Tres días después de celebrarse el 113 aniversario del Ejército Mexicano, sus integrantes reafirmaron su compromiso y valor, al sellar con sangre su lealtad a la Patria, su convicción democrática y el amor por su pueblo.

La operación para capturar a Nemesio Oseguera Cervantes, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación el pasado 22 de febrero, fue el resultado de una labor de inteligencia militar profesional, meticulosa y de gran calado. Las acciones fueron encabezadas por la Secretaría de la Defensa Nacional y la Guardia Nacional, constituyen un paso contundente para la desarticulación de las estructuras criminales y la inaplazable tarea de reconstruir el tejido social y establecer la paz en nuestro país.

Por eso este 24 de febrero la Bandera ondeó en su honor, orgullosa de sus hijas e hijos; en sus colores reafirmó su grandeza y con su escudo apretado lamentó la irreparable pérdida de quienes entregaron su vida sirviendo a la Patria.

Sin duda alguna, fue un operativo exitoso en el que lamentablemente fallecieron 25 guardias nacionales, a cuyas familias externo desde este espacio mis más sinceras condolencias, solidaridad y respeto.

No puedo dejar de mencionar que después del operativo ocurrieron hechos violentos en diversos estados del país y ahí estuvieron de nuevo nuestras Fuerzas Armadas. Contrario a lo que pronosticaron las voces necias de siempre, en menos de 24 horas como lo expresó su comandanta, la presidenta de la República, la situación estaba controlada.

Propios y extraños sabemos que no fue por intromisión, ni por imposición. La coordinación en el intercambio de información no debe sorprender a nadie, sobre todo cuando hablamos de dos grandes socios comerciales y vecinos. Cooperar es gobernar y proteger a México con responsabilidad, no es subordinación.

Por ello, reconocer la asertividad de las acciones y honrar a quienes perdieron la vida en cumplimiento de su deber es una obligación ética. México tiene una deuda y una responsabilidad con el Ejército Mexicano, el Estado no lo dejará solo, como no ha dejado solo al pueblo.

Las vidas perdidas exigen dejar atrás diferencias políticas, porque este es tiempo de unidad y de institucionalidad; es momento de esgrimir un férreo nacionalismo.

Si todas y todos sabemos cuándo y cómo comenzó esta crisis de violencia, entonces debemos sumarnos a la lucha, desde cada trinchera y sin escamotear esfuerzo alguno. La paz se construye en cada acción y en cada espacio, se logra en comunidad. Es claro que la estrategia de seguridad está funcionando, sumémonos y hagámosla propia, tal y como lo hicieron esas mujeres y hombres valientes que pusieron punto final a las acciones de uno de los criminales más buscados.

Gracias, gracias siempre a quienes ya no están con nosotros, gracias a quienes participaron en este y otros operativos, gracias a quienes están en pie de lucha, gracias a quienes privilegian nuestra seguridad y la de nuestras familias. Gracias a esas madres, esposas, padres, novias, esposos, hijas, hijos y abuelas que despidieron y despiden con una sonrisa a sus seres amados, animándolos a cumplir su misión con honor y con verdad, siempre esperando que regresen a casa con la misma dignidad que los vieron partir.

Las lágrimas del secretario de la Defensa tienen historia y narrativa propia, solo los traidores a la patria se niegan a entenderlas.

Ellas y ellos cumplieron su misión, ahora cumplamos la nuestra. No hay duda de la fortaleza del Estado mexicano.

Activista social

@larapaola1

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