Por Emilio Pradilla Cobos
Hace unos días, el ejército estadounidense, por orden de Donald Trump, su presidente, invadió a Venezuela y secuestró a Nicolás Maduro a quien está sometiendo a juicio penal en sus cortes. Nuestro gobierno ha señalado lo obvio: es una acción contraria a la Carta de las Naciones Unidas y a toda norma civilizada de relación entre naciones soberanas, que niega toda la jurisprudencia sobre la legalidad entre naciones soberanas. Los gobiernos de algunos países latinoamericanos condenan el acto intervencionista; mientras otros, beneficiarios por convicción ideológica e intereses económicos de su relación subordinada con EU, callan o la apoyan abiertamente.
En el apoyo de muchos países, individuos y migrantes venezolanos a la acción de EU, se confunden y/o tratan de hacer confundir a todos, dos asuntos distintos: una cosa es la soberanía y la autodeterminación nacional, violada abiertamente por orden del presidente estadounidense: y otra la dictadura que pudo ejercer Maduro en su tierra y que debe juzgar y resolver internamente el pueblo de Venezuela. Con sus actos posteriores a la intervención, Trump los ha separado claramente, no preocupándose por el segundo tema, sino por los intereses de sus grandes empresarios.
Estados Unidos, desde hace más de 200 años, ejerce una abierta tutela de los países de nuestra América Latina y el Caribe, con múltiples intervenciones diplomáticas y armadas, quitando y poniendo presidentes, juzgando como “antidemocráticas” a elecciones cuando no le satisfacen, y promoviendo golpes de estado. ¿Es esta una práctica democrática y de libertad válida para el futuro político del mundo? No es un comportamiento legal, ni que beneficie a la paz y la estabilidad mundial; solo beneficia a los intereses políticos y a la economía, en particular al control de los recursos naturales por la potencia capitalista que quiere seguir siendo hegemónica.
A la postura soberanista y de autodeterminación de la presidenta de México, interesada ahora en mantener el T-MEC, una de las joyas neoliberales que más preocupan a los grandes monopolios trasnacionales en el país, los cuales manejan la gran mayoría de los negocios en este tratado de libre comercio, la metió en un aprieto la acción de EU, cuyo presidente sigue amenazando con repetir la intervención en nuestro país u otros latinoamericanos que no le agradan.
El gobierno estadounidense ejerce la “ley” a su acomodo, pues otros criminales de guerra como el israelita Netanyahu —genocida en Gaza— o el hondureño Hernández —narcotraficante—, ya condenados, reciben honores o indultos de estado de parte del presidente de Estados Unidos, él mismo condenado por una corte de su nación, quien decide según su propia voluntad quién es culpable y quién no.
Son muchas las respuestas a las preguntas planteadas que tienen que dar los individuos, los partidos, las naciones que apoyan esta acción de intervención, que solo benefician sus intereses personales y no los de las naciones soberanas de nuestra América Latina, pues también México está bajo amenaza. ¿Qué dirían si fuera México el invadido? ¿Cómo lo explicarían a sus connacionales?
Integrante de @pormxhoy

