Por Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y Félix Hernández Gamundi

Desde Por México Hoy convocamos a un urgente diálogo nacional abierto y proactivo, donde participemos todos los actores: gobierno, productores, comercializadores, académicos, investigadores, legisladores, analistas y comunicadores, organizaciones legítimas y actores políticos; para analizar la situación del campo mexicano y establecer las bases de un nuevo modelo agroalimentario mexicano que garantice seguridad, sustentabilidad y soberanía alimentarias.

“Ya está la barrunta” se dice coloquialmente en nuestro medio rural cuando en el horizonte se avizora la tempestad. Y tú, ¿qué barruntas? Le espetan a un visitante poco frecuente, cuando llega de manera inesperada. Desde que los neoliberales promovían las bondades del TLCAN, se discutía sobre las implicaciones de importar alimentos en lugar de producirlos en nuestras tierras, pues en Norteamérica serían mas eficientes en su producción y por lo tanto podrían ofrecernos precios más bajos que nuestros costos directos; en esta categoría por ejemplo, se clasificó al maíz, alimento base de nuestro pueblo.

A pesar de la oposición de los sectores organizados y los señalamientos de la academia y especialistas; los promotores del TLCAN tuvieron una cerrazón que siguió creciendo y llega hasta nuestros días, a pesar de las alternancias políticas en el gobierno federal.

Desde los años 90 para acá, la producción de granos básicos y otros alimentos incluyendo la de los mares, ha decrecido sistemáticamente. En paralelo al aumento de las importaciones, se desmantelaron progresivamente todas las políticas e instrumentos como los subsidios, financiamiento, inversión en infraestructura, investigación, apoyos y protección, para la producción de alimentos.

Por ejemplo, según las cifras de INEGI, en 1990 importamos 2.1 millones de toneladas de maíz, para 1995 ya eran 4 millones de ton. En 2018 se importaron 16.6 millones, en 2019 esa cifra llegó a 16.8 millones de toneladas y en el año 2024 la cifra escaló a 24.8 millones; principalmente de Estados Unidos. Sumando otros granos como trigo, arroz y frijol; 2025 cerró con una importación histórica, superior a 47 millones de toneladas. En términos de la seguridad alimentaria, antes del TLCAN se importaron 25.4 Kg de maíz por habitante por año; para 2000, fue de 53.7 Kg/hab./año; en 2018 escaló a 124.74; y en 2025 llegó a 131.95 Kg/hab./año. Si consideramos todos los granos ya señalados, nuestras importaciones son de 187 Kg/ hab./año.

Esto es, que en 1994 tuvimos una suficiencia alimentaria del orden de 83% y hoy esa cifra se ubica en el 53% sumando granos y oleaginosas. La captura de especies comestibles marítimas no es diferente y lo abordaremos en otra entrega.

Ese es el barrunto que avizoran los productores movilizados del campo mexicano desde hace ya varios años. Reclaman la ausencia del Estado en la regulación del mercado. Reclaman la política de aduanas abiertas que ha permitido a un puñado de corporativos nacionales y extranjeros, adueñarse del mercado nacional de granos. Estos mismos consorcios harineros, tortilleros, industrializadores de masa de maíz y trigo, son los que promueven la agricultura por contrato, deciden qué se siembra, dónde y quién siembra, porque son ellos la única fuente de financiamiento (con lo cual se tolera la usura y la especulación financiera). Ellos también deciden tanto los precios que se pagarán al productor, como los precios al consumidor, determinando con ello la bancarrota del productor, el precio de la canasta básica y castigan la dieta popular.

El Frente Nacional por el Rescate del Sector Alimentario y todos los productores del campo, necesitan de nuestra solidaridad. Sus principales demandas son: 1) Por un nuevo modelo agroalimentario, con inversión pública, financiamiento preferencial para modernizar el campo, desarrollo y transferencia de tecnología, acceso directo a los canales comerciales. 2) Respeto a sus derechos de libre organización y que cese el hostigamiento al que se enfrentan diariamente. 3) Restablecimiento de la banca de desarrollo para el sector. 4) Que los granos salgan del TMEC que pronto se estará renegociando; hoy en día los comercializadores norteamericanos controlan un tercio de nuestro mercado agroalimentario que es de 85 mil millones de dólares por año. Su perspectiva es tener el 100% en 2030.

En el movimiento por el rescate del sector agroalimentario se agrupan múltiples organizaciones de productores de zonas de riego, distritos de riego y unidades de riego para el desarrollo rural (URDERALES que son mayoritariamente ejidos). Esto es una lucha por la sobrevivencia del sector y un tema de soberanía de independencia y de seguridad nacionales y también de gobernanza del país. NO HAY PAIS FUERTE, CON UN CAMPO DÉBIL. SIN MAÍZ NO HAY PAÍS.

@pormxhoy

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