Lo bueno.- Si alguien hubiese pronosticado que el tipo de cambio interbancario cerraría en 18.886 pesos por dólar en 2019 y que la inflación se situaría en alrededor de 3% hace un año no hubiera sido tomado en serio por lo poco creíble que parecería. Las turbulencias financieras y las amenazas de aplicación de aranceles y de rechazo del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) no afectaron la paridad cambiaria o sólo de manera esporádica, y se debilitaron e incluso revirtieron.

No se presentó el traslado de la depreciación del tipo de cambio a los precios, e incluso sucedió lo contrario. Los temores de que el incremento al salario mínimo generaría inflación tampoco se hicieron realidad y la estrategia de ajustar el alza de los precios de la gasolina al nivel de la inflación contribuyó a ese logro.

La continua aplicación de aranceles de Estados Unidos (EU) a China, benefició a México como proveedor alternativo, por lo que las exportaciones crecieron, no así las del resto del mundo afectadas por la desaceleración de la economía mundial y la fortaleza del peso frente a la mayoría de las divisas.

La recuperación del salario real, al ser mayor el incremento nominal al de la inflación, ha contribuido a que el consumo privado se mantenga creciendo 0.5% en el acumulado a septiembre. El mayor poder de compra de los trabajadores propiciará que más personas salgan de la pobreza y a reducir la desigualdad.

La mejoría de la percepción de corrupción ha contribuido a que se tengan ahorros de gasto que se fugaban para beneficiar a autoridades y empresarios abusivos.

Lo malo.- La inversión fija bruta cayó 4.5% en los primeros nueve meses del año, lo que refleja no sólo la incertidumbre por un entorno interno y externo complicado, sino la falta de confianza de los empresarios con la política económica implementada por el actual gobierno, más allá de la tradicional foto de las cúpulas empresariales con el presidente donde prometen cuantiosas inversiones. El desplome del componente de la construcción fue alarmante.

La reducción de la calificación a Pemex por su deteriorada situación financiera, que pone en grave riesgo la del país, y la insistencia en continuar con la inversión de la refinería de Dos Bocas a pesar de ser un proyecto inviable, con fuerte impacto ambiental y con baja rentabilidad, definido más por criterios políticos y no por razones técnicas bien sustentadas.

El nulo crecimiento del producto interno bruto (PIB) y de las importaciones en los primeros nueve meses del año son caras de la misma moneda: el estancamiento de la actividad económica, que repercute en una baja creación de empleos y en un menor crecimiento de los ingresos públicos.

La creciente violencia e inseguridad que ha afectado a la actividad económica en general, así como la posibilidad de que el turismo se diversifique a nuevos destinos. En muchas regiones del país la falta de autoridad se asocia a un estado fallido y sin la aplicación del Estado de derecho.

Lo feo.- El abandono de la planeación como una forma de diseñar y ejecutar la política pública. El 12 de julio se publicó en el DOF el Plan Nacional de Desarrollo, documento idéntico al que se presentó el 30 de abril y que sustituyó al elaborado mediante un proceso de consultas con diversas dependencias, expertos e integrantes de la sociedad civil que fue presentado como Anexo, pero que finalmente fue desechado y descalificado como “neoliberal”, aunque tuviera poco que ver con esa corriente. Además, tampoco incorporó las aportaciones en Parlamento Abierto realizadas en mayo y junio.

La modificación de la política migratoria mexicana ante las amenazas de la administración de Donald Trump de aplicar aranceles si no se tomaban medidas para frenar el flujo migratorio centroamericano a Estados Unidos alentado por las políticas de puertas abiertas que anunció el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Cada vez se eliminan más las reglas de operación de los programas sociales, por lo que su aplicación será más discrecional y con la creciente sospecha de que se hace con un propósito clientelar encubierto. En ese mismo sentido, la nueva Ley de Austeridad le da al Ejecutivo federal el uso discrecional de los subejercicios.

La aprobación de la Adenda del T-MEC incorporó aspectos que habían sido rechazados en las negociaciones de 2017-2018, y que implican la posibilidad de que se apliquen medidas arancelarias al verificarse el incumplimiento de lo pactado, bajo la premisa de que México al ser acusado será culpable hasta que no demuestre lo contrario.

La ausencia presidencial en los organismos y espacios internacionales, sea en la Asamblea de las Naciones Unidas, Grupo de los 20, APEC, Foro de Davos, que le quitan a México interlocución, a pesar de los esfuerzos encomiables de nuestro canciller por cubrirlos. Pero lo mismo ocurre en el plano bilateral, donde no hubo una sola gira en el año.

Están quienes ignoraron que el malestar con la globalización tenía que ver con la creciente desigualdad social que se acentuó después con la gran recesión, siendo un excelente caldo de cultivo para políticos de derecha en EU, Brasil y Reino Unido que creen que las medidas proteccionistas son la mejor respuesta, pero no lejos de una izquierda que, a principios de siglo en Sao Paolo, abucheó a Joseph Stiglitz cuando se manifestó a favor de un justo y libre comercio.

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