Escalamiento de la guerra comercial

Pablo Álvarez Icaza Longoria

Cuando Donald Trump, presidente de Estados Unidos (EU), anunció hace dos semanas que posponía la aplicación de nuevos aranceles a China hasta diciembre, nunca imaginó que la respuesta del gigante asiático fuese un fuerte contraataque, al aplicar una medida similar inmediata la semana pasada en contra de las de exportaciones de EU como la soya, automóviles y otros bienes con aranceles similares.

Trump se la había pasado señalando que los más perjudicados por una guerra comercial serían los chinos, porque su economía depende más de las exportaciones confiando en que ello los obligaría a negociar. Pero los estrategas asiáticos también detectaron que un desplome de la economía de EU podría afectar sus aspiraciones de relección y que podrían influir en ese resultado por el efecto de las medidas implementadas. La pista la aportó un interesante reporte la semana pasada en The Wall Street Journal (WSJ) que alertaba que no sería tan fácil remplazar la cadena de suministro chino para los fabricantes estadounidenses.

China se ha convertido en la fábrica mundial. En 2017, su participación en la producción manufacturera global ascendía a 27.1% seguida de EU (16.73%), Japón (7.53%), Alemania (5.97%), India (2.98%), Reino Unido (1.82%), Brasil (1.65%), Indonesia (1.57%) y México (1.53%). Nótese que el peso de nuestro país no es menor, pero ya nos rebasó Indonesia.

Como ya comentamos antes, con la aplicación de aranceles las importaciones de EU procedentes de China cayeron 12.4% durante el primer semestre del año, lo que se reflejó en alzas de Vietnam, Taiwán, India y México. Dos cuestiones destacan: 1) muchas exportaciones procedentes de Vietnam son chinas disfrazadas y 2) este país no tiene la capacidad instalada para poder surtir los volúmenes que demandan los fabricantes estadounidenses, lo que implica que van a tener que seguir importando desde China elevando los costos de producción ocasionados por los mayores impuestos a las importaciones, que se trasladan a mayores precios a los consumidores.

Aunque el presidente Trump trató de tranquilizar a los mercados declarando que había buena disposición de China a negociar, en el reciente encuentro con funcionarios de ese país en el marco de la reunión del G7, la realidad es que la aversión al riesgo no cedió y por eso el tipo de cambio interbancario rebasó este martes el nivel de 20 pesos, que no alcanzaba desde diciembre pasado, a pesar de la buena noticia de la renegociación del gobierno mexicano con las gaseras.

Si bien la guerra comercial entre EU y China pudiera beneficiar a México en el corto plazo, al darle un impulso a las exportaciones del país aprovechando el encarecimiento de los bienes chinos provocado por los aranceles, a pesar de la depreciación del yuan, y que esto genere un contexto favorable para la aprobación del T-MEC en EU, una vez que se han liberado los obstáculos que existían como las posibles demandas de las gaseras (Urzúa dixit); la amenaza de una recesión global ha generado una aversión al riesgo que ha provocado efectos colaterales como el desplome de los mercados bursátiles que anticipan una caída de la actividad económica global, así como la depreciación de las monedas por el consabido “flight to quality”.

El Servicio de Investigación del Congreso (CRS, por sus siglas en inglés) ha estado monitoreando y analizando desde hace tres años la política comercial de EU. En la actualización más reciente de la escalada de aranceles y los efectos en el comercio realizada el 16 de agosto, ya contabilizaban efectos por 93 mil 232 millones de dólares (IN10971), que cubre 10% de las importaciones totales, pero que de seguir dicha tendencia podría alcanzar 40% con impactos devastadores para EU.

El CRS ha señalado el efecto negativo que tendría las repercusiones de una política comercial tan proteccionista, al señalar que las posibles represalias de sus socios comerciales provocarían efectos en un menor crecimiento y una mayor inflación en EU. A su vez, implicaría la violación de tratados internacionales de los que EU es parte y pondría en riesgo el marco de negociación global multilateral, como lo es la Organización Mundial del Comercio (OMC).

El CRS también ha advertido que la forma tradicional de ver el comercio exterior en bruto, sin analizar a fondo el crecimiento de las cadenas globales de producción, el comercio intrafirma y el de bienes intermedios, que es en gran parte el que se realiza con México, puede dificultar entender e interpretar las implicaciones de las tendencias de los datos para la economía de EU.

El problema es que Trump tiene una visión mercantilista del comercio exterior y nunca va a aceptar los planteamientos de las ventajas comparativas de la teoría economía internacional. Resulta imposible que se le pueda explicar al presidente por qué el libre comercio puede ser mutuamente conveniente para EU y su vecino del sur, y por ello lo único que tiene en la mente es que en 2018 el déficit con China fue de 380.8 mil millones de dólares, con México de 78.6 mil millones y con Alemania de 67.4 mil millones.

Pero no solo Trump tiene ese enfoque, en México persisten muchos economistas de izquierda que comparten esa visión y que ven con Trump una oportunidad dorada para acabar con la globalización y para darle un nuevo impulso a la época de la sustitución de importaciones.
 

*Catedrático de la EST-IPN
Email: [email protected]
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