“La guerra es mejor que una paz efímera. No conozco ninguna guerra que se haga con agua de rosas”. Napoleón

El núcleo.

Cambia el paradigma multipolar en el mundo a partir del segundo mandato presidencial de Donald Trump.

Durante demasiado tiempo, el gobierno de Estados Unidos descuidó e incluso rechazó poner en primer lugar los intereses concretos de los estadounidenses.

Administraciones anteriores desperdiciaron ventajas militares y recursos en proyectos ambiciosos de construcción de naciones y en intervenciones interminables, mientras debilitaban el orden internacional basado en reglas.

Ahora, Estados Unidos volvió a poner a los estadounidenses por encima de todos, reconstruye el ejército más fuerte y letal del mundo y deja de distraerse con guerras interminables o cambios de régimen.

Una prioridad es “garantizar la paz mediante la fuerza: ser capaces de disuadir a los enemigos, pero también estar listos para luchar y vencer si es necesario. Esto no significa aislamiento”.

El principio central es: “Estados Unidos primero. Paz mediante la fuerza. Sentido común.”

Un nuevo enfoque tras años de riesgo.

Circula en las redes de geopolítica un documento estratégico de los Estados Unidos que afirma que desde enero de 2025, el presidente Trump reconstruyó el poder militar estadounidense y lo devolvió a su posición dominante.

“Al asumir el país enfrentaba un ambiente de seguridad extremadamente peligroso: fronteras desbordadas -narcoterrorismo creciente en el hemisferio occidental- dudas sobre el control de zonas estratégicas como Panamá o Groenlandia -debilidad de la OTAN- amenazas rusas en Ucrania -crisis en Oriente Medio- con el crecimiento acelerado del poder militar chino”.

La nueva estrategia trumpiana sostiene que nada de esto “era inevitable, sino resultado de décadas de mala conducción política y desperdicio de poder militar”.

Ahora, bajo el liderazgo de Trump, la prioridad vuelve a ser proteger directamente a Estados Unidos y restaurar la capacidad militar decisiva.

Entorno de seguridad: realismo sobre amenazas concretas.

“Los paliativos no son remedios en nuestra posición miro todas las paces como cortas treguas. Tengo demasiado interés en dejar la iniciativa a los extranjeros, los conozco bien, ellos serán los primeros en retomar las armas, o en darme motivos justos para retomarlas. Estaré preparado ante cualquier acontecimiento”. Napoléon

Esta estrategia se diferencia porque “no pretende imponer el modelo estadounidense al mundo entero y asume que se concentra en amenazas reales contra la seguridad, libertad y prosperidad de EUA”, como lo planteó Jean Paul Bertaud en su estudio y que puede leerse en el axioma de poder geopolítico de Trump, en tanto “toda negociación que limitara su hegemonía sobre el continente resultaba para Napoleón inaceptable”.

Amenazas principales identificadas.

China es descrita como “el rival más significativo del siglo XXI". El objetivo “no es destruirla, sino impedir que domine el Indo-Pacífico”.

“Rusia seguirá siendo una amenaza constante, pero Europa debe asumir mayor responsabilidad”.

“Irán no debe obtener armas nucleares y continúa apoyando redes regionales armadas”.

“Corea del Norte representa una amenaza directa por su arsenal nuclear”.

Traza la estrategia de defensa nacional cuatro líneas de esfuerzo principales:

1. Defender el territorio nacional: asegurar fronteras, combatir narcoterroristas, modernizar defensa nuclear y cibernética, y desarrollar el sistema “Golden Dome for America”.

2. Disuadir a China mediante fuerza: construir una postura sólida en el Indo-Pacífico para evitar agresión.

3. Aumentar el reparto de carga con aliados: Europa debe liderar su defensa, OTAN debe aumentar gasto, EU apoyará sin cargar solo.

4. Impulsar la base industrial de defensa: revitalizar la producción militar nacional con innovación, IA y eliminación de obstáculos.

El caso de la República Popular de China en el espejo trumpiano.

Por cualquier medida, China ya es el segundo país más poderoso del mundo, solo detrás de Estados Unidos, y el estado más poderoso en relación con los Estados Unidos desde el siglo XIX.

“Y aunque China enfrenta desafíos internos muy significativos en términos económicos, demográficos y sociales, el hecho es que su poder está creciendo.

Beijing ya ha gastado enormes cantidades en el EPL (Ejército Popular de Liberación), en los últimos años, a menudo a expensas de las prioridades internas”.

De hecho “la velocidad, la escala y la calidad del histórico fortalecimiento militar de China hablan por sí solas, incluyendo fuerzas diseñadas para operaciones en el Pacífico Occidental, así como aquellas capaces de alcanzar objetivos mucho más lejanos”, previendo que el Indo-Pacífico pronto representará más de la mitad de la economía global.

“La seguridad, la libertad y la prosperidad del pueblo estadounidense están, por lo tanto, directamente vinculadas a nuestra capacidad de comerciar e interactuar desde una posición de fuerza en el Indo-Pacífico”.

“Si China, o cualquier otro, llegara a dominar esta amplia y crucial región, podría vetar de manera efectiva el acceso de los estadounidenses al centro de gravedad económico del mundo, con implicaciones duraderas para las perspectivas económicas de nuestra nación, incluida nuestra capacidad de reindustrialización”.

Es por eso que la NSS (Estrategia de Seguridad Nacional), dirige al DoW a “mantener un equilibrio favorable de poder militar en el Indo-Pacífico, no con el propósito de dominar, humillar o estrangular a China”.

Por el contrario, nuestro objetivo “es mucho más limitado y razonable que eso: simplemente es asegurar que ni China ni nadie más pueda dominarnos a nosotros o a nuestros aliados”.

“Esto no requiere un cambio de régimen ni alguna otra lucha existencial. Más bien, es posible una paz decente, en términos favorables para los estadounidenses pero que China también pueda aceptar y sobre la cual pueda vivir”.

Esa es la premisa de la visión realista de poder desnudo del presidente Trump hacia la diplomacia con Beijing. Al mismo tiempo, prevé que los esfuerzos de su Departamento de Guerra proporcionarán la fuerza subyacente para este enfoque.

Conclusión

Estados Unidos busca en sus propios términos una paz realista basada en el uso selectivo y decisivo de la fuerza.

Ofrece cooperación, pero siempre preparado para usar fuerza determinante, si es necesario.

La Estrategia Nacional de Defensa 2026 prioriza la simiente post terrorista del 11 de septiembre de 2001 en EUA -Security Homeland- busca centrarse en contener a China, exige más a aliados y reconstruye el poder industrial-militar estadounidense para asegurar paz mediante la fuerza.

A pesar del péndulo en el que se mantiene frente a todos en sus diversas políticas y decisiones, el Presidente Trump ha evidenciado que sus efectos de poder buscan que se Respete a EU o asuman las consecuencias.

Cajón de sastre.

La doctrina jurídica del derecho internacional consensuada durante siglos estableció reglas incluso para la Guerra, también para la Paz en el mundo.

Esos postulados han pretendido dejarse en el olvido por la nueva definición de la potencia armamentista del orbe: los Estados Unidos cambian su paradigma de relación con otras potencias, con las demás potencias aliadas y nucleares, con los países emergentes.

En Davos, Suiza y en clara resistencia a lo anterior, Mark Carney el Primer Ministro de Canadá manifestó frente a un importante universo de gobernantes y líderes empresariales del mundo que “las potencias intermedias deben actuar juntas porque si no estás en la mesa, estás en el menú” advirtiendo de “la coerción de las grandes potencias” sin mencionar expresamente a los Estados Unidos de América.

Ayer domingo 25 de enero del 2026, Carney intentó matizar su posición aduciendo que Canadá “no tiene planes de buscar un acuerdo de libre comercio con China” mientras Trump ha proclamado imponer 100% de aranceles impositivos a los bienes importados” a su país vecino.

Ese duelo seguirá abierto hasta que se maximicen las consecuencias o una parte ceda, mientras México puede perder un aliado valioso en su disposición a la negociación del T-MEC durante el verano próximo, o ver endurecida la posición de Trump para mantenerse en el tablero del futuro comercial binacional con México.

Lo que es un hecho es que México tendrá que repensar su política exterior con extrema inteligencia y frialdad para enfrentar tan clara amenaza.

¿El compromiso político de Donald Trump en noviembre que implica ganar elecciones para su partido y conservar mayorías en el Congreso norteamericano ha de propiciar un cambio en el diseño de nuestra política?.

Aún no lo tenemos claro.

La geopolítica se hace en el camino y sobre todo ante un Presidente Trump que representa impredecibilidad, impetuosidad, resolución, predilección a la dramatización y la acción espectacular para lograr sus fines de corto y mediano plazo- un desafío permanente.

Pero el trazo del mediano y largo plazo ha sido aquí esbozado.

No nos engañemos.

Vayamos sopesando las líneas de acción que se articulan desde la Oficina Oval de Trump y su estrategia de Seguridad Nacional estadounidense.

Una valoración objetiva y profunda de ello nos permitirá comprender lo que debemos hacer, lo que ha de redefinirse a favor de nuestros intereses estratégicos y geopolíticos y lo que decide -paso a paso- nuestra Presidenta Dra. Sheinbaum, para que se logre preservar nuestra soberanía como nación.

Pedro Isnardo De la Cruz es Doctor en Ciencias Políticas y Sociales y profesor en la UNAM. Publicó en 2017 Decisiones estratégicas presidenciales en EUA: El aprovechamiento de la ocasión en crisis de Seguridad nacional y Terrorismo. George W. Bush y Barack Obama (2001-2012).

Juan Carlos Reyes Torres es Licenciado en Derecho por la Universidad Iberoamericana, con estudios en Ciencia Política y Administración Pública por la UNAM y profesor de Teoría del Estado.

Coautores de Para entender la 4T (2019), con el sello editorial de Stonehenge México.

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