Todas nuestras grandes transformaciones tuvieron como jefes a civiles que encabezaron ejércitos populares —Hidalgo, Juárez, Carranza—. La felonía de Victoriano Huerta contra Madero desató el proceso revolucionario que dio origen a un sinnúmero de movimientos armados, eficaces pero efímeros. El intento de sublevación en torno a Adolfo de la Huerta al término del gobierno de Obregón inspiró a la tarea del General Calles, encomendada a Joaquín Amaro, de construir un solo ejército y profesionalizarlo. De ahí la doble denominación del general secretario empleado hasta ahora. Luego aparecieron la Marina y la Fuerza Aérea unificadas en un comando único bajo el mando supremo del Presidente de la República.

Este conjunto de hechos nos diferenció políticamente de los países de América Latina y fue una clave mayor de la estabilidad y desarrollo de México. Preparó además el advenimiento del “civilismo” promovido por el general Cárdenas al separar “al ejército de la política para consagrarse al cumplimiento de su misión”. Más tarde los generales Juan Andreu Almazán y Miguel Henríquez Guzmán se enfrentaron electoralmente a los “gobiernos revolucionarios”, pero al final no optaron por el camino de las armas.

Comenzó así la era del prestigio civil de los militares expresado en la admiración del pueblo por la maestría y elegancia de “sus” soldados en los desfiles. Estas fuerzas se acreditaron además por sus labores a favor de la sociedad: desde el reparto agrario, las tareas de salvamiento y reconstrucción en casos de desastres naturales, el resguardo de las casillas y las boletas electorales o la distribución del Libro de Texto Gratuito. En cambio la represión y la Guerra Sucia se ejecutaron preferentemente por cuerpos paramilitares.

La institucionalización castrense contribuyó al régimen de partido hegemónico. Fue por ello un avance sustantivo su obediencia al poder civil con la alternancia en el poder del año 2000. También una barbaridad histórica que Calderón haya comprometido a las fuerzas armadas en la “Guerra contra el narcotráfico”. Incluirnos —conforme al ASPAN y la Iniciativa Mérida— en una pieza del sistema de seguridad norteamericana. Habida cuenta de los resultados catastróficos de esta operación, resultó más absurdo que el gobierno de Peña prosiguiera esa maniobra desestimando la complejidad del fenómeno y sus ramificaciones en las esferas del poder y del dinero.

Sorprenden por todo lo anterior las palabras del general en retiro Carlos Gaytán Ochoa (subsecretario de la Defensa con Calderón y jefe del Estado Mayor de la Sedena con Peña) al decir que los militares se sienten “agraviados como mexicanos y ofendidos como soldados”, debido a que “los valores” de la institución castrense “chocan con las formas con que hoy se conduce al país”. Lo que significa una oposición expresa a la política del presidente López Obrador, a quien suponemos reconoce todavía como Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas.

Además parece adelantar una doctrina militar de derecha, cuando dice que “vivimos en una sociedad polarizada políticamente porque la ideología dominante, que no mayoritaria, se sustenta en corrientes pretendidamente de izquierda, que acumularon durante años un gran resentimiento”. Asegura que “hoy tenemos un gobierno que representa aproximadamente a 30 millones de mexicanos cuya esperanza es el cambio” que les permita —desde el gobierno— “subsanar un déficit del Estado para dicho sector poblacional”. En suma, el gobierno revanchista de los pobres.

Afirma igualmente que “el alto mando enfrenta, desde lo institucional, a un grupo de Halcones que podrían llevar a México al caos y a un verdadero Estado Fallido”, sugiriendo tal vez que hay posiciones más extremas que las suyas, por lo que habría que hacerles caso a los actuales disidentes antes de que pierdan sus controles. Dice finalmente, “cuidando sus palabras”, que ha “tratado de mantenerse dentro de la disciplina a la que está obligado”, lo que debe costarle mucho trabajo. Sin embargo, reitera su “lealtad irrenunciable a México”. Esta invocación recuerda a los golpistas que derrocaron a la República al grito franquista de ¡Viva España!

El general iluminado expresó su “respaldo y solidaridad” hacia el secretario de la Defensa “para lo que tenga a bien determinar”. Por su parte se atribuye al General Secretario que “se tomarán medidas drásticas en caso de que la inseguridad se agrave en México”.

Diputado federal

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