Don Salvador Elizondo Pani y familia en Berlín, 1936 (VI)

Paulina Lavista

En la Alemania de 1936 se establecen en Berlín don Salvador y su familia. Su suegra, Josefina, única hermana del gran poeta Enrique González Martínez —como lo he mencionado en esta serie de memorias sobre mi suegro—, regresa a México después de dejarlos instalados.

Comienza el trabajo diplomático de don Salvador y deja a su esposa, de nombre Josefina también, la tarea de organizar su nueva casa en un ambiente diferente y extraño. Ella inscribe al pequeño niño en el kindergarten más cercano a la casa que habitan en Berlín, muy cerca del Reichstag. Todo parece estar bien y comienza la familia la experiencia de vivir un “momento muy particular” de la historia de la humanidad, en un país donde se gesta una ideología de odio.

Mi suegra, doña Josefina, lleva al niño a la escuela a diario hasta que a los pocos días pasa mi suegro por el parque cercano a su casa y ve a su hijito sentado dentro de un grupo de niños pequeños que son llevados al parque por sus maestros. Unos están sentados en las bancas donde da el sol, otros están sentados en unas bancas pintadas de amarillo donde no da el sol: las bancas amarillas son para los niños judíos y el pequeño Salvador está sentado en las bancas amarillas. Resultó que mi suegra se confundió entre el idioma alemán y el yidish e inscribió al niño en una escuela de judíos. Al darse cuenta del error, el niño fue cambiado de inmediato a otro kínder, en alemán, por supuesto, donde el pequeño aprenderá a leer y a escribir en ese idioma que, tal vez, fue definitivo en su formación como escritor en su vida adulta.

Para evitar más confusiones, mis suegros contratan a una nana alemana. El pequeño se adapta, aprende alemán y su nana, férrea en su labor, le cambia la alimentación y lo enseña a comer arenques, sopa de cola de res, a saludar de taconazo y lo lleva a los desfiles militares de los soldados nazis.

A pesar del intenso trabajo en la embajada de México en Berlín, don Salvador se da tiempo para fotografiar la ciudad y sus edificios, dejando un testimonio visual importante para la historia.

Publico en esta ocasión una fotografía de la autoría de mi suegro del Reichstag, edificio que fue quemado y destruido meses después… (Continuará)

 

 

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