El país de los cuarteles

Peniley Ramírez

Más de una década y cientos de miles de muertos después, hoy crece el poder de Sedena, mientras las policías pierden fuerza

Este miércoles fueron asesinadas 78 personas en México. En la primera semana de septiembre, 696. En julio y agosto, 5,043. Cuando comenzó la administración obradorista, cada día asesinaban en México a 78 personas. El promedio más reciente, este agosto, es de 81.

No vemos una conferencia diaria sobre estas cifras y los medios eliminaron los ejecutómetros de sus ediciones. Nos dijeron que la guerra había terminado, pero la inversión en el gobierno y los muertos en las calles lo desmienten. La mitad del presupuesto de seguridad en 2021 lo gastará Sedena: 112 mil millones de pesos. El investigador Daniel Gómez-Tagle detectó esta misma proporción en 2020. Para 2021 la cantidad de dinero no se redujo; se multiplicó. 

Lo de hoy no es nuevo, pero es escandalosamente superior a lo que vimos antes. A partir de las administraciones de Manuel Ávila Camacho y Miguel Alemán, los gobiernos han dicho que las fuerzas armadas no tenían participación. El historiador Thomas Rath ha mostrado que en realidad los militares siguieron muy presentes en la política, sobre todo en los estados. Por décadas, siguió habiendo gobernadores salidos del Ejército

En las cámaras siempre hubo representantes de las fuerzas armadas y los presidentes tenían que negociar con los oficiales más poderosos. Ello condujo a que las autoridades civiles miraran a otra parte frente a los actos de corrupción de los comandantes militares y sus vínculos con lo que hoy se conoce como la delincuencia organizada. La autonomía del Ejército permitió que sus oficiales aprovecharan su posición para monopolizar el suministro de equipo militar y obtuvieran contratos de construcción. Esto sucedió y sucede. 

Es verdad que, de los grandes países latinoamericanos, México invertía muy poco en sus fuerzas armadas y tampoco se padecieron dictaduras militares como las de Argentina, Brasil, Chile o Uruguay; pero el Ejército siempre estuvo allí para reprimir movimientos obreros, campesinos y estudiantiles. No hizo falta una dictadura militar para que militares participaran en la desaparición forzada de la guerra sucia, como documentó el historiador Camilo Vicente, o durante la guerra contra el narco, que inició Felipe Calderón en 2006.

Más de una década y cientos de miles de muertos después, hoy crece el poder de Sedena, mientras las policías pierden fuerza, presupuesto, equipo. No se asumen como Guardias, para ellos es un cuerpo militar. Los militares tampoco se asumen como Guardias, lo consideran un modo de degradarse, que los sobajen y les falten el respeto. Menudo cadáver exquisito están financiando nuestros impuestos. 

Ya vemos denuncias públicas de Guardias que atentan contra activistas y leemos, todos los días, cómo los militares ganan proyectos, puestos civiles, contratos, poder. “Nos pagan un sueldo, saben que nos pueden usar”, me escribió un soldado que leyó mi columna con la primera parte de este tema la semana pasada. 

Pero el camino militar no es el único. En Francia y en España, dos mujeres –una magistrada y una de Administración Pública– dirigen los ministerios de defensa. En Argentina, Uruguay y Chile abogados e ingenieros están al frente de esas secretarías de Estado.

Los muertos en las calles tienen nombre. Quienes llenan sus arcas con la guerra también, y hay que nombrarlos. Animal Político reportó que en 2021 disminuirá el presupuesto para las víctimas y las cárceles, mientras aumentan la cantidad de delitos con prisión preventiva oficiosa y el dinero del equipamiento militar. Esta semana, se anunció la compra de otras 20 mil armas. Vemos el pacifismo en el discurso y la realidad en el presupuesto. “El mayor aumento lo vemos en la infraestructura de seguridad nacional”, me dijo Gómez-Tagle. “De 2020 a 2021 aumenta de 6 mil a 21 mil millones de pesos. Esto va para el aeropuerto, pero también para la construcción de los cuarteles”. 

En julio, Andrés Manuel López Obrador inauguró un cuartel de la Guardia Nacional en Jalisco. Allí dijo: “Este programa de crear cuarteles, instalaciones para la Guardia Nacional, es un reflejo de cómo se está gobernando en estos tiempos en el país”.

Tiene razón el presidente. Los cuarteles son un reflejo de cómo se está gobernando a México. 

@penileyramirez

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