La madrugada del 3 de enero Venezuela despertó con explosiones, aviones en el cielo y Nicolás Maduro fuera del poder. El mandatario chavista fue capturado por fuerzas de Estados Unidos en Caracas y sacado del país. Horas después, un avión militar aterrizó en Nueva York y lo condujo al Metropolitan Detention Center de Brooklyn, una prisión federal descrita por algunos como un “infierno en la Tierra”.
La Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York lo acusa desde 2020 de narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína y delitos con armas automáticas. La fiscal general, Pam Bondi, confirmó que tanto Maduro como su esposa, Cilia Flores, serán juzgados en un tribunal federal.
Mientras tanto en Caracas, lo que queda del chavismo ordenó que Delcy Rodríguez asumiera como presidenta encargada y anunció un decreto de conmoción exterior con facultades para militarizar infraestructura y reforzar la seguridad. La incertidumbre y el miedo se dejaron ver en las calles vacías y las filas interminables en los supermercados.
Donald Trump aseguró que su administración va a gobernar Venezuela “por un tiempo”; habló de controlar el país y de explotar sus reservas petroleras. Marco Rubio advirtió que pondrá a prueba a Delcy Rodríguez: si no coopera tendrá un peor destino que el propio Maduro.
El presidente estadounidense descartó que la líder opositora María Corina Machado pueda liderar la transición. Dijo que no tiene la fuerza ni el respeto de su pueblo como para gobernarlo. Por su parte, la Nobel de la Paz pidió la movilización total de los venezolanos. Pero quien recibe el llamado no tiene claro hacia dónde moverse; la gente se debate entre el júbilo, el miedo y una transición que aún no tiene forma.
Aún sin claridad sobre lo que pasará, se escuchó el grito de millones de venezolanos en el exilio. Desde distintas latitudes celebraron con banderas y lágrimas la posibilidad de volver a su país y a una realidad añorada: la Venezuela pujante de otros tiempos.
Las reacciones internacionales dibujaron un mundo dividido. La ONU convocó al Consejo de Seguridad tras reportes de al menos 40 muertos en los ataques. México condenó de forma enérgica la intervención militar estadounidense y llamó a respetar el derecho internacional y la soberanía. Junto con Brasil, Chile, Colombia, España y Uruguay firmó un comunicado rechazando las acciones unilaterales estadounidenses.
China expresó su “grave preocupación”, pidió la “liberación inmediata” de Maduro y reclamó “diálogo y negociación”. Rusia e Irán condenaron el ataque y exigieron también que el mandatario venezolano fuera liberado. Será crucial observar si el apoyo de esos países a Venezuela solo se da en el discurso, o si escala a acciones que pondrían al mundo ante una confrontación de preocupantes dimensiones. Sabemos apenas cómo empezó este conflicto. No tenemos idea de cómo terminará.
@PaolaRojas

