¿Está sobrecalentada la economía de Estados Unidos?

Pablo Álvarez Icaza Longoria

La semana pasada se reportó la inflación en Estados Unidos. El índice de precios al consumidor en tasa anual subió de 1.7% en febrero a 2.6% en marzo, ocasionado por un alza de 0.6% en dicho mes con cifras ajustadas estacionalmente, siendo la mayor alza mensual desde agosto de 2012, informó la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS, por sus siglas en ingles).

El aumento de 9.1% de la gasolina fue la causante de cerca de la mitad de la inflación el mes pasado, se informó, destacando también un incremento del gas que contribuyó a que el índice de precios de la energía creciera 5% en marzo. En contraste, el índice de alimentos sólo subió 0.1%.

Sin embargo, la inflación subyacente (core), que excluye las categorías volátiles de energía y alimentos, subió 0.3% en marzo, por lo que en tasa anual fue de 1.6%, después de 1.3% en febrero, siendo la más elevada desde septiembre pasado (1.7%).

Si bien hay señales de alerta considerando que la inflación mensual se ha ido acelerando desde 0.2% en diciembre, los analistas se tranquilizaron porque se considera que el incremento de la gasolina y el gas son temporales, y que los aumentos en algunos servicios obedecen a que la demanda está resurgiendo luego del fuerte impacto de la pandemia de Covid-19.

Aunque los especialistas esperan que la inflación siga subiendo en los próximos meses, están de acuerdo con la explicación que ha dado la Reserva Federal (Fed) estadounidense, de que es un alza transitoria en este año, porque la creciente demanda está siendo alentada por las tasas elevadas de vacunación, las menores restricciones en los negocios, los millonarios programas de apoyo del gobierno y los amplios ahorros de los consumidores.

La expectativa de que la Fed no aumentará las tasas de interés hasta 2023, de que los apoyos económicos están reactivándola y que este año se espera un crecimiento del PIB de al menos 6.4% en 2021 y de 3.5% el próximo año, alejaron los temores de que la economía se podría estar sobrecalentando y generando presiones permanentes en la inflación. En respuesta a este panorama tan favorable, las bolsas de valores volvieron a alcanzar nuevos récords históricos.

La reapertura de la economía y la creciente confianza de las personas por el avance de las campañas de vacunación se ha reflejado en que el número de suscriptores de Netflix ha disminuido, y en contrapartida, se comienza a observar una reactivación de los vuelos de avión, de las reservaciones de hoteles y de más clientela en los restaurantes de Estados Unidos debido a una demanda reprimida por el confinamiento. Incluso, los medios han reportado que la renta de autos se ha encarecido en los aeropuertos, luego de que las grandes compañías tuvieron que vender parte de sus flotillas para solventar las deudas en 2020, por lo que se observa escasez de unidades.

La creciente reactivación de la actividad industrial y del comercio exterior ha ocasionado un importante incremento en el precio de las materias primas, que va desde metales, petróleo, gas, productos agrícolas como alimentos y cereales, hasta productos manufacturados que son insumos fundamentales, como los chips y los semiconductores, cuyas alzas repercuten en un mayor precio de computadoras, automóviles, teléfonos móviles, entre otros.

Las cadenas de suministro globales están organizadas por esquemas justo a tiempo, por lo que los productores están repensando en tener mayores niveles de inventarios, aunque ello incremente los costos, así como buscar tener proveedores alternativos. Por ejemplo, el incendio de la empresa japonesa Renesas el pasado 19 de marzo, que es uno de los mayores productores mundiales de semiconductores y chips, generó un cuello de botella importante a sus clientes en todo el mundo.

El panorama en general favorable para la economía mundial no deja de ser incierto. De acuerdo con las Perspectivas de la Economía Mundial de abril del Fondo Monetario Internacional (FMI), “la situación futura dependerá de 1) el curso que siga la pandemia, 2) las medidas de política, 3) la evolución de las condiciones financieras y los precios de las materias primas, y 4) la capacidad de la economía para adaptarse a impedimentos a la actividad relacionados con la situación sanitaria.” Es decir, el desigual desempeño de las economías nacionales podría terminar afectando a países que salieron fortalecidos de la pasada recesión.

Sobre el primer riesgo se ha observado de manera preocupante la reactivación de la pandemia en India, por lo que hace dos semanas su gobierno prohibió exportar Remdesivir, ocupando el segundo lugar mundial con más de 15 millones casos de Covid-19, y esta semana ya superó las 250 mil nuevas infecciones diarias, colapsando el sistema hospitalario. Incluso Chile, con altos niveles de vacunación, experimentó un fuerte repunte de contagios al acelerar la reapertura de actividades buscando reanimar la economía. Canadá, a pesar de haber cerrado sus fronteras, no deja de presentar mayores contagios en ciudades como Toronto, por lo que se ha regresado al esquema de educación a distancia.

En conclusión, es prematuro señalar que la economía de Estados Unidos está sobrecalentada cuando la recuperación todavía está lejos de una etapa de expansión. No se olvide que su PIB cayó 3.5% en 2020, la peor baja desde 1946 (-11.6%). Sí existen presiones inflacionarias que provienen del incremento de las materias primas y de combustibles, pero también de insumos estratégicos como semiconductores y chips, cuyo desabasto no es tan fácil de resolver a través de cambios en el proceso de manufactura y de abrir capacidad excedente a rivales.

ADENDA

1) Seguimos sin saber cuándo comenzó oficialmente la recesión en México, ojalá en el próximo boletín del Sistema de Indicadores Cíclicos ya se reporte.

2) La nueva reforma a la Ley de Hidrocarburos que elimina la regulación asimétrica y que le regresará a Pemex la preponderancia del mercado de hidrocarburos, le permitirá retomar el control y venta de gasolina al menudeo, a pesar de la advertencia de la Comisión Federal de Competencia de que todavía es necesaria dicha regulación, y augura nuevos conflictos con inversionistas privados.

3) El Senado aprobó sin votos en contra la desaparición del outsourcing para mejorar los derechos laborales, con lo que se modificaron diversas leyes. La aplicación de las mismas y de las nuevas disposiciones no será fácil.

 
Catedrático de la EST-IPN
Email: [email protected]

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