Salvador Elizondo Pani, su hijo y yo (XVII)

Paulina Lavista

Poco a poco fui conociendo a mi suegro que era muy afable conmigo. Luego, cuando se enteró que me dedicaba a la fotografía, me vendió a plazos, muy moderados, su cámara Hasselblad

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La historia de mi suegro y el destino de C.L.A.S.A. la conozco a medias, fue un tema que no platiqué con mi esposo Salvador Elizondo Jr., sólo sé que cambió de dueño y que una noche “alguien” saqueó Los Estudios C.L.A.S.A. y todas las máquinas, cámaras, luces, etc., fueron a parar a los flamantes Estudios Churubusco. Ignoro si mi suegro los vendió o qué pasó realmente.

Yo conocí a mi suegro a finales de 1968, cuando apenas empezaba yo mi relación con su hijo. Me llevó Salvador a un brindis navideño, muy elegante, en casa de sus tíos Carlos y Sarita Pani.

Para entonces, Salvador Elizondo Jr. había vivido muchos cambios en su vida. Abandonó su primera vocación, que fue la pintura, según me contaba, cuando estaba en Italia; ante la visión de los grandes maestros de la pintura se sintió incapaz y se rindió. Luego decidió estudiar cine en París en el L.I.D.E.C.; a su regreso se casó con Michéle Alban y procreó dos hijas, Mariana y Pía. Con ella definió su verdadera vocación, empezando en una especie de simbiosis de sus orígenes familiares, en centrar sus intereses en el cine y la literatura. Creó con el grupo Nuevo Cine una revista especializada en el cine de “avangard”, o cine de “autor” y la revista S.NOB, básicamente literaria. Después de escribir Farabeuf, o la crónica de un instante, la novela que lo consagró como escritor, Salvador Elizondo hijo tuvo una crisis existencial que derivó en su divorció de Michéle.

Hacia 1969, Salvador y yo habíamos consolidado nuestra relación y solíamos comer algunos sábado con sus hijas, mi suegro y su esposa, la alemana Ana Thoens. Poco a poco fui conociendo a mi suegro que era muy afable conmigo. Luego, cuando se enteró que me dedicaba a la fotografía, me vendió a plazos, muy moderados, su cámara Hasselblad, lo que le estaré siempre agradecida , pues con esa cámara fui capaz de ganarme la vida y ayudar a mi matrimonio en los gastos cotidianos.

Platicando con Salvador se acordó que su papá aún era socio de un negocio en el centro de la ciudad dedicado a la publicidad y a los rótulos para la promoción del cine.

En una de nuestras idas al centro, que tanto nos gustaba, Salvador me llevó a conocer el negocio de su padre, donde nos recibió con mucho afecto su socio, el señor Caballero. En esta ocasión publico una fotografía fechada el 26 de julio de 1969 que le tomé a Salvador esa vez… (Continuará)

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