Ingreso Vital: Un acto de justicia en tiempos de Covid-19

Pilar Lozano Mac Donald

En Roma, el jurista Ulpiano consideraba que el derecho consistía en tres reglas básicas: vivir honestamente, no dañar a los demás y dar a cada uno lo suyo. Así, la justicia era “La constante y perpetua voluntad de dar a cada uno su propio derecho”. En este sentido, es dar un trato igual a las personas. Por su parte, la máxima de Aristóteles según la cual la justicia es tratar igual a los iguales y desigual a los desiguales, implica un respeto a la igualdad, es decir, aquello que impide la generación de desigualdades no justificadas.

Estas referencias vienen al caso porque en estos días de emergencia sanitaria las medidas adoptadas para enfrentar la pandemia, como el aislamiento social y el cierre de establecimientos, ha generado un freno a las actividades comerciales y productivas y, en consecuencia, la pérdida de empleos y la baja o nula cantidad de ingresos para muchas personas.

Esta situación ha colocado a las personas ante la disyuntiva entre quedarse en casa sin alimentos o salir la calle a buscar un ingreso, con el riesgo a su salud de contagiarse y enfermar. La apuesta es quedarse en casa, con hambre, resguardados del COVID-19 o salir a ganar dinero para sobrevivir.

El contexto de emergencia sanitaria se agrava por la situación de desigualdad social que ha venido prevaleciendo el país, que ha provocado que tengamos 52.4 millones de personas en la pobreza y 9 millones en la pobreza extrema (CONEVAL, 2018). De este modo, la estructura de desigualdad que existe en México impide que millones de mexicanos puedan ejercer sus derechos en igualdad de condiciones.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), prevé que en nuestro país se incrementará en 7 por ciento el número de pobres, lo que equivale a 8 millones 890 mil personas. Significa que se profundizarán la condiciones de desigualdad y revertirlo requerirá de cuando menos 13 años.

Estimaciones indican que entre marzo y abril se han perdido 685,840 mil empleos formales, el equivalente a 11,243 empleos diarios. Igualmente, cerraron o quebraron 4,285 empresas, esto es, 70 cada día. Existe el riesgo de que, en todo el período de emergencia sanitaria se pierdan 3 millones de empleos. El Producto Interno Bruto (PIB), se estima, caerá 7 por ciento.   

Por tanto, debemos tener claro que el aislamiento social, acompañado del cierre de negocios y actividades no esenciales, ha permitido enfrentar en mejores condiciones la pandemia. En otras palabras, los trabajadores han contribuido a detener la propagación de la enfermedad al quedarse en casa, aumentando la cantidad de personas sanas y disminuyendo el costo social, ya de por sí elevado, de esta emergencia.

Se trata de una situación en la que el aislamiento es igual para todos aunque tiene un costo mayor para quienes se encuentran en peor condición social. Superado el dilema de lo que tenemos que cuidar, es decir, la salud de las personas, tenemos que abordar el relativo a cómo apoyar a quienes voluntaria o de manera forzada, se han quedado sin un ingreso, permitiendo con ello menos contagios.

Es por ello, que urge la adopción de medidas de apoyo a la población que se encuentra en condiciones de vulnerabilidad superiores a las cotidianas, como el Ingreso Mínimo Vital como una herramienta de carácter temporal para garantizar la inserción social de grupos vulnerables.

En este escenario de emergencia sanitaria, Movimiento Ciudadano ha presentado iniciativa de Ley de Ingreso Mínimo Vital para Situaciones Especiales (https://docs.google.com/viewerng/viewer?url=https://movimientociudadano....), y que reforma la Ley General de Desarrollo Social y la Ley del Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica, con el objetivo de enfrentar la difícil situación sanitaria y económica actual destinando a las personas que han visto afectados sus ingresos o hayan perdido su empleo. Ese ingreso será entregado durante 3 meses, con posibilidad de ampliarlo 2 meses más, por un monto de 3,696.6 pesos mensuales, correspondiendo al CONEVAL vigilar y evaluar su entrega.

Son tiempos de actuar con justicia para dar un trato justo a quienes lo necesitan. Son tiempos de crisis, de replantear prioridades y promover la solidaridad y la cooperación con quienes más lo necesitan.

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