Consecuencias de la aventura policiaca con don Salvador Elizondo Pani (XIX)

Paulina Lavista

En un dos por tres, don Salvador se instaló en el pequeño departamento que le encontramos, consiguió un buen trabajo de gerente y se compró un ranchito

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Pía, Mariana, Salvador y yo con don Salvador Elizondo Pani en Yautepec, Morelos el 18 de marzo de 1972. Foto: Cortesía de Paulina Lavista.

Quedando en el misterio lo que le sucedió a mi suegro todo parecía volver a la normalidad, sin embargo, no fue así. Sonó el teléfono temprano en la mañana unos días después del rescate. Era mi suegro que nos llamaba desde el hotel Camino Real, donde estaba hospedado tomándose unas vacaciones. Citó a su hijo en el restaurante del hotel para comer y una vez más le pidió ayuda: Resultó que a don Salvador Elizondo Pani le urgía rentar un departamento porque se había separado de su esposa, la alemana Ana, y necesitaba que le ayudáramos a buscar uno; además se había distanciado de sus socios y quedado sin trabajo y sin casa a los ¡¡¡67 años de edad!!!

Todo era muy sospechoso. En esa época Salvador y yo leíamos de Sir Arthur Conan Doyle, con pasión, las historias de su personaje Sherlock Holmes y tratábamos de aplicar la ciencia de la deducción para esclarecer los hechos. ¿Por qué se separaba de Ana?, ¿con cuáles de sus socios se había peleado?, ¿quién lo había herido y por qué? Nunca lo supimos. Mi suegro era parco en su plática y hablaba muy poco de sí mismo.

Su hijo estaba muy nervioso y preocupado por su papá. Yo lo ayudé buscando un pequeño departamento para su papá cercano al nuestro y le conseguí una sirvienta, doña Carmela, la portera del departamento que habitábamos en la colonia Hipódromo, para que le hiciera el desayuno y la limpieza: y recuerdo que me dijo mi suegro: “Por favor Paulina, consígame una sirvienta para que me haga el desayuno con salsas de chile picante, pues hace muchos años que extraño la comida mexicana”.

Mi suegro era un hombre práctico y con valentía resolvió rápidamente su vida que dio un vuelco de 360 grados. A su edad solicitó trabajo en Bancomer. Recuerdo que mi amiga María Victoria La Tata Pérez Correa me había comentado, por esas fechas, que ella trabajaba en Bancomer y había entrevistado a mi suegro para su solicitud de una vacante para un trabajo en la gerencia de asuntos internacionales y que SÍ lo había conseguido debido a sus capacidades, a pesar de su edad.

En un dos por tres, don Salvador se instaló en el pequeño departamento que le encontramos, consiguió un buen trabajo de gerente y se compró un ranchito porcino llamado “Los naranjos” en Yautepec, Morelos, para pasar los fines de semana. Le conseguimos también, a su petición, un cachorrito mestizo que nombró El Dandy, que se llevó al ranchito y con el que se encariñó mucho.

En la imagen que publico en esta ocasión aparecemos la familia (sin su esposa Ana, naturalmente), en un restaurante en Yautepec después de nuestra primera visita al ranchito de don Salvador Elizondo Pani, otrora el zar del cine mexicano… (Continuará)

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