Tanto los protagonistas de las operaciones militares coordinadas por Estados Unidos e Israel iniciadas el 28 de febrero en Irán, como el régimen de los mulá que ha sobrevivido y resistido a los embates, han cancelado hasta ahora toda salida al conflicto.

Sabemos que la aniquilación del enemigo -paradigma occidental de la victoria- es posible con la conflagración nuclear, pero también que el costo de la paz y de la economía mundial ha rebasado escenarios disruptivos, de modo que el escalamiento del conflicto -poco probable pero posible- puede llevarnos de alrededor de los 110 dólares del precio internacional del barril de petróleo hasta ahora, hasta 170 dólares (“Informe de las consecuencias de la guerra”, Cisne Negro Consultores, próximo viernes).

El propio excanciller estadounidense Henry Kissinger había subrayado que la paz de Medio Oriente no sería posible sin que Irán fuese impedida de ser una potencia nuclear y advirtió que la naturaleza de la guerra Irán-Israel era la incapacidad de ser disuadidos.

Esa es la trampa que debe resolver el Presidente Trump en el embrollo que se ha metido él, a su gobierno y a su nación: la ilusión de que tenía el control del tiempo, de los resultados y de la victoria de la guerra, se ha ido desvaneciendo dramáticamente ante sus ojos.

Irán ha logrado pasar factura diaria a los estadounidenses del costo de la guerra y al tomar el estrecho de Ormuz y realizar embates militares contra la mayoría de los países de Medio Oriente, lo que ha sellado el precio geopolítico y geoeconómico global de la guerra, instigada por Trump y Netanyahu.

La trayectoria que están tomando el curso de los acontecimientos en Irán y Medio Oriente eleva a niveles de barbarie, salvajismo y crueldad los que ya datan desde las guerras en Irak-Irán, Irán-Israel-Líbano-Gaza-Cisjordania, Rusia-Ucrania.

¿Seguiremos invisibilizando y deshumanizando a las víctimas y poblaciones inermes de las guerras?

¿Seguiremos legitimando los crímenes de guerra y la suspensión de sus leyes a manos de regímenes opresores y decisiones de poder desencadenantes de ideologías/agendas iliberales/fundamentalistas/políticas de terrorismo de Estado?

¿Son la destrucción de las naciones, el caos y la desestabilización de los regímenes hostiles el nuevo código de las relaciones internacionales, la dominación del otro y garantía de la seguridad nacional?

Con la guerra iraní-israelí/estadounidense asistimos no sólo a la exacerbación de lo más desalmado inherente a las lógicas del terror y la industria de la guerra -vestidas como causas nacionalistas, místicas y de seguridad nacional-, sino también a la radicalización de la paranoia y la apuesta por la humillación del enemigo, como matrices arbitrarias y cínicas de la toma de decisiones, al insuflar conflictos bélicos y poner en riesgo vidas de personas y poblaciones enteras inocentes.

Pronto veremos si la negociación estilo siciliana del Padrino estadounidense de la paz y la guerra ha prosperado, o si se confirma una especie de nuevo fracaso vietnamita acerada por la incursión de tropas estadounidenses en suelo iraní (como escenario que podrá también imputarse al desmadejamiento gubernamental élite castrense en las últimas semanas), o si el régimen islamista de los ayatola confirman un nivel de predicamento mayor a la ofensiva occidental, después de que han logrado neutralizar la estrategia militar de los ejércitos israelí-estadounidense, con efectos sísmicos en la geopolítica regional y la economía global.

Desde hace más de 7 décadas de conflictos bélicos y mediados por el terrorismo en el mundo, no hay forma de alcanzar victoria y menos que el enemigo declarado reconozca que ha sido vencido, lo que ha sido recreado con guerra de desinformación, ridiculización y de adoctrinamiento, por ambos bandos en disputa.

Mientras, en Medio Oriente los países se dividen ya sea a favor del régimen iraní que goza del respaldo de V. Putin, o apoyando a Israel/EUA o incluso a Ucrania, para renovar sus escenarios de resistencia y defensa; Europa, por su lado, ha buscado una ruta de fortaleza propia evitando comprometerse en la guerra iraní/israelí-estadounidense.

Si todas las opciones son pésimas para Trump ante un contexto de policrisis de su Presidencia (precios cada vez más elevados de bienes básicos cotidianos, costos crecientes de la gasolina/diesel, presupuesto de defensa nacional aprobados a medias por el legislativo federal, declive consistente en las encuestas de opinión pública, descalabro en el movimiento MAGA a su respaldo en la guerra iraní, crisis de gobierno en la élite castrense en medio de la guerra más importante que libra EUA, disolución de confianza y lealtades de países aliados en Europa/OTAN), de modo que incluso el respaldo de último momento de Xi Jinping o de V. Putin para que supere el hoyo negro de su crisis presidencial y de guerra, podría representar a Trump una salida ineficaz, deshonrosa e indeseable.

La dominación de la no disuasión como arma de guerra, la ausencia de diplomacia eficaz, la perpetuación en el poder de líderes/gobernantes/regímenes mesiánicos/no magnánimos, puede haber concluido desde hace mucho tiempo, en detrimento del presente y futuro de la humanidad.

Pero no debemos olvidar que existe -en lógica siciliana nuevamente y desde la visión unipolar preeminente estadounidense- un diseño estratégico en las acciones militares estadounidenses, absolutamente concatenadas y meditadas centradas en el control energético del mundo, que hasta ahora le ha estado resultado exitoso desde su espejo de modelo hegemónico.

Sin embargo, en el corto plazo, el alargamiento del fin de la guerra contra Irán provoca inflación en la economía estadounidense, que presiona en detrimento de la imagen positiva de Trump de cara a los comicios de noviembre.

Lo que sí es un hecho es que la Presidencia de Trump tiene una estrategia múltiple de poder, donde la no disuasión como arma de negociación consigo mismo, es estrategia de guerra y tejido de nuevo crisol hegemónico -no negociación frente a la necesidad de afianzar sus intereses futuros como potencia mundial nuclear militar sin par- que por ahora, puede haberse encontrado con su primer y verdadero campo minado (iraní), que no está claro si lo superará exitosamente.

El tiempo político para Trump se acorta estrepitosamente, pero aún veremos jugadas temerarias del líder más inasible de la historia contemporánea.

Pedro Isnardo De la Cruz es Doctor en Ciencias Políticas y Sociales y profesor en la UNAM. Publicó en 2017 Decisiones estratégicas presidenciales en EUA: El aprovechamiento de la ocasión en crisis de Seguridad nacional y Terrorismo. George W. Bush y Barack Obama (2001-2012).

Juan Carlos Reyes Torres es Licenciado en Derecho por la Universidad Iberoamericana, con estudios en Ciencia Política y Administración Pública por la UNAM y profesor de Teoría del Estado.

Coautores de Para entender la 4T (2019), con el sello editorial de Stonehenge México.

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