No vamos a parar

Paola Rojas

Queremos llegar sanas a casa, queremos que se nos valore en el trabajo igual que a nuestros compañeros, queremos no sentir miedo

El 8 de marzo del año pasado, poco antes de que la pandemia metiera casi al país entero en sus casas, miles de mujeres salimos para manifestarnos por nuestros derechos. En aquella marcha histórica que pintó las calles de morado, gritamos unidas por el dolor, el hartazgo y el miedo con el que muchas viven. Nos unimos para exigir justicia ante la indiferencia que muestran las autoridades en un país en el que son asesinadas más de diez mujeres cada día. Fue un abrazo masivo y hermoso que reafirmó nuestra unidad y aumentó nuestra fuerza.
Al día siguiente, 9 de marzo nos fuimos al paro laboral voluntario. Con “El 9 nadie se mueve” le demostramos al país y al mundo lo valioso que es nuestro trabajo. Bastó un día sin nosotras para dejar de generar 30 mil millones de pesos, 15% más de lo previsto por la Concanaco. A esa cifra habría que sumarle la correspondiente al trabajo doméstico, nunca remunerado y pocas veces reconocido.

Desgraciadamente el confinamiento al que nos obligó la pandemia incrementó la terrible violencia de género que ya nos amenazaba. El riesgo de contraer Covid dejó a muchas atrapadas en casa con su agresor. Con él compartiendo permanentemente el espacio, las posibilidades de denunciar se redujeron muchísimo. Aun así, en abril cuando apenas empezaba el encierro, se reportaron 143 llamadas por hora relacionadas con violencia familiar y sexual.

La emergencia sanitaria representó también un duro golpe en términos económicos. Según el Inegi, 5.7 millones de mujeres se quedaron sin trabajo. Dentro del sector formal, el 25.8% de las mujeres fueron suspendidas de sus puestos durante la pandemia. La mayoría de las que han conseguido volver a emplearse lo han hecho en el sector informal, con toda la vulnerabilidad que eso implica. Además, la reincorporación al mercado laboral es muy complicada porque han sido las mujeres quienes han asumido la tarea de cuidar a los enfermos y a los niños que permanecen en casa.

México necesita a sus mujeres. Según el Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco), si sumáramos 8.2 millones de mujeres a la economía en los próximos 10 años, el PIB podría ser 15% mayor. Las ventajas son enormes. Hay mediciones que muestran que las empresas que suman a más mujeres, sobre todo en cargos directivos, logran aumentar hasta 55% su margen de ganancias. Sin embargo, la brecha salarial no ha desaparecido y seguimos ganando menos por hacer el mismo trabajo.

Para lograr que más mujeres tengan un empleo remunerado, hay que invertir en el sistema público de cuidado infantil. Pero en México hemos ido a la inversa: las estancias infantiles se cerraron a principios de esta administración y todavía no hay un programa que las supla. No olvidemos que en la Ciudad de México, una de cada cuatro familias está encabezada por una mujer. Ella sola tiene que proveer el sustento y cuidar a los hijos. Con las escuelas cerradas y las estancias infantiles canceladas, ¿quién está cuidando a los hijos de las mujeres jefas de familia? 

Por eso estamos unidas, por las muertas, las desaparecidas, las abusadas, las desempleadas, las amenazadas y las golpeadas. No podemos por ahora abrazarnos, pero sí apoyarnos y exigir juntas justicia. Queremos vivir en paz, queremos llegar sanas a casa, queremos que se nos valore en el trabajo igual que a nuestros compañeros, queremos no sentir miedo. Nos une el dolor y nos une también fuertemente el amor. Esta alianza llegó para quedarse. Mientras sigan las agresiones, los abusos y la desigualdad, no vamos a parar. 

@PaolaRojas

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