El consumidor post Covid-19: ¿qué cambiará?

Pável Reyes Mercado

Las cifras del Inegi muestran que el Producto Interno Bruto (PIB) del segundo trimestre de 2020 disminuyó en 18.9% respecto al mismo periodo de 2019. Mientras que el PIB de las actividades primarias se redujo sólo en 0.3% en el mismo periodo, para las actividades secundarias la caída fue de 26.0% y para el sector servicios en 15.6%.

No queda duda del impacto económico en el corto plazo derivado de la pandemia de Covid-19. Menos clara es la forma en que la economía se recuperará en el mediano y largo plazos. Los pronósticos van desde el escenario pesimista en forma de “L” que sería provocado por una segunda oleada de contagios, hasta el escenario optimista de recuperación rápida en forma de “V”.

Un escenario intermedio se refiere a una recuperación que tiene la forma de la paloma; es decir, una caída brusca con un crecimiento sostenido pero lento. En esta ocasión, adelanto algunas ideas relacionadas sobre este último escenario de recuperación a la que pueden contribuir los cambios en los patrones de compra de los consumidores.

Varios sectores económicos han tenido impactos que van desde la quiebra de pequeñas y medianas en el sector servicios, como los restaurantes, hasta la cancelación de operaciones de manufactura de grandes empresas globales.

El impacto para las familias se ha reflejado en forma de reducción de ingresos, desempleo y una alta incertidumbre sobre su situación económica actual y futura. Ante esta situación, es posible que el comportamiento del consumidor cambie en por lo menos tres formas: que desarrolle una mayor cautela en su gasto, que mantenga una alta sensibilidad en cuestiones de higiene y que sustituya productos que antes de la pandemia le daban valor y que ahora ya no lo hacen.

En primer lugar, en cuanto a la cautela, es bastante probable que, en un mundo con más incertidumbre, el consumidor cancele y posponga sus decisiones de compra, sobre todo de los productos que implican un alto desembolso de dinero como lo es la compra de una casa, un auto o bienes duraderos. Las drásticas disminuciones en la venta de autos y la contracción del sector inmobiliario que la pandemia sólo acentuó dan cuenta de esto y es posible que la recuperación en estos sectores sea la más lenta.

En segundo lugar, la intensiva comunicación de riesgos de salud por el gobierno federal ha permeado en toda la población y prácticamente la preocupación por la higiene es general. Incluso, en semanas anteriores las ventas de gel desinfectante llegaron a ser limitadas por las mismas tiendas minoristas.

Y no sólo la demanda de productos de higiene y limpieza ha crecido, sino que se han desarrollado nuevos estándares de higiene para los servicios de entrega de productos comprados en línea, restaurantes, supermercados y vuelos.

Es bastante probable que estos hábitos se mantengan durante mucho tiempo, además del uso de cubrebocas que, en algunos países asiáticos, como China o Taiwán, se volvió hasta cierto punto habitual después de la pandemia de SARS en 2002.

En tercer lugar, los consumidores están buscando productos empáticos. Es decir, que le ayuden a satisfacer las nuevas necesidades que han aparecido como consecuencia del periodo de cuarentena en el hogar. Tal vez el cambio más drástico se ha dado en el tema de una transformación digital que la pandemia de Covid-19 aceleró como nadie lo había imaginado.

Las empresas, incluso las más pequeñas, se han adaptado de una manera interesante. Por ejemplo, algunos pequeños negocios ahora realizan todo su proceso de venta en canales digitales: anuncian y promocionan sus productos en grupos de WhatsApp; acuerdan la compra con mensajes directos a cada consumidor; por medio de Google Maps llevan los productos a domicilio y para evitar contacto con dinero en efectivo –donde el virus causante de Covid-19 aparentemente puede permanecer activo hasta dos días– reciben pagos electrónicos por CoDi o SPEI.

Si bien, la infraestructura digital puede parecer endeble, ha probado ser una innovación ‘más que suficiente’ para asegurar su operación. Es probable que el consumidor pueda incluir cada vez más este tipo de servicios digitalizados que le ayuden a cubrir sus necesidades.

En suma, es necesario seguir analizando los cambios en los patrones de compra de los consumidores como fuente de generación de valor y que contribuyan a una más rápida aceleración económica.

 
Profesor de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Anáhuac México
Email: [email protected]
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