El Supersecretario de Trump, Marco Rubio, ha acumulado un nivel de poder interno sin precedentes al desempeñar simultáneamente múltiples funciones clave del gabinete presidencial: asesor de Seguridad Nacional (interino), administrador de USAID (En funciones): responsable de la reestructuración de la agencia de ayuda exterior para ser alineada con los intereses nacionales y titular del Departamento de Estado, clave en el diseño y ejecución de la política exterior de EE. UU.

Su nivel de influencia ha sido comparada con la figura histórica, estratégica y de proyección global de Henry Kissinger, lo que por ahora debe considerarse un despropósito, no obstante el dominio profesional y las posiciones de Rubio en el sistema presidencial, de seguridad e inteligencia nacional estadounidense.

Rubio representa a un personaje bien articulado y consistente ante los medios masivos, con carisma propio, con capacidad para el debate y es a su vez, quien le ha dado cosmovisión ideológica y contenido pragmático a las decisiones y las posiciones más controversiales de Trump respecto a Gaza, Groenlandia, Irán, Venezuela y Cuba.

En las encuestas nacionales, ante Trump (quien lo ha elogiado en público y le considera “un candidato genial”) y dentro de los núcleos duros del Partido Republicano, Rubio se sabe bien posicionado, pero sabe que el Vicepresidente Vance las tiene todas consigo frente a él.

Vance sería un adversario implacable y por eso Rubio incluso se ha descartado explícitamente para suceder a Trump en favor de la unidad MAGA y del Partido Republicano, si Vance se postula para relevar al presidente empresario estadounidense más polémico de la era contemporánea.

Más pragmático radical que Trump, el futuro político inmediato de Rubio está ligado al éxito de su doctrina presentada en la Conferencia de Seguridad de Múnich 2026 hace unos días, donde propuso la reindustrialización de Occidente; presiona a Latinoamérica con un plan de "tres fases" para forzar cambios de gobierno en Cuba y Venezuela, tras la captura de Nicolás Maduro en enero de 2026 sin que se descarte en ese tablero un crisol de designios en la misma ruta estratégica para México (ante los que ahora el gobierno de nuestro país ha resistido con eficacia).

Tal como J.D. Vance lo hizo en la conferencia de Munich el año pasado, Rubio delineó el papel de Europa frente al mundo, invitándoles a cuidar de sus intereses de la mano de los Estados Unidos, como herederos de la cultura europea, presumiendo que de ello los americanos se sienten orgullosos y condicionando a las potencias Europea y estadounidense a cuidar el legado cultural de Occidente.

Una Europa “fuerte”, “renovada” y de “destinos entrelazados” en lo religioso/cristiano/consanguíneo en espejo trasatlántico, es en la oceánica retórica diplomática de Rubio frente a líderes, gobernantes y élites europeas, código de profunda desconfianza y recelo ante las piezas maestras de poder desnudo que Trump ha proferido y demostrado en su segundo mandato.

La soberanía de las naciones e instituciones democráticas, el cambio climático, el financiamiento y el respaldo humanitario a procesos migratorios, la regulación de los discursos de odio y las plataformas digitales, el no respaldo a movimientos y partidos extremistas de derecha, la entrega territorial de Ucrania a libres manos de Putin, son una agenda de desencuentro profundo en la política exterior de Trump/Rubio/Vance que debemos asumir sin dialéctica con la mayoría de las naciones europeas.

Probablemente, mientras acumula poder y prestigio, Rubio no logró su cometido en la conferencia de Munich en Europa: respiran ganas de ser humillados, expectativa de consentimiento desventajoso, reclamo de servilismo estratégico frente a los imperativos de Trump, Putin y Xi Jinping, gobernantes chino y ruso que no fueron referidos por Rubio en su afamado discurso reciente.

Europa está condenada a extremar sus contradicciones y sus conflictos internos de poder entre sus potencias y liderazgos, para renovar sus propias fortalezas, capacidad defensiva de auto preservación, influencia mundial y de contribuir a los equilibrio de poder que la geopolítica compleja actual no ofrecen al mundo: mientras las asimetrías y hegemonías deseen imponer su guión preeminente, sólo alianzas y resistencias de sociedades, naciones e inteligencias estratégicas y de movilización europeas, africanas, latinas y dentro de instituciones y liderazgos socio políticos estadounidenses, pueden volver a gravitar para que la disputa de proyectos de futuro, no sea dominada por la ley de la selva de los hiperpoderes mundiales ni imperen desenlaces dictados fuera de sus soberanías.

Pedro Isnardo De la Cruz es Doctor en Ciencias Políticas y Sociales y profesor en la UNAM. Publicó en 2017 Decisiones estratégicas presidenciales en EUA: El aprovechamiento de la ocasión en crisis de Seguridad nacional y Terrorismo. George W. Bush y Barack Obama (2001-2012).

Juan Carlos Reyes Torres es Licenciado en Derecho por la Universidad Iberoamericana, con estudios en Ciencia Política y Administración Pública por la UNAM y profesor de Teoría del Estado.

Coautores de Para entender la 4T (2019), con el sello editorial de Stonehenge México.

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