluye: “Hagamos de Alemania grande otra vez”. Postulado que recoge Donald Trump bajo el lema gemelo de “Hacer América grande otra vez”. Cita deliberada de Hitler aun sin reconocerlo. En su último informe ante el Congreso de EU señaló que “el mayor problema que enfrenta la sociedad estadounidense actual es que hay 11 millones de inmigrantes. El mayor riesgo no es la amenaza nuclear, no es el Estado Islámico, no es Rusia, no es China, ni mucho menos el calentamiento global. El tema central en el debate es la inmigración que pone en riesgo el bienestar de la población norteamericana”.

Durante la conferencia de prensa espetó “bloquearemos el financiamiento de las Ciudades Santuario. Los países aliados que se nieguen a cooperar en el proyecto migratorio no obtendrán nuestro apoyo”. Rememora la frase lapidaria de Grant: “La invasión migrante es mucho más peligrosa que una conquista armada”. ESTE ES EL RETO CRUCIAL PARA EL GOBIERNO MEXICANO Y LA RAZÓN PROFUNDA POR LA QUE HE PUESTO TODO MI EMPEÑO EN EL RESPETO DEL DERECHO HUMANO A MIGRAR.

 

Diputado federal