“Todos los esfuerzos que se apliquen para corregir la condición en que se hallen los pobres, no solo no conseguirán que los pobres se enriquezcan, sino que estarán abocados a empobrecer a los ricos”.
-David Ricardo

Finalmente, a la mitad del sexenio, el Presidente AMLO nombró como Secretario de Hacienda y Crédito Público al Dr. Rogelio Ramírez de la O, destacado economista formado en la Universidad de Cambridge.

La administración pública estaría en otro estandar de eficiencia si desde el comienzo de la gestión -Ramírez de la O- hubiese ocupado dicha encomienda, debido a que la Secretaría de Hacienda es un pilar central del gobierno: en un mundo globalizado, la ciencia demuestra que economía y política no pueden estar separadas, no se pueden tomar decisiones políticas sustentadas en paradigmas ideológicos, sin que la sociedad pague el precio.

Debemos recordar que desde el año 2019 México comenzó vivir una recesión por la falta de certidumbre en el modelo económico de la 4T desde la óptica del sector privado: las inversiones no llegaron y se fugaron capitales.

Luego vino la pandemia de COVID-19 y complicó aún más los fundamentales de la economía hasta observar la peor caída del PIB de la historia, en el 2020 la economía mexicana decreció 10 puntos y CONEVAL ha documentado nuevos millones de hogares en pobreza.

Asimismo, las condiciones de pobreza extrema aumentaron y amplias subregiones del país inseguras, sin esperanza.

El inmenso desafío que habrá de enfrentar el Secretario Ramírez de la O pasa, en primer término, por garantizar el crecimiento, debiendo México crecer a tasas sostenidas.

Para lograr este objetivo debe preparar el paquete económico para el ejercicio fiscal 2022 e impulsar una profunda reforma fiscal que eleve tasas impositivas, en ISR, y estandarice todas las tasas en IVA, y mejore la Administración Tributaria.

El giro estatista desde el Washington de Joe Biden afianza la delantera que nos lleva el país vecino en la universalidad de un plan nacional de rescate de la economía estadounidense: “el estímulo de 1,9 billones de dólares de Biden combinado con los paquetes de Trump ha inyectado un total de 5 billones de dólares, casi el 25% del PIB, a la economía de los EE. UU. La mayor expansión fiscal jamás vista en tiempos de paz. Más que suficiente para recuperar la economía desde su punto más bajo del Covid-19: este voluntarismo económico es una desviación inequívoca de la moderación fiscal de la administración Obama y la austeridad dogmática de la UE. Su importancia ideológica no debe subestimarse”, suscribe el historiador y economista británico Adam Tooze.

Ramírez de la O es un economista capaz, que habrá de aportar perspectivas técnicas, sentido común y alta dosis de responsabilidad en las decisiones de política económica en nuestro país.

Asimismo, será clave su cuidado en evaluar la política energética como eje integrante del despegue económico, y sobre todo, en no alterar los compromisos pactados previos al T-MEC.

Es la última oportunidad para la 4T de dar resultados concretos, alineando el gabinete federal hacia objetivos económicos y productivos, aunque no está en la encomienda presidencial la importancia de invertir en la infraestructura pública, social y de salud, tampoco el que se sienten las bases de un modelo de desarrollo social no asistencialista y superación estructural de las desigualdades, que segmentos en pobreza y clases medias del país, esperan desde hace décadas.

Lo central del nombramiento, en este momento, es que el Presidente AMLO abre un espacio a un nuevo interlocutor, reconocido por prudente, experimentado y juicioso, a quien si le escucha habrá de encauzar para bien el Gobierno de la República.

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