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Turismo, entre el impacto profundo y la resiliencia

Pablo Álvarez Icaza Longoria

Con el sector turismo he estado vinculado desde 1993. El entonces director general de Política Turística de la Secretaría de Turismo (Sectur), Manuel Rodríguez Woog, necesitaba contratar a un economista y se dieron las coincidencias de la vida para trabajar ahí. Desde entonces, me llamaba la atención cómo algunos políticos y empresarios creían que el turismo funcionaba independientemente de la situación económica. En plena crisis de 1995, prometían que la actividad ayudaría a sacar del problema al país, porque no alcanzaban a comprender que el segmento doméstico era el predominante y que, ante la pérdida de ingresos y empleos, las familias y las empresas lo primero que recortaban eran los gastos de viajes y de diversión, que se reflejan en la elevada elasticidad al ingreso que tiene el gasto turístico.

Manuel dejó la Sectur en agosto de 1995 y yo, como Director de Análisis Económico, salí en marzo de 1996. Ya no había mucho que hacer, se había cancelado la Encuesta Nacional de Turismo en Hogares (cuatrimestral), que se elaboraba con el Inegi por motivos de austeridad; la Dirección General había sido rebajada a Unidad, encargada más bien de la estadística e información; se contrató a consultores internacionales para el diseño de la política turística -nos encanta la venta de oro por espejitos- y había sido separada de su relación directa con la titular del ramo.

Dejé el sector por varios años para irme al financiero como economista en jefe de Bursamétrica Management (1996-2002) y después al área de encuestas de Presidencia (2002-2006). Posteriormente, regresé al mismo puesto a Sectur en 2007 en tiempos donde el tema de la sustentabilidad cuestionaba la forma en que se había impulsado el turismo con enormes desarrollos, con grave impacto ambiental, y que tampoco había generado empleos de calidad -los datos de la ENOE ratificaban los hallazgos de anteriores encuestas- ni el desarrollo regional prometido. Cancún era lo mismo el arquetipo (negocios rentables) y el estereotipo de lo que no había que hacer provocando la creciente pérdida de arena en las playas y la destrucción de los manglares.

Con la llegada de la gran recesión (2008-2009), el turismo mexicano se vio fuertemente afectado no solo por motivos económicos, sino también por la influenza H1N1 y por la ola de violencia desatada por la guerra contra el narcotráfico. Las autoridades económicas impulsaron la reactivación económica con un incremento del gasto público y una reducción de las tasas de interés de referencia en 2009. Puesto que las empresas turísticas fueron de las más afectadas, hubo apoyos fiscales y crediticos, así como para los trabajadores del sector.

A su vez, se pensaba erróneamente que, con un fuerte gasto de promoción, se lograría modificar la percepción de inseguridad que prevalecía sobre México para atraer a turistas. Esto no funcionó, porque el gasto turístico va rezagado respecto al ciclo económico y mucho más cuando la recuperación en Estados Unidos fue moderada. En ese entonces, como ahora, era un desperdicio incrementar los gastos de promoción en el marco de una recesión tan profunda. En realidad, se hizo porque había intereses creados y motivaciones políticas subyacentes.

La promoción turística se modificó para publicitar la imagen de México desde la Presidencia como una forma de política exterior (low politics) para contrarrestar la percepción negativa que había del país, en lugar de destacar los destinos y productos turísticos. Cualquier esfuerzo en ese sentido no podrían neutralizar el efecto de sucesos como el de la matanza de 72 personas en San Fernando en agosto de 2010, que sigue sin resolverse.

Este afán de transferir las funciones de Sectur a otras instancias, combinado con el motivo de austeridad, llevó al expresidente Felipe Calderón a proponer su fusión con la de Economía. La reacción a la propuesta fue de amplio rechazo, por lo que se vio obligado a dar marcha atrás. Tratando de redimirse con el sector, lanzó en 2011 la Estrategia Nacional del Turismo, definiéndolo como prioridad nacional cuando ya estaba por concluir su administración.

La reforma hacendaria que comenzó a aplicarse en enero de 2014 provocó un bajón en el turismo doméstico por el menor ingreso disponible que implicó. El segmento internacional, en cambio, se veía beneficiado de la recuperación sostenida de la economía de Estados Unidos. A su vez, las advertencias sobre viajar a México se suavizarían por un tiempo hasta agosto de 2017, cuando se reactivaron. A pesar de que la economía mexicana tuvo un desempeño modesto en el sexenio de Peña Nieto (la TMAC del PIB fue de 2.4%), el dinamismo en promedio fue bastante aceptable para el turismo interior e internacional, por lo que se hacía hincapié en su resiliencia.

Con la crisis sanitaria ocasionada por el Covid-19, el temor a viajar se ha vuelto permanente. El Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC, por sus siglas en inglés) considera que México será uno de los países más dañados por el mal manejo de la pandemia; otro sería España, por el resurgimiento del virus, ambos con una participación económica significativa del sector. Sin embargo, países que son fuertemente dependientes de los ingresos del turismo, como Jamaica y las islas del Caribe, presentarán una profunda crisis económica, por lo que requerirán de ayuda externa.

Déjà vu con el gasto de promoción. Organismos privados hacen airados reclamos por el recorte de 176 millones de pesos (63.1%) del presupuesto del Fondo Mixto de Promoción Turística de la Ciudad de México, cuando sería un gasto inútil; más bien lo que deberían sugerir es que ese monto se canalice a favor de los trabajadores y empresas del sector, ya sea como un seguro de desempleo, ingreso de emergencia o apoyos para solventar los gastos que eviten llevarlas al cierre.

 ADENDA

1) La caída de la producción de petróleo en julio, más allá de los factores estacionales (huracanes) demuestra que se está cumpliendo la profecía de Heberto Castillo sobre su derrumbe por la sobreexplotación de los yacimientos. 2) Aristegui Noticias y Proceso han documentado desde hace tiempo las enormes pérdidas que tuvo Pemex por la compra de Fertinal. El semanario destacó el pasado 1 de agosto que se evitaba el caso en el juicio a Emilio Lozoya. La filtración de la semana pasada comprobó su tesis.
 
Catedrático de la EST-IPN
Email: [email protected]

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