Nos habíamos quedado en que visité a mi tía María Luisa Camacho, madre de mi primo hermano Mario Lavista, para que me contara cómo fueron los primeros pasos de Mario hacia su aprendizaje de la música. Mi tía política, a sus 103 años, con una asombrosa lucidez y memoria inusitada, me narró los primeros pasos de este compositor tan notable:

“Mira Paulina la verdad es que me casé muy enamorada pero desafortunadamente Mario Lavista Peimbert, el padre de mis hijos gemelos llamados como nosotros, Mario y María Luisa, no resultó ser buen marido, aunque era cariñoso como padre era un hombre desobligado y flojo y no vi un futuro alentador a su lado, por lo que decidí divorciarme de él cuando mis hijos eran muy pequeños. Me fui a vivir con mis padres a un departamento en la colonia Del Valle, me busqué un buen trabajo en un despacho de contadores y así pude sacar a mis hijos adelante ante la adversidad. Mis padres cuidaban de mis hijos mientras yo salía a mi trabajo.

“Mario creció sin la figura paterna que fue sustituida por mi padre, Ramón Camacho Corona, que, como te conté, era apoderado de toreros, negociaba corridas de toros, cantaba flamenco acompañándose de la guitarra y adoraba la ópera. En casa solíamos oír ópera en discos y desde pequeño mi hijo Mario se emocionaba con La Bohemia, de Puccini.

“Cuando mis hijos tenían alrededor de 9 años iban a la escuela ‘Brígida Alfaro’, y un día me llamó la maestra de piano que tocaba en la escuela en la ceremonias y festivales escolares llamada Adelina Benítez para decirme que el pequeño Mario la estaba sacando de quicio porque cada vez que ella tocaba el niño se acercaba al piano a mirar fijamente cómo lo hacía y que le parecía que tenía muchas ganas de aprender a tocar el piano y que, si yo aceptaba, ella podría darle clases por las tardes en su casa. Yo le contesté que yo no tenía piano y que el niño no podría practicar los ejercicios. Aún así accedí a llevar a mis dos hijos gemelos a las clases de piano a casa de la maestra Benítez, quien de inmediato me dijo que el niño Mario aprendía muy rápido, no así su hermana, a la que le interesaban más las muñecas. Con el tiempo, la maestra Benítez consiguió que Mario fuera a practicar por las tardes en el piano de la escuela, realmente se lo tomó muy en serio, se iba en camión muy entusiasmado a practicar y, según la maestra, avanzaba muy rápido.

“Mi familia, continuó mi tía, es de Córdoba, Veracruz, y en vacaciones íbamos a Córdoba al Ingenio ‘El Potrero’, que era de mi familia, nos gustaba ver la zafra y a mi hijo Mario le encantaba ir porque ahí tenían un piano de cola que podía tocar el tiempo que quisiera… si debo admitir que la música desde niño le apasionó”, concluyó mi tía. (Continuará)

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