Joe Biden y las perspectivas para México

Pablo Álvarez Icaza Longoria

Los mercados han reaccionado favorablemente a la designación de Joseph Robinette Biden Jr. (Joe Biden) como 46° presidente de Estados Unidos de América (EU), a pesar de los desesperados esfuerzos del presidente Donald Trump por impedir la certificación de los resultados anunciados por el Colegio Electoral en diciembre pasado, al incitar a sus seguidores a que detuvieran la declaratoria en el Capitolio. Tampoco los desanimó el hecho de que ese mismo día se ratificara que los dos asientos pendientes de Georgia en el Senado serían para el Partido Demócrata, igualando los 50 de los Republicanos, pero contando con el voto de desempate de la próxima vicepresidenta, Kamala Harris.

En principio, generó tranquilidad saber que el próximo mandatario asumirá una política sanitaria mucho más inteligente que la realizada por la administración saliente. La insistencia por minimizar los efectos negativos y por no controlar a tiempo la expansión de la pandemia han generado un grave daño, que se ha intensificado con esta segunda ola. Biden ha convocado a ampliar los esfuerzos de vacunación y al uso obligatorio del cubrebocas en todo el país, aunque eso lo lleve a una ruta de conflicto con los gobernadores republicanos.

También ha animado a los inversionistas la percepción de que Biden ha mostrado disposición a ampliar los apoyos económicos a empresas y hogares para reimpulsar el dinamismo de la economía y evitar recaídas de su actividad. Con el cambio del Congreso, ha crecido la expectativa de que una mayoría demócrata pueda aprobarlos.

Se espera que Biden aliente el regreso de EU al Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP-11) -actualmente Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico- que, como se recuerda, la salida fue ordenada por Trump con el primer decreto que firmó al asumir el cargo. La administración de Barak Obama, en la que Biden fue vicepresidente, se había sumado a esta iniciativa con la intención de frenar el avance económico de China, mientras que Trump era más partidario de imponerle aranceles -como finalmente sucedió- y no de iniciativas de libre comercio, de las que desconfiaba de que su país se fuese a beneficiar, y más bien respaldó una postura nacionalista contraria a la globalización.

Si bien México se vio favorecido por la guerra comercial entre los dos gigantes y pasó a ser el principal socio comercial de EU, no está muy clara la perspectiva a mediano plazo en el marco del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), considerando la progresiva aplicación de las reglas de origen a la industria automotriz, las restricciones ambientales y laborales, que implican el riesgo de que EU y Canadá le apliquen sanciones al no cumplirse los compromisos agregados en la adenda aprobada a finales de 2019, entre otros factores.

Biden ya anunció que su país regresará a organismos multilaterales como el Acuerdo de París, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), entre otros, buscando recuperar un liderazgo que perdió.

Evidentemente, esto va a implicar desafíos para México por la política asumida por la 4T sobre energías renovables. El tema ambiental es prioritario en la agenda demócrata, en contraste con Trump, que tenía preferencia por la industria petrolera. La administración Biden no va a dudar en usar el T-MEC para presionar a su vecino del sur, y en este sentido se prevén confrontaciones.

Podría haber entendimiento entre ambos gobiernos para mejorar las condiciones laborales de los trabajadores. Las fuerzas sindicales ligadas a los demócratas lograron que se incorporaran en la adenda del T-MEC mecanismos de verificación de compromisos, acusando a México de dumping laboral, compitiendo con sueldos bajos ante la ausencia de una fuerza sindical efectiva.

El regreso de EU a la OMS implicaría que los esfuerzos de vacunación se intensifiquen en México, puesto que la cadena de suministro de la industria estadounidense depende en buena medida de que la actividad manufacturera funcione plenamente. La reactivación de la economía de EU podría darles un impulso adicional a las exportaciones mexicanas, por lo que la llegada de los demócratas alentaría nuestro motor externo de crecimiento.

No se percibe un buen ambiente entre los dos gobiernos; no sólo fue el retraso en el reconocimiento de la evidente victoria electoral de Biden desde el 7 de noviembre y el tono de los mensajes que ha hecho públicos el presidente de México advirtiendo que no permitirá una intromisión en los asuntos internos, sino por la ausencia de una condena a la irrupción violenta de los simpatizantes de Trump en el Capitolio, y en cambio solo protestó porque Twitter le canceló a éste su cuenta.

Tampoco contribuye a una buena relación la modificación a la Ley de Seguridad Nacional -impedir a los agentes de EU movilizarse dentro de México sin autorización gubernamental-, como lo advirtieron en la revista Proceso funcionarios de la Cancillería mexicana en noviembre, como respuesta a la detención del general Cienfuegos, cuando la colaboración para combatir al crimen es indispensable. Lo mismo pasa con la reforma a la Ley del Banco de México y las modificaciones sobre energías renovables realizadas desde finales de 2019 y que se acentuaron el año pasado.

En una de sus últimas apariciones públicas, el presidente Trump le agradeció a su homólogo mexicano por su cooperación en migración destacando el programa “Quédate en México”, cuando esto fue en realidad resultado de la amenaza de la aplicación de aranceles. Cruel ironía de una relación aparentemente buena y que se desenmascara con los mensajes de odio de los supremacistas blancos empoderados por su líder. 

ADENDA

La mayoría de los legisladores demócratas y algunos republicanos (GOP) encabezados por Nancy Pelosi están convencidos de que la instigación realizada por el presidente Trump para impedir la transición de gobierno debe tener consecuencias, porque dejarlo impune incrementa el riesgo de que se repita en un futuro. El inicio de un juicio político para que sea inhabilitado para ser postulado a cualquier puesto de elección popular les traslada la responsabilidad a los republicanos.
 

Catedrático de la EST-IPN.
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