Resolver la emergencia sanitaria primero, luego la económica

Pablo Álvarez Icaza Longoria

El presidente Donald Trump hizo la propuesta de concluir con el aislamiento el 12 de abril, argumentando que el cierre prolongado podría arruinar a la economía, por lo que el remedio podría resultar peor que la enfermedad. El problema es que una apertura prematura podría provocar la reactivación de los contagios del coronavirus Covid-19, echando por la borda todos los esfuerzos y sacrificios de las empresas y los hogares, por lo que ello deberían decidirlo las personas expertas y no un funcionario más interesado en que los efectos económicos de la recesión no dañen sus aspiraciones políticas en la elecciones presidenciales en noviembre.

En México, el presidente López Obrador hacia llamados a no acelerar la fase 2, por los daños económicos que se generaría a la economía, sobre todo a las pequeñas y medianas empresas. Sin embargo, forzado por las circunstancias tuvo que anunciarla en la conferencia mañanera del 24 de marzo, a pesar de que el subsecretario Hugo López-Gatell, había comentado 12 horas antes que no era necesario.

Se requiere una tregua política y más sensatez. Hace 11 años, los gobiernos federal y del Distrito Federal hicieron a un lado sus profundas diferencias y trabajaron conjuntamente. También se necesitó superar dogmas. Dentro del Banco de México y de Hacienda había funcionarios que se negaban a aplicar una política monetaria acomodaticia y una fiscal expansiva. Uno de los miembros de la Junta de Gobierno incluso posteriormente acusó a la Reserva Federal de ser irresponsable porque iba a disparar la inflación.

La realidad es que se pudo contener la epidemia de la influenza H1N1 y el PIB de México luego de caer 5.3% en 2009 creció 5.2% en 2010 (cifras con la última base 2013). Aunque también a toro pasado, persisten las necedades de ambos lados: ha circulado un ensayo firmado por el Dr. José Ángel Córdova Villalobos y el Dr. López-Gatell como coautor poniendo como ejemplo esa experiencia, pero su jefe dice lo contrario.

Pero, del lado contrario, no se quedan atrás. El expresidente Felipe Calderón volvió a destacar hace unos días que había recomendado el cierre de tres secretarías, entre ellas la de Turismo para reducir gastos innecesarios, cuando era uno de los sectores más golpeados y que en ese momento requería más apoyo. Paradójicamente, en 2011 decretó que el turismo era una prioridad nacional.

Podemos observar con estos ejemplos, dos comportamientos de nuestros políticos, pero también de la gente como uno: la mezquindad, no reconocer que tu enemigo pudo tener algún acierto; o la arrogancia, no aceptar que se cometieron errores en el pasado.

Es necesario que se haga una tregua y nos concentremos en cerrar filas gobierno, sector privado y sociedad civil porque se avecinan momentos críticos que requieren de toda la solidaridad entre todas la personas. Las redes sociales y los medios son un buen indicador del uso de la información para golpear. Cuando hace unos días funcionarios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) hicieron un reconocimiento del buen manejo que ha hecho México con la prevención de la pandemia, los simpatizantes de la 4T no dejaron de replicar la nota; pero, cuando el mismo organismo criticó al gobierno por no decretar ya la fase 2, los anti 4T hicieron lo propio.

El Consejo Coordinador Empresarial (CCE) y otros organismos cúpula de los industriales y los empresarios turísticos ya hicieron sus peticiones ante el inminente problema. La respuesta del presidente fue que no habría necesidad de un plan económico de emergencia como lo había insinuado el secretario de Hacienda, y que no había condonaciones ni prórrogas de pagos de impuestos. Que no se haría lo que se hizo en 2009, de apoyar a las empresas.

Sin embargo, el martes salió a anunciar que se tiene un fondo con 400 millones para hacer frente a la emergencia y que no es necesario recurrir a un déficit público como sugieren analistas, académicos y organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), cuya directora volvió a insistir en el tema señalando que la recesión global que se avecina será peor que la de 2009.

Me preocupa que no se acepten recomendaciones por asumir posturas ideológicas, como las de que no hay que hacerle caso a un organismo que promueve el modelo neoliberal; pero también que sectores empresariales se nieguen a aplicar los planes sanitarios, alegando el daño económico de las medidas y máxime porque no confían en que va haber apoyos gubernamentales para paliar la crisis que habrá y no hay que ser experto en economía para preverla.

Se requiere el diseño de un programa para reactivar la economía, pero esto tal vez sólo será evidente cuando la realidad nos alcance. Pero lo que ya nos alcanzó es la emergencia sanitaria, y por ello urge que se ejerza el gasto para apoyar a las instituciones de salud, aprovechando que el Congreso aprobó recientemente un apoyo adicional por 180 mil millones de pesos.

Las y los mexicanos pusimos nuestras barbas a remojar cuando nos enteramos de lo que pasó en Italia y España por no hacer caso a las medidas preventivas, especialmente en el terreno deportivo. Los fanáticos del Valencia yendo al partido del Atalanta contribuyeron a propagar el virus en su país, y los del Atlético de Madrid viajando a Liverpool, lo hicieron en Inglaterra.

Lo peor que nos puede ocurrir como país y como sociedad es que nos la pasemos recriminando quien fue el culpable de la crisis económica. El gobierno, porque se tardó en decretar las medidas de contingencia (para la oposición); o los medios y las redes sociales al apresurarlas por pánico, por lo que se extendió el periodo de paro económico (según partidarios de la 4T). Si no hay una tregua, la polarización nos seguirá destruyendo como pasó en el siglo XIX, cuando el ejército de Estados Unidos venció sin mucha dificultad al mexicano. Al respecto, recomiendo leer la gran novela de Enrique Serna, El seductor de la patria (1999), ahora que hay tiempo.
 
Catedrático de la EST-IPN
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