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Ulalume González de León y Víctor Manuel Mendiola, poetas II

07/11/2019
01:51
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Ulalume, poeta

En mi recuerdo de Ulalume siempre está el célebre arquitecto Teodoro González de León, su esposo durante muchos años, padre de sus hijos, a quien, me consta, Ulalume adoraba y celaba con pasión. Mi relación con ella fue de parejas. Nos empezamos a frecuentar, Salvador Elizondo y yo, con los González de León a raíz del regreso de Octavio Paz a México, quién llegó con mucho brío para animar a la literatura mexicana que se encontraba dispersa entre las revistas Siempre, La Revista de la Universidad y otras más. Para esto, Octavio reunió a un nutrido grupo de escritores afines a su ideología para fundar la revista Plural, con el apoyo de Julio Scherer, director del periódico Excelsior, misma que terminó, después de publicarse durante cerca de dos años, con la estrepitosa caída, por razones políticas, del Excelsior; y por ende el despido de Scherer, que ocurrió precisamente el día que el presidente Echeverría inauguraba el Canal 13, cuya dirección quedó a cargo de otro amigo nuestro, don Enrique González Pedrero, a su vez pareja, entonces, de la escritora Julieta Campos. Lo sé porque Enrique me contrató para tomar las fotografías de la gran inauguración, con pompa y circunstancia, del “Canal 13”, cita de trabajo a la que acudí desconcertada, naturalmente, por la noticia que cayó como bomba la mañana de ese día.

Con la caída de Plural, Octavio Paz y sus colaboradores se armaron de valor para fundar otra revista, en esta ocasión independiente, para continuar el proyecto literario; así nació Vuelta, que se manejaría con un Consejo de Redacción en el que solamente dos escritoras fueron incluidas: Ulalume González de León y Julieta Campos, ambas amigas nuestras.

Ulalume nació con el signo de la poesía. Uruguaya de nacimiento y mexicana por adopción y convicción, fue hija de poetas. Su padre, Roberto Ibáñez, fue un connotado poeta, y su madre, Sara de Ibáñez, no se diga, fue una gran poeta, muy reconocida y galardonada, quien tomó el apellido de su esposo para firmar sus poemas y lo mismo hizo su hija Ulalume, quien, como su madre, adoptó el apellido de su esposo para desarrollarse como literata.

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Ulalume era una mujer muy emotiva y sensible. Era un mujer de estatura pequeña, bien formada de cuerpo, con unos grandes ojos color marrón. Al verla me parecía que su rostro era el de una niña azorada por el mundo que la rodeaba. Su gran conocimiento de los idiomas español, francés e inglés la llevaron a ganarse el respeto y admiración de sus colegas.

Salvador la consultaba siempre que tenía algún tropiezo o duda en su escritura. De verdad la admiraba y la reconocía como una verdadera mujer intelectual, capaz de traducir, escribir poemas y demás.

Víctor Manuel Mendiola, poeta.

Para seleccionar a los aspirantes a la beca que el Centro Mexicano de Escritores otorgaba a jóvenes literatos, a principios de los años 70, Salvador Elizondo, como sinodal o juez, no hacía concesiones y se tomaba muy en serio su trabajo a la hora de escoger a los candidatos, quienes durante el periodo de un año tendrían que desarrollar sus textos y leerlos en la sesiones que se realizaban semanalmente, los miércoles en la tarde, específicamente, bajo el escrutinio de los escritores Juan Rulfo, Francisco Monterde y del propio Elizondo. Los sinodales eran severos y exigentes y algunos de los becarios llegaron a llorar a causa de las la críticas, según me contaba Salvador cuando llegaba a casa después de las sesiones del CME.

Al compartir durante un año con los becarios y por los escritos que presentaban, Salvador se daba cuenta muy bien de aquellos que despuntaban para llegar a ser buenos escritores, según el género literario al que aspiraban.

Víctor Manuel Mendiola, muy joven, ganó la beca en poesía y pronto Salvador reconoció que tenía talento, por lo que optó por recomendárselo a Ulalume González de León. Ella le hizo caso y llamó por teléfono a Mendiola para decirle que Elizondo lo había recomendado.

Empezó entonces una relación literaria, respetuosa y fructífera entre la experimentada poeta, ensayista y traductora Ulalume González de León y el joven poeta Víctor Manuel Mendiola, quienes trabajaron juntos y se retroalimentaron en su quehacer literario hasta la muerte de ella.

Salvador Elizondo años después escribió en su diario:

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Cuaderno de Diario número 73, página 6

Jueves 3.XII.98.— …Hoy me llegó un poema de Mendiola que se llama “Las 12.00 en Malinalco”, tiene algo. Muchas influencias, pero tiene mucho propio emotivo y directo. Un poema largo que se lee en una sentada como recomienda Poe. Sí es poeta Mendiola. (Continuará…)

Paulina Lavista nació en la Ciudad de México en 1945. Documentalista, investigadora y fotógrafa.