Salvador Elizondo Pani y su hijo, aspirante a ser artista (XVI)

Paulina Lavista

Su padre lo apoya en todo. El joven se inscribe en la escuela de pintura al aire libre “La Esmeralda” al mismo tiempo que toma clases particulares de pintura

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De una extensa carta fechada el 5 de noviembre de 1945 que mi suegro, don Salvador Elizondo Pani, le manda a su hijo, quien cursaba la preparatoria en Ottawa, Canadá, extraigo algunos fragmentos. Mi suegro adoraba a su hijo y procurando ayudarlo a encontrar su vocación le escribe:

“Mi querido pelón:

…Nunca se me ha ocurrido forzar tu vocación. A tus padres será lo último que pueda ocurrírseles, pero sí tenemos la obligación, y lo haremos, de guiarla. No me lances con tanto desprecio el calificativo de ‘practical man’. Quién sabe qué entiendas tú por esto, pero si quieres decir por ello que desde los 17 años no sólo me basto a mí mismo, sino que también, por la situación de pobreza de mi familia, desde esa edad tuve que atenderla económicamente y si a esto le agregas que a pesar de esta circunstancia siempre procuré superarme intelectualmente alcanzando una cultura un poco por encima de la media, que inteligentemente puedo hablar de cualquier manifestación cultural, que siempre estoy al tanto de los acontecimientos artísticos, políticos, económicos del mundo y que hablo correctamente cinco idiomas, entonces estoy conforme con ser un ‘practical man’ y no me avergüenzo de ello, sobre todo cuando esta situación me permite hacer de ti un ‘intelectual man’, y tu eres lo que más quiero y más me interesa en este mundo.

“Estoy encantado de que te dediques al ‘arte’ ¿pero, te das cuenta de todas las actividades que esta palabra entraña?, ¿vas a dedicarte al ‘arte’ en cuanto se refiere a no ir a la peluquería, andar sucio y mal vestido, o realmente vas a escoger una de esas ramas? Mucho me gustaría que fueras pintor, escultor, músico, en fin, algo definido y no una profesión tan abstracta como la de artista.

…Mi pequeño rebelde, reciba un millón de besos de su padre,

Salvador Elizondo Pani”

El joven Elizondo, aspirante a artista, al regresar a México después haber cursado la preparatoria en Canadá, parece escuchar los consejos de su padre y su primera vocación, antes de definirse como escritor, fue la pintura. Su padre lo apoya en todo. El joven se inscribe en la escuela de pintura al aire libre “La Esmeralda” al mismo tiempo que toma clases particulares de pintura con el maestro Jesús Guerrero Galván. Presenta entonces su primera exposición, que financia su padre, donde ejecuta un retrato de la actriz Irasema Dilián, entre otros. El joven se dedica por completo al arte de la pintura por algunos años hasta se va a Italia para pintar y nutrirse del arte de los grandes maestros... (Continuará)

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