México se ha convertido en el país más peligroso del mundo para ejercer el periodismo. Cinco periodistas han sido asesinados apenas en lo que va del año. El caso más reciente es el de Héber López Vázquez, baleado el jueves pasado en Salina Cruz, Oaxaca. Algunos de los fallecidos eran beneficiarios del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos, con lo que queda demostrado que este instrumento no es efectivo.

Ya desde 2019, México era el país con más casos impunes de comunicadores víctimas de ataques letales. De acuerdo al Índice Global de Impunidad del Comité para la Protección de los Periodistas, somos también el lugar en el que hay más desaparecidos pertenecientes a este gremio. Otros han recibido amenazas y se han visto forzados a desplazarse con todo y sus familias.

La Sociedad Interamericana de Prensa ha pedido reiteradamente al presidente que tome acciones para prevenir la violencia en contra quienes se dedican a informar. Lamentablemente, ha ocurrido lo contrario y desde el poder se han lanzado ataques verbales a la prensa.

Leopoldo Maldonado, director regional de Artículo 19, confirmó en entrevista que este nivel de hostilidad hacia la prensa no tiene precedente: “No teníamos registro de una espiral de violencia letal como la que estamos enfrentando durante estas primeras seis semanas de 2022. Lo que estaríamos esperando del jefe del Estado mexicano es una condena enérgica pública, pero, al contrario, lo que estamos escuchando todos los días es una particular virulencia y descalificación a la prensa.”

Habló también de lo ocurrido el viernes en la conferencia mañanera: “Lo que vimos en el caso del periodista Carlos Loret de Mola es rebasar unos límites que ya resultan bastante preocupantes. Es usar el aparato de Estado, la información que tiene la Secretaría de Hacienda, para atacar y someter al escarnio público a un periodista que le ha sido muy incómodo al presidente.” Que se mostrara la lujosa casa en la que vivió su hijo mayor en Houston lo enfureció a un grado tal, que rompió la ley con tal de exhibir al periodista que difundió las imágenes y que destacó que la mansión pertenecía a un ejecutivo de una empresa contratista de Pemex.

Esto es muy delicado porque los señalamientos y el acoso a los comunicadores generan un entorno propicio para agredirlos en el mundo virtual y en el real. Las distintas formas de violencia se alimentan unas a otras. Estigmatizar a la prensa en un país con tantos periodistas asesinados es peligroso. Pero la amenaza no es solamente para quienes ejercemos esta profesión. Es mucho más lo que está en juego. Cuando la libertad de expresión está en riesgo, lo está también la democracia. Quien crea en ella, tendrá que defenderla desde su trinchera, cualquiera que esta sea.


@PaolaRojas