Tocar fondo no quiere decir que saldremos pronto del hoyo

Pablo Álvarez Icaza Longoria

En Estados Unidos y México, los debates para explicar la profundidad de la recesión son inversos. Por ejemplo, Paul Krugman la semana pasada en su columna en el New York Times señalaba que de no haber sido por el paquete de apoyo que se otorgó a los trabajadores, especialmente a los de bajos ingresos, la caída de la economía podría haber sido peor. Sin embargo, alertaba que los reportes de empleo de julio muestran que es considerable la pérdida de puestos de muchos de los trabajadores recontratados en mayo y junio, por lo que, para evitar una recaída de la economía, se requiere que el Congreso apruebe un segundo paquete de apoyos económicos, luego de la conclusión el 31 de julio de la entrega de cheques.

La reflexión del Nobel de Economía se da en el contexto de congresistas republicanos que se oponen a la extensión de los subsidios argumentando que ello disparará el déficit presupuestal y, por ende, la deuda pública a niveles exorbitantes, y la creencia de que los apoyos ya no son necesarios porque la economía ya no necesita un empujón, porque ya funciona por sí sola, y que de hecho se está dando una recuperación en V, como lo declaró Larry Kudlow, economista en jefe del Gobierno.

Krugman se lamenta de que los políticos sean insensatos con el retiro de las subvenciones a los trabajadores de bajos ingresos que no cuentan con ahorros o hipotecas para solventar la caída de ingresos. Cuestiona que no se haya aprendido de la experiencia pasada de la gran recesión (2008-2009), cuando el retiro prematuro de apoyos generó una recuperación económica muy lenta, y advierte que una segunda oleada de la crisis vendría por la falta de ingresos que implicaría un recorte de gastos, lo que a su vez generará caída de ingresos (efecto multiplicador).

Remata señalando que “las depresiones no son un buen momento para obsesionarse con la deuda y que recortar el gasto en una situación de desempleo masivo es un terrible error”, por lo que prevé una recesión peor a la pasada.

En México, la discusión se da exactamente al revés. Los fervientes partidarios de la 4T ven como un gran logro que el PIB solo haya caído 17.3% durante el segundo trimestre, porque lo compararon erróneamente con el -32.9% de EU en tasa anualizada, y prevén que en los siguientes trimestres ya se observen crecimientos reflejando la recuperación -cuando es un rebote estadístico- y el arrastre que nos dará el T-MEC. Se enfatiza que fue un gran acierto no elevar el déficit público y, por ende, la deuda para reactivar la economía.

Incluso, retóricamente presumen que, si los pronósticos del PIB para México son similares en 2020 a los de países que utilizaron una gran cantidad de recursos públicos, entonces quiere decir que se hizo lo adecuado, es decir la apología de que cada quien se rasque con sus uñas como la mejor política. La premisa básica es simple: la austeridad evita que crezca la deuda y que nos impongan políticas que no deseamos o, lo que es lo mismo, que se quedaron anclados en la crisis de 1995. La enorme caída y la parálisis económica sólo se deben a la pandemia, por lo que la reducción del gasto y la inversión pública no tienen que ver con ello, dicen.

Mientras que en Estados Unidos la discusión es sobre si deben continuar o no los apoyos económicos, acá se da entre quienes respaldan la política de no ampliar los escasos apoyos que se han dado y mantener los recortes, y quienes consideran que seguir con la política de austeridad fiscal seguirá afectando al sector formal de la economía, generando la quiebra de empresas, sobre todo de las micro y pequeñas, e intensificando el crecimiento del sector informal, rompiendo el endeble tejido social e incrementando la pobreza por la pérdida de ingresos permanentes.

Sobre este último punto, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) ha seguido insistiendo sobre la necesidad de evitar que la pérdida de empleos temporales se vuelva permanente, y ha urgido a los países a incrementar los apoyos fiscales y monetarios para implementar cuatro acciones:

1. Un ingreso básico de emergencia como instrumento de protección social.

2. Un bono contra el hambre.

3. Apoyo a las empresas y los empleos en riesgo.

4. Fortalecimiento del rol de las instituciones financieras internacionales.

Cada una de estas acciones incluye una serie de propuestas concretas, que se pueden consultar en el Informe Especial No. 5 Covid-19. Salvo la última, que no corresponde directamente al gobierno mexicano, ha sido generalizado el rechazo de nuestras autoridades.

Concluyo con un comentario: los apoyos han sido mínimos, incluso comparados con países de América Latina. Hacer la apología de la política de austeridad como el ejemplo que México le está dando al mundo, es terrible. No se están siguiendo las recomendaciones que han hecho Cepal y economistas de izquierda. En cambio, se aplican medidas conservadoras y de derecha. Esto es absurdo. Creer que la pobreza sólo se resuelve con programas sociales es un grave error. Estos son necesarios, pero como lo ha dicho el Coneval, la mejor forma es con sueldos y salarios bien pagados, pero esto será imposible si las empresas cierran permanentemente sus puertas o salen debilitadas de esta crisis.

Los datos de la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE) en junio, pese a la mejoría relativa, nos muestran que el desempleo en México es masivo, no sólo por 2.8 millones de la población desocupada, sino por las personas que salieron del mercado laboral (13.2 millones, de las cuales 5.6 millones fueron ausentes temporalmente), que la informalidad laboral creció en 3 millones de ocupados y que los empleados con ingresos entre uno y dos salarios mínimos subieron 3.5 millones. Estos son los datos duros que no gustan, pero nuestro gobierno hace todo lo contrario a lo que recomiendan Krugman y un largo etcétera.

Adenda

El gobierno chiapaneco prefiere mantener en la cárcel al médico que pidió a familiares que le proporcionaran los insumos para operar a su paciente, que reconocer la carencia de estos. En tanto, el gasto federal del ramo Salud cayó 8.6% en el primer semestre de 2020 con relación al año pasado.
 
Catedrático de la EST-IPN
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