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Destino de una vocación… y yo (XI)

Paulina Lavista

Tenía yo 26 años de edad cuando lo fotografié sin que se percatara de mi presencia hasta que oyó el disparo de mi cámara

Esta es la imagen que más recuerdo de mi padre: En su salón de música tocando el piano, atrás, las fotografías de sus músicos predilectos, Claude Debussy y Maurice Ravel (ídem al piano). Tenía yo 26 años de edad cuando lo fotografié sin que se percatara de mi presencia hasta que oyó el disparo de mi cámara. Hacía tres años que no vivía yo en la casa familiar de la que partí en 1970 para formar pareja con el escritor Salvador Elizondo.

Mi padre dejó entonces de tocar el piano y me senté a platicar con él mientras mi madre terminaba de dar clases de pintura a un grupo de cinco alumnas que la veneraban.

Le pregunté a mi padre que cuáles habían sido los momentos más difíciles de su faceta como compositor de música para el cine:

“Bueno en realidad casi siempre me fue bien, al principio me tranzaron algunos productores y no me pagaron mi trabajo, con el tiempo formamos una Sociedad de Autores y Compositores de Música (SACM) y desde entonces los pagos no fallaron.

“Sí recuerdo un mal momento, muy angustioso, que pasé. Un productor guatemalteco de apellido Zeceña produjo la película Pecado, en la que actuaban, si mal no recuerdo, Tere Velázquez y Jorge Mistral. El productor estaba muy contento porque acepté componer la música para su película y tuvo la ‘brillante idea’ de que la música se grabara en Guatemala City con la Orquesta Sinfónica de allá.

“Y así fue, terminé la música y volé en avión a Guatemala llevando la partitura y las partichelas conmigo. En el hotel, al revisar la música, me di cuenta que por primera vez mi copista, el señor Contreras, me había fallado y me entregó las partichelas sin terminar. Menudo problema en que me puso, ¡carajo! No te imaginas el infierno que fue conseguir algún copista en Guatemala City, acabé copiando yo mismo la música con el respectivo coraje encima. Lo resolví finalmente y vino entonces la grabación de la música. Como no había salas de grabación con aislamiento del ruido, ésta se llevó a cabo en un teatro, por lo que para poder grabar ¡PARARON EL TRÁFICO DEL CENTRO DE LA CIUDAD DURANTE OCHO HORAS...!

“Otro momento muy difícil fue cuando preparaba yo los playback de una de las tres películas que hice donde aparecía la bella Christiane Martel, Miss Universo, que ya no recuerdo cual fue. Tenía que ensayar conmigo una canción y la cité en mi casa. La belleza llegó puntual, en un coche sportivo vestida en shorts rojos, una camisita sin mangas, zapatos tennis sin calcetines…fue muy difícil ser un caballero a su lado. Me sentí como el personaje de la película La comezón del séptimo año, con el deseo lanzarme en sus brazos y decirle te adoro”. (Continuará)


En la foto: Maestro Raúl Lavista, 1972. Cortesía Paulina Lavista 

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