La semana pasada, la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó un proyecto de ley para prohibir el uso de la plataforma TikTok en ese país. La condición para seguir operando es que su propietario chino ByteDance venda la aplicación a una empresa estadounidense. El asunto es que esa venta requeriría de la aprobación del gobierno chino, y eso es algo que no se ve en el panorama.

Por otro lado, falta aún la discusión en el Senado, donde seguramente entrarán en juego los intereses electorales. Prohibir una plataforma tan popular, sobre todo entre los votantes jóvenes, no es buena idea en plena batalla por la Casa Blanca. Pero incluso en el supuesto caso de que se aprobara por los senadores, en tribunales le esperaría una larga y compleja batalla legal.

Tik Tok es utilizada por aproximadamente 170 millones de personas en la Unión Americana y tiene un valor estimado en 100 mil millones de dólares. Pero lo más valioso de la plataforma es la información a la que se puede acceder con ella y la enorme influencia que se puede ejercer.

Eso es precisamente lo que preocupa a las autoridades estadounidenses: que la data de TikTok esté a disposición del gobierno chino. Consideran que está en riesgo la protección de la privacidad de los datos de los usuarios y, más aún, temen el uso que puedan darle para influir en decisiones clave. Es un enorme poder en manos de una nación con la que las tensiones crecen y rebasan ya el ámbito comercial.

China reaccionó al proyecto de ley planteando que este “pone a Estados Unidos en el camino opuesto a los principios de competencia leal y de las normas económicas y comerciales internacionales". Así lo dijo el vocero del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, Wang Wenbin. Una postura polémica si tomamos en cuenta que aplicaciones estadounidenses como YouTube, Instagram, Twitter y Google, por mencionar solo algunas, llevan muchos años prohibidas en China.

No es la primera vez que TikTok se enfrenta a la posibilidad de ser bloqueada en EU. El gobierno de Trump intentó en 2020 forzar su venta. Hoy sabemos que no lo logró. Todo indica que este nuevo intento por vetarla no prosperará. No, al menos, en este año electoral. Sin embargo, una vez superada la cita con las urnas, la discusión seguramente regresará debido a que ya hay quien lo considera un asunto de seguridad nacional.

Esta disputa entre potencias globales nos obliga a dimensionar la importancia estratégica de las nuevas tecnologías. Si bien la información siempre ha sido fuente de dinero y de poder, en la realidad actual adquiere un mayor valor por el nivel de detalle que se maneja en la llamada Big Data. Quienes la tienen, poseen también la cada vez más valiosa capacidad de influir masivamente.

Lamentablemente México no le ha apostado ni a la investigación ni al desarrollo tecnológicos, lo que no solo nos excluye de esa inmensa fuente de generación de riqueza, también nos deja al margen de la posibilidad de influir.

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