La muerte de Nemesio Oceguera, El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, desató el caos. Hubo violencia en al menos veinte estados y más de setenta personas fueron asesinadas. Autos incendiados, caminos bloqueados y negocios dañados hicieron que el miedo se dispersara por todo al país a una velocidad inusitada.

A la par de estos hechos reales, los medios digitales y las redes sociales se llenaron de contenido falso que avivó el temor de todos. Circularon imágenes de escenas inexistentes como un avión incendiado o una iglesia en llamas; se reportaron enfrentamientos y ataques donde no los hubo; se aseguró que turistas estadounidenses eran tomados como rehenes en caminos y hasta en hoteles; se habló de la toma de aeropuertos y de ataques indiscriminados a civiles.

Esas imágenes alteradas, sacadas de contexto o generadas con inteligencia artificial acrecentaron el pánico y confundieron aún más a quienes tenían que circular por las carreteras del país. Los reportes falsos de bloqueos hicieron que reinaran la confusión y el miedo.

Todo indica que parte de ese contenido falso fue generado por grupos criminales que buscaron amplificar el temor en el terrible contexto de bloqueos, explosiones y disparos reales. El miedo es para ellos una mercancía muy redituable. Las extorsiones y otros delitos no funcionarían sin él.

El crimen organizado es hoy experto en tecnología. Ha invertido lo necesario para estar a la vanguardia. Tiene bots, narcoinfluencers y medios digitales a su disposición para difundir lo que sea que convenga a sus intereses.

El secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, dijo que ya se habían identificado varias cuentas vinculadas a grupos criminales y que se investigaría su relación directa con organizaciones delictivas.

 Sí hubo bloqueos, autobuses incendiados, ataques a gasolineras y disturbios en varias regiones, pero en internet la situación parecía aún más grave.

Si ese es el tamaño del problema en condiciones normales, en un contexto de violencia la desinformación se convierte en combustible. Ya no se trata de tendencias digitales, se trata de percepción de control, de estabilidad y de confianza pública.

El crimen organizado pudo haber entendido entonces que, dominar la narrativa puede ser tan estratégico como dominar el territorio. La violencia intimida. La desinformación paraliza.

Hoy las nuevas armas no solo disparan balas, también disparan rumores. Y cuando la mentira se viraliza más rápido que los hechos, el daño deja de ser virtual. Es profundamente real.

@PaolaRojas

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