México en llamas

Paola Rojas

El pronóstico es que la situación empeore porque este será un año cálido y seco

Este fin de semana se reportaron más cien incendios forestales activos en 20 estados del país. Se estimó una superficie afectada superior a las 27 mil hectáreas. La Comisión Nacional Forestal (Conafor) informó que más de 3 mil 700 brigadistas trabajaron para tratar de combatir el fuego. Lamentablemente, parecen no tener la capacidad de atender tantos siniestros.

Los daños al medio ambiente son enormes. De entrada, la biodiversidad peligra en las 12 áreas naturales protegidas que están actualmente afectadas por incendios. La Reserva de la Biosfera Isla de Guadalupe, el Parque Nacional Cumbres de Monterrey, las Reservas de la Biosfera de la Sierra de Manantlán y de la Mariposa Monarca así como muchas zonas de protección forestal cuya preservación es crucial, están amenazadas. Algunos incendios han ocurrido cerca de lugares poblados. La calidad del aire que se respira en esos puntos representa un riesgo para la salud.

El pronóstico es que la situación empeore porque este será un año especialmente cálido y seco. Lo terrible es que, aun con este panorama, el dinero asignado a la Comisión Nacional Forestal se redujo. Así me lo confirmó Ramón Silva, Coordinador General de Conservación y Restauración de esa entidad. “Ha venido menguando el presupuesto, pero con lo que tenemos vamos a hacer frente”.

En entrevista explicó que el problema de los incendios se atiende de forma interinstitucional. Se suman las capacidades a nivel municipal, estatal y federal; participan Protección Civil, Guardia Nacional y las Secretarías de Defensa y Marina. Aseguró que existe una buena coordinación. Sin embargo, cuando le pregunté si la situación podría desbordarse, su respuesta fue preocupante: “Sí, hay que estar muy conscientes de eso”.

El titular de la Conafor, Jorge Castaño Martínez, ha hablado de la necesidad de contar con prevención cultural, física y normativa. Con esto último se refiere a la necesidad de que existan sanciones para quienes causan incendios. Y es que, si bien muchos son originados de forma accidental, hay algunos iniciados intencionalmente. Lo habitual, más allá del origen de los siniestros, es que no haya consecuencias para quienes los generan. Ahí también reina la impunidad.

La súplica a la población en general es no utilizar fuego en zonas forestales. A los campesinos se les pide extremar cuidados durante las quemas agrícolas. Sería bueno sumar a estas peticiones una a quienes se encargan de asignar el presupuesto: háganlo con visión, inteligencia y cautela. Es increíble que en un año con temperaturas más altas y menos precipitación, se redujera el dinero para combatir incendios. Una cosa es austeridad y otra es poner al país en una situación así de vulnerable.

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