Por Emilio Pradilla Cobos
Las migraciones entre territorios distintos han estado presentes siempre a lo largo de la historia, y han formado parte de la demografía del planeta. A medida que se han formado ꟷy variadoꟷ los estados-nación, y que su desarrollo económico-social, político, cultural y territorial ha mostrado su desigualdad, los poderosos han creado barreras jurídicas para establecer cuotas de ingreso y legalizarla ꟷcuando se juzga “adecuada” al país receptorꟷ o combatirla y/o reprimirla cuando se evalúa como “perjudicial” para este. Las causas de la migración siempre han sido económicas, pues va en busca de mejores condiciones de vida y por tanto se dirige a lugares con mayores niveles de crecimiento, o huye de la opresión política en los sitios de origen, y en muchas ocasiones del exilio forzado ꟷindividual o de masasꟷ por razones como la guerra o las dictaduras, reales o imaginarias, las “buenas” (hoy: Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Oman. Kuwait, Catar, Myanmar, etc.), o las “malas” (Venezuela, Irán, Cuba, etc.) según el posible receptor. Los flujos migratorios ocurren hoy en todas las regiones del mundo, de los países pobres a los “desarrollados”, por lo general con el calificativo de “ilegales” en estos y sometidos a todo tipo de vejaciones y violaciones.
Las políticas estatales de migración suelen estar llenas de contradicciones; el caso mexicano es paradigmático en este sentido. Durante muchos años, las migraciones hacia Estados Unidos de América (EU) han sido constantes, de millones de connacionales, hasta formar la minoría nacional más grande en ese país. La política del actual gobierno de EU, ꟷel padre de su presidente fue también migranteꟷ que se abroga el derecho, no otorgado al ser designado por sus electores, de calificar a las dictaduras, los narcotraficantes, los migrantes como los “buenos” porque se acogen a su patrón, y los “malos” que están fuera de su “moral” racista, clasista, conservadora, xenófoba. Esta política se impuso por la fuerza, mediante amenazas, al gobierno mexicano. Querían su aplicación al pie de la letra y rápido. Pero la mayoría de los migrantes son mexicanos ꟷno venezolanos, ni cubanos, ni suramericanos o de otras partes del mundoꟷ y de democracias liberales ahora tildadas de “dictaduras”, o como “asesinos, delincuentes, enfermos mentales”. Pero al mismo tiempo, se ha reducido el flujo de esos sesenta mil millones de dólares al año que recibía México de remesas y que al decir del expresidente López Obrador “salvaban el país” de la crisis; y para completar el galimatías, México es el mayor socio comercial ꟷde sus trasnacionales aquí y alláꟷ de EU, y la revisión del T-MEC está en marcha.
Los gobiernos de los países hegemónicos del capitalismo, destino de las migraciones por su crecimiento económico, deciden quienes son los “buenos o malos” migrantes, los que les convienen como empresarios, capitalistas, artistas famosos, “cerebros” cuya educación fue pagada por los países pobres y ellos se benefician con su trabajo, etc. En el trato a los “migrantes malos”, calificados por el receptor, en los países “más desarrollados” se suelen violar los derechos humanos, como lo muestran las redadas en curso en EU.
La realidad de este proceso la señalaba un amigo conservador colombiano hace años, cuando ocurría el éxodo inicial de venezolanos porque su gobierno había sido caricaturizado como “malo”: primero llegaron los “buenos” empresarios que traían capital e instalaban empresas; luego llegaron los “buenos” profesionistas que trajeron sus diplomas de estudio y se vinculaban a buenas empresas, y luego llegaron los trabajadores “malos” que buscaban el empleo que no teníamos. Concluyo que llegaron en tercer lugar los trabajadores que se quedaron sin empleo cuando se fueron, primero, los empresarios. Ya habían sido calificados como “malos” y no tenían recursos para migrar. Muchos migrantes siguen siendo conservadores, pues los “progresistas” se mantienen en sus países.
Los “progresismos” son muy mal calificados por los países hegemónicos, a pesar de no haber tocado el capitalismo; de haber buscado solo su “rostro más humano” en su práctica; solo vale para ellos la ultraderecha, el clasismo, el imperio y sus políticas. En nuestros países siempre han tenido un futuro de atraso, explotación aguda, opresión política y beneficio a las trasnacionales.
Integrante de Por México Hoy

