El destino de un especialista y yo (VII)

Paulina Lavista

En 1937 el éxito llega para el joven músico Raúl Lavista y con éste la responsabilidad de perfeccionarse y convertirse en dos años en un especialista

Consumado su amor y feliz, después de su boda, mi padre, el músico Raúl Lavista, quien debutó en el cine mexicano en 1934 , primero como autor de la canción “Ana” para la película Dos monjes, luego en 1936 como compositor de la música para el documental Irrigación, entró de lleno, a los 22 años de edad, en lo que sería su “especialidad” en su faceta como compositor de la música de fondo o acompañamiento, como se le suele nombrar, para su primera película de largometraje: Judas, estrenada en el cine “Rex” el 4 de septiembre de 1936. Recibió por ello la atención de la crítica y entre los recortes del archivo de mi padre encuentro que en 1936 a la música para el cine se le consideraba y se hablaba de ella, sin embargo, hoy en día los críticos cinematográficos mexicanos nunca se han ocupado de hablar de la música de fondo de las películas mexicanas, cuando en muchos países, como Francia o Estados Unidos, la consideran muy importante. Por ejemplo, en la Cineteca Nacional hay la “Sala Julio Bracho”, “La Sala Tata Nacho” (que no era compositor de cine), etc. Jamás pensaron en los músicos de cine como mi papá o Manuel Esperón, Antonio Díaz Conde o Silvestre Revueltas, entre otros.

¿Cuál es el gran éxito de las películas El Padrino I y II que nos hace verlas una y otra vez? —me pregunto. Pienso y me respondo: Simplemente es la música de Nino Rota, que le da ese toque nostálgico que acentúa muy acertadamente el espíritu italiano, origen de los personajes, sobre todo cuando usa el salterio, un instrumento idóneo.

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El maestro Raúl Lavista, 1936. Foto: CORTESÍA ARCHIVO FAMILIA LAVISTA
 

Encuentro en el archivo un amplio artículo firmado por E. Hernández Moncada, titulado: A PROPÓSITO DE LA MÚSICA PARA LA PELÍCULA JUDAS, del cual extraigo un fragmento:

“(…) La exhibición de la película Judas dio al público la oportunidad de conocer a Raúl Lavista como compositor; los músicos ya habíamos oído hablar de él como un joven de talento y de acción. Su talento lo acaba de demostrar escribiendo la partitura para Judas, logrando una obra que puede calificarse de importante. Su música es interesante al grado de que, estando destinada a subrayar la acción de la película, muchas veces la sobrepasa en importancia. Se advierte al escuchar la juvenil fogosidad de su autor y se descubre su fantasía no carente de lógica...”

En 1937 el éxito llega para el joven músico Raúl Lavista y con éste la responsabilidad de perfeccionarse y convertirse en dos años en un especialista.

Veamos: En 1936 hace una película (Judas). En 1937, antes de que nazca su primera hija, Esther, hace dos (A la orilla de una palmar y Guadalupe la Chinaca). En 1938 hace cinco (Pescadores de perlas, La virgen de la sierra, El circo trágico, Luna criolla y Una luz en mi camino).

En 1939 hace siete (La canción del huérfano, El muerto murió, El fantasma de medianoche, Corazón de niño, Viviré otra vez, Odio, El secreto de la monja), y así sucesivamente hasta llegar a la asombrosa suma de haber musicalizado, a lo largo de su vida, alrededor de 370 películas mexicanas y cerca de 10 norteamericanas. (Continuará)

 

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