Carlos Lavore / POR MÉXICO HOY
Desde hace más de cuarenta años domina en los gobiernos del país la idea de que progreso, desarrollo y crecimiento están ineluctablemente ligados al extractivismo, al libre mercado y a la sociedad con el norte, aunque sea subordinada y dependiente. Libre circulación de bienes, servicios, personas y capital es la clave del modelo impuesto que se ha naturalizado en el pensamiento político nacional. Colonización se llama.
En la antípoda está la idea de un país construido desde las necesidades de la población con sus diversas formas organizativas, desde las potencialidades naturales de cada región y desde sus capacidades productivas. Esta construcción requiere una mirada histórica soberana no condicionada, un diagnóstico elaborado colectivamente y un proceso de planeación y gestión con participación social plena. Emancipación se llama.
En un caso el diagnóstico y el plan son del capital financiero y las grandes corporaciones empresariales, impuestos desde arriba y, en los últimos años, con militarización de por medio. El crimen organizado le es funcional. En el otro, provienen del pensamiento nacional, autónomo, independiente, colectivo, solidario, con experiencias concretas a ras de suelo. En un caso el sujeto activo de la vida pública es sustituido y subordinado por sucesivos gobiernos que ejercen “en el nombre del pueblo”. En el otro, el sujeto activo debe ser el protagonista hegemónico, en forma directa y con representaciones genuinas, descolonizadas. Es la idea de una democracia progresista.
Veamos un ejemplo.
La península de Yucatán está integrada por los estados mexicanos de Yucatán, Quintana Roo y Campeche, más Belice y parte de Guatemala. La parte mexicana de la península tiene 181 mil km2 de extensión, alberga más de 5 millones de habitantes, de los cuales aproximadamente la mitad es población originaria. Junto con Chiapas y Tabasco conforma la región sureste de México definida por la naturaleza, la historia, los pueblos originarios, su cultura y las formas de organización socio productivas. Chiapas tiene 73 mil km2 y casi 6 millones de habitantes, de los cuales 1 millón hablan alguna lengua indígena.
Yucatán, la península, antigua región del Mayab, es de gran importancia por su ubicación geográfica y las riquezas que contiene. Es el segundo pulmón verde de América Latina después de la Amazonía, alberga un gran patrimonio biodiverso, cultural, comunitario y arqueológico, y notables riquezas naturales en tierra y mar. Cenotes y grutas acuíferas, selvas tropicales, manglares, arrecifes de coral, profusión de flora y fauna y las playas del Mar Caribe.
Tiene un clima ideal para la producción de energía solar y eólica. El subsuelo marítimo en las costas del Golfo de México contiene grandes reservas de petróleo y gas. A finales del siglo pasado se descubrieron en el fondo del mar minerales como iridio, platino, rodio, oro, cuarzo y otros, posible herencia del meteoro de Chicxulub impactado en la región hace 60 millones de años.
Su ubicación entre Golfo de México, Mar Caribe y Océano Atlántico, determina su relevancia geopolítica para el control del área y como plataforma logística para el comercio con Europa, EU y Sudamérica. Es un puente entre México, Centroamérica y Caribe. Un espacio de convergencia del crimen organizado, el narcotráfico, la migración, la trata de personas, los grandes negocios inmobiliarios y, también, de los ejercicios militares conjuntos entre México y EU.
La península de Yucatán es la tierra de los deseos para las pulsiones hegemónicas de EU y para el capital extractivista en todas sus variantes.
Es estratégica para la seguridad nacional y marítima de EU, según su visión. En 2001 el Plan Puebla Panamá planteaba la articulación del sureste de México y Centroamérica para la explotación de todas las riquezas, bajo control de EU. Tuvo su continuación con la Iniciativa Mérida (2007) incorporando la excusa del narcotráfico y el terrorismo, con el Proyecto Mesoamérica (2008) y las Zonas Económicas Especiales (2012). Bajo control militar, el Tren Maya con su cadena de grandes hoteles (2019) y el Corredor Interoceánico con sus parques industriales (2021), materializan una parte del proyecto de incorporar esta región a una explotación extractivista integral, incorporando en la ecuación a Chiapas y sus particularidades autonómicas, hoy cercadas.
En siguientes entregas revisaremos: la infraestructura construida y en proceso para la ocupación de territorio, así como sus consecuencias; la expansión del turismo, la actividad inmobiliaria, las granjas porcícolas y avícolas y la agricultura industrial, como ejemplos del modelo de exclusión, despojo y devastación, sin planeación participativa, que pone en riesgo la selva, las playas, las comunidades y la vida misma. Haremos un recuento de las resistencias detonadas en cada caso y de la construcción de alternativas productivas y solidarias, que son la base de un modelo autónomo, comunitario, en armonía con el medio natural y que no es contemplado en la definición de las políticas públicas.
Integrante de @pormxhoy

