No cabe duda de que las plataformas digitales son uno de los mejores inventos tecnológicos del siglo XXI. Construyendo sobre la idea original de internet, que surgió para permitir un vasto cúmulo de información y una comunicación cada vez más instantánea, las plataformas habilitaron la interacción entre las personas.
Hoy las utilizamos a diario para comunicarnos, compartir fotos, videos, pensamientos, recetas de cocina, libros y todo tipo de información. Las plataformas también han habilitado modelos de negocio que conectan la oferta con la demanda de forma instantánea, como en los casos de Didi o de Airbnb. Tal vez ni sea necesario mencionar las plataformas de comercio electrónico que conectan a muchos consumidores en México directamente con plantas de producción en China, como Temu o Shein, o las aplicaciones móviles bancarias que han extendido sus servicios para evitar visitar las oficinas físicas.
Los beneficios de todas estas plataformas son innegables. Por ejemplo, destaca el desarrollo de habilidades psicomotoras o la inmersión e interacción con contenidos digitales. Sin embargo, quiero detenerme para comentar las últimas noticias en redes sociales. En entregas anteriores he comentado cómo los algoritmos de las redes sociales mantienen enganchados a los usuarios durante mucho tiempo; esto asegura que las compañías dueñas de las plataformas puedan cobrar precios más altos a los compradores de publicidad. Las consecuencias de utilizar las plataformas por mucho tiempo al día —principalmente videos cortos— se relacionan con ventanas de atención menores, con una pobre autorregulación emocional, sobre todo en niños y en adolescentes, e incluso un desempeño académico más bajo. Asimismo, existe una relación entre el tiempo de uso de las redes sociales y el desarrollo de la depresión. Hace algunos días, un jurado de Estados Unidos condenó a Facebook y YouTube a pagar una multa a una joven que las demandó por haberse vuelto adicta a Instagram y YouTube. Este veredicto sienta un precedente importante porque distingue entre el contenido y el diseño de las plataformas.
Por un lado, el contenido que suben los usuarios a las plataformas no es propiamente responsabilidad de las compañías sino de los usuarios. Las empresas han desarrollado “reglas de la comunidad”, reglas de negocio que rigen la comunicación y la libertad de expresión en sus plataformas. De esta manera, las empresas tratan de moderar los contenidos. De esta manera, las empresas argumentan que no son ellas, sino los usuarios, quienes pueden infringir esas normas. Si bien la libertad de expresión está garantizada en la Constitución y la moderación de las plataformas, a veces va incluso en contra de la misma ley, el diseño de las plataformas es el foco de la atención actual. Desde hace más de diez años, una preocupación constante ha sido el engagement —el enganche— de los usuarios. Conforme las plataformas pasaron a convertirse en algo parecido a monopolios, uno de los riesgos de su modelo de negocio es el uso escaso o nulo, o incluso la pérdida de usuarios.
Dado lo anterior, las plataformas han diseñado algoritmos basados en recompensas instantáneas, estímulos constantes y vidas perfectas de los influencers. Cuando la radio era el medio de comunicación más importante, los programadores de música se dieron cuenta de que los oyentes se mantenían ‘enganchados’ cuando intercalaban una canción clásica con una nueva (el formato de canciones de tres minutos también se diseñó para enganchar a la audiencia). Algo parecido ocurre con las redes sociales. Los videos cortos fueron diseñados para enganchar. ¿La gente usa las redes sociales porque quiere? Con el diseño de algoritmos enganchadores, no es el usuario quien toma la decisión; es la plataforma.
Como ciudadanos del siglo XXI, debemos convertirnos en consumidores de información alfabetizados para entender qué son las plataformas digitales y utilizarlas de modo que nos ayuden a resolver problemas cuándo, cómo y dónde los necesitemos –como los muchos videos de recetas de cocina, por ejemplo. Educarnos para utilizar adecuadamente es un primer paso para ser mejores consumidores.
*Académico de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Anáhuac México
Email: pavel.reyes@anahuac.mx

