El ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán no es solo un episodio bélico, es un sismo de gran magnitud en los cimientos del poder global.

Mientras los misiles caen sobre Teherán, Moscú y Beijing se mueven para convertir la vulnerabilidad de Irán en una contraofensiva que cambie el tablero económico y geopolítico.

La yugular del mundo: El factor Ormuz

Para entender la gravedad de esta escalada, hay que mirar al Estrecho de Ormuz, un angosto paso marítimo entre Irán y Omán que funciona como la arteria principal del planeta.

Por este "cuello de botella" circula diariamente el 20% del petróleo mundial y una tercera parte del gas natural.

Cualquier bloqueo temporal, dispara los precios de la energía global.

Si Irán decide cerrar esta yugular como represalia detiene el crudo de Medio Oriente y con ello presiona a las economías de Europa y Asia.

Rusia: El gran beneficiario del caos energético

Para Putin, la inestabilidad en el Golfo Pérsico es un tanque de oxígeno en un momento crítico.

Con el Estrecho de Ormuz bajo amenaza, el precio del barril Brent ha roto la barrera de los 83 USD, inyectando millones de dólares adicionales al presupuesto ruso.

Las petroleras rusas Rosneft y Lukoil viven un ascenso fuerte en la bolsa de Moscú.

Rusia ya no necesita competir con el petróleo iraní barato: ahora se posiciona ante China e India como el único proveedor capaz de garantizar un flujo constante a través de oleoductos.

Moscú recupera una palanca de presión que creía perdida: si el gas de Qatar se detiene por el conflicto, Europa volvería a mirar al Kremlin para evitar que se frene su operación industrial.

Aquí otra clave es a su vez si las consecuencias de la guerra contra Irán forzará a que la mayoría de la veintena de países de Europa sigan evitando que Rusia mantenga su influencia y su ofensiva contra Ucrania; no olvidemos que Suecia y Finlandia se han persuadido de que deben unirse a la OTAN contra la política agresiva de V. Putin.

China: El dilema del gigante hambriento de energía

Para Xi Jinping, el escenario es mucho más complejo.

China es el mayor importador de crudo del mundo y ha dependido del petróleo iraní con descuento para alimentar sus refinerías.

La interrupción de estos envíos golpea directamente su competitividad industrial; sin embargo, Beijing está transformando este riesgo en una oportunidad.

En el plano económico, está acelerando la integración energética con Rusia para reducir su dependencia de las rutas marítimas.

En el plano geopolítico, China ha desplegado una ofensiva diplomática agresiva, posicionándose como la "voz de la razón" frente a la desestabilización generada por Trump.

Al condenar los ataques, Beijing busca consolidar su influencia, presentando a Washington como un agente de inestabilidad que ignora la soberanía nacional y la vigencia del derecho internacional.

Las próximas jugadas

En los próximos días veremos muy probablemente el anuncio de la construcción final del gasoducto Power of Siberia 2, consolidando una alianza energética entre Rusia y China.

Ante el daño a la industria iraní, Rusia podría comenzar a suministrar sus propios drones a Teherán, invirtiendo los roles de proveedor para asegurar que su aliado no colapse.

Conclusión

Lo que Washington e Israel diseñaron como un golpe para desmantelar la amenaza iraní puede convertirse en el catalizador de una integración Rusia-China sin precedentes.

Si el flujo de crudo por el Pérsico se detiene, el flujo para China se desplazará hacia oleoductos rusos en tierra firme.

Eso hará que el oso y el dragón se abracen con una fuerza difícil de disolver.

Pedro Isnardo De la Cruz es Doctor en Ciencias Políticas y Sociales. Publicó en 2017 Decisiones estratégicas presidenciales en EUA: El aprovechamiento de la ocasión en crisis de Seguridad nacional y Terrorismo. George W. Bush y Barack Obama (2001-2012). Es especialista en temas de sistema político electoral y seguridad pública y diseñó la metodología de análisis estratégico y cualitativo DISENSUM aplicada a campañas presidenciales.

José Antonio Dorantes es consultor en comunicación, relaciones públicas y manejo de crisis, con especialidad en el desarrollo de mensajes para activar cambios de percepción en el ámbito político, el cuidado de la salud y las finanzas personales. Tiene una certificación en Marketing Digital por la Columbia Business School y una en Leading Organizational Change por el Massachusetts Institute of Technology.

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